Agenda anticapitalista

Raíces y perspectivas de la lucha actual en México

04/01/2015

Lucia Pradella

mexico
Entrevista a Abelardo Mariña Flores, activista político, profesor de Economía Política y, actualmente, Jefe del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Entrevista por Lucia Pradella.

LP: ¿Cuáles son las causas de los asesinatos y desapariciones forzadas de los estudiantes de Ayotzinapa en Iguala?

AMF: Las raíces de largo plazo de la violencia en México pueden encontrarse en el Estado autoritario que se consolidó en México después del gobierno de Cárdenas. Aun durante el auge de la posguerra y del llamado milagro mexicano, la represión de los movimientos sociales, laborales, progresistas y de izquierda fue permanente y sistemática. Algunos ejemplos de ellos son los movimientos de mineros, ferrocarrileros y electricistas, maestros y médicos del sector público y estudiantes. Las investigaciones sobre las masacres de estudiante en 1968 y 1971 y la guerra sucia de los setenta y ochenta en contra de las guerrillas rurales y urbanas no han resultado en el enjuiciamiento de ninguno de los culpable. Los fraudes electorales en contra de coaliciones de izquierda en 1988, 2006 y 2012 confirman la naturaleza autoritaria del Estado mexicano. Las raíces de mediano plazo pueden rastrearse en los procesos de restructuración neoliberal llevados a cabo en México que han implicado no solo una persistente guerra en contra la población por conducto del estancamiento económico, la expropiación de la riqueza pública, social y privada, un generalizado desempleo y precarización laboral, sino también la consolidación de las actividades criminales como parte de la operación cotidiana del Estado. La causa de corto plazo es la llamada guerra contra las drogas llevada a cabo en los últimos 10 años como un elemento de las estrategias de contrainsurgencia, y que ha resultado en las militarización del país y en la generalización de la violencia: alrededor de 150,000 asesinatos y 25,000 desaparecidos, incluyendo miles de activistas sociales y políticos.

LP: ¿Cuál es la base social de estas actividades criminales?

AMF
: En el país muchos trabajadores desempleados y subempleados son atraídos a la economía criminal porque no tienen ninguna otra perspectiva. El negocio de las drogas floreció precisamente después de la imposición de las reformas neoliberales. Debe entenderse claramente que es una verdadera industria. La industria de las drogas y otras industrias asociadas, como el tráfico de personas, son parte de un negocio globalizado, cuyo centro puede encontrarse principalmente en los países desarrollados, comenzando con los Estados Unidos (EU). Los EU son el mayor mercado para las drogas ilegales y también el lugar desde el que la industria se organiza mundialmente. Esta industria no puede operar sin el lavado de dinero, que es llevado a cabo por los grandes bancos. En México esta industria se desarrolló desde la segunda mitad de los ochentas en competencia con Colombia. Floreció en México porque proporciona empleo en el nivel local en la producción agrícola, pero también en el nivel nacional en el comercio y distribución de drogas, así como en el lavado de dinero. En un país donde no hay muchas otras oportunidades de empleo éste ha sido un floreciente sector.

LP: Y además está la guerra contra las drogas…

AMF: La guerra contra las drogas es parte de una estrategia contrainsurgente dirigida por los Estados Unidos (EU), no solo en México sino mundialmente. Es una excusa para la intervención militar. En México al final de los noventa el gobierno lanzó el Plan Puebla Panamá con el apoyo de los EU. En perspectiva, ésta fue una de los bases del inicio de guerra contra las drogas. En términos de seguridad, se tiene un constante incremento de la militarización de esta guerra. Los EU siempre juegan en ambos lados: proporcionan apoyo militar a las fuerzas policíacas y militares que están luchando, supuestamente, contra el narcotráfico, pero también provee armas a las bandas criminales. Esto ha sucedido también en países como Colombia. Para los EU es importante mantener la violencia en todo el país porque éste es el perfecto contexto para reprimir cualquier tipo de actividad política militante.

LP: En recientes años, vastas partes del territorio mexicano han sido cedidas a multinacionales occidentales, con profundas impactos sobre las comunidades rurales. ¿Está relacionada la estrategia contrainsurgente con este proceso de expropiación y resistencia en el campo?

AMF: Sí, por supuesto. Desde el gobierno de Salinas ha habido un conjunto de contrarreformas agrarias dirigidas a la privatización de la tierra, atacando a los ejidos y formas comunales de propiedad. Las multinacionales han estado expropiando tierra desde los noventa, y ésta es una de las raíces del descontento social y político en el campo. Las reformas energética y minera de 2013 están reforzando la expropiación de tierras porque conllevan la privatización de la tierra.

LP: Más específicamente acerca de las normales…

AMF: Las normales fueron fundadas desde 1921, pero recibieron un gran apoyo en los treinta durante el gobierno de Cárdenas. En el contexto de confrontación con el fascismo, Cárdenas desarrolló una política de frente popular. El partido comunista fue legalizado en esos años y operaba abiertamente. Cárdenas incluso desarrolló la llamada educación socialista para confrontar a las fuerzas conservadoras. Ésta fue especialmente importante en el campo para contrarrestar el poder conservador de la iglesia. La educación en general y, en particular, la educación socialista fueron medios para enfrentar las ideologías de derecha y las normales conservan ese objetivo. Se han enfocado, todavía en la actualidad, en los sectores más pobres de la población rural y proveen a sus estudiantes una sólida formación política socialista.

LP: Y por lo tanto también han sido objeto de ataques específicos y represión…

AMF: Sí, en los años del neoliberalismo ha habido un ataque general en contra de la educación pública. Específicamente, el Estado ha intentado desaparecer a las normales. Casi la mitad de ellas han sido cerradas en el país y las que permanecen han estado luchando por su supervivencia. Siempre están movilizándose por su contenido y formación política, vinculados con las luchas populares y los movimientos sociales rurales. Pero también se movilizan permanentemente para obtener apoyo financiero del gobierno para prevenir su desaparición.

LP: ¿Entonces entiendes los eventos del 26 y 27 de septiembre en el marco de este proceso más amplio de criminalización y represión de los movimientos sociales?

AMF: Sí. El otro factor ha sido la simbiosis que se ha desarrollado en los últimos 15 años entre el poder político y el narcotráfico. Esta articulación se ha desplegado en todos niveles en todo el país. En el campo tal vez sea más visible porque los grupos criminales locales venden protección, de tipo mafioso, no solo a las personas en general sino también a funcionarios de los gobiernos locales. Al principio se desarrolló una especie de infiltración, pero hay un momento en que se establecen acuerdos bilaterales que se han propagado en todo el país. Crecientemente, las elecciones locales son decididas por las bandas de narcotraficantes, cuyos candidatos ganan las elecciones; las bandas otorgan protección y eliminan adversarios políticos. A cambio, reciben apoyo de las fuerzas policíacas en sus luchas competitivas en contra de otras bandas. Éste es un fenómeno generalizado. Ha ocurrido notoriamente en el Norte: en Chihuahua, Durango, Sinaloa, y Tamaulipas; en el Centro: en Veracruz y Jalisco; en el Sur: en Oaxaca y Guerrero, aunque no con la misma virulencia en todos los estados de México. Más recientemente hemos presenciado el casi completo colapso de gobiernos estatales, por esta generalizada articulación de los gobiernos locales con el narcotráfico, en Michoacán y ahora en Guerrero. Esta simbiosis también existe en los nivel macro y federal. Como ya dije antes, la industria de las drogas no puede existir sin el lavado de dinero. Y las cantidades de dinero circulando no pueden ser explicadas sin el involucramiento de grandes corporaciones y bancos, no solo en México sino también en los EU.

LP: ¿Qué piensas acerca de testimonios que involucran al ejército en los asesinatos y desapariciones de Iguala?

AMF: En este tipo de acuerdos el ejército esta también implicado en la corrupción y en la industria de las drogas. Fuerzas militares locales y regionales también venden protección a bandas específicas por lo que están implicadas localmente en la economía criminal.

LP: Entonces, ¿piensas que es posible que hayan intervenido concretamente en el asesinato y desaparición de los estudiantes?

AMF: Ésta es una pregunta crucial. Ésta es una de los cosas que queremos saber. Hay evidencia clara de que, al menos, el ejército sabía lo que estaba sucediendo con los estudiantes de Ayotzinapa. Los asesinatos y desapariciones forzadas se llevaron a cabo a unos cuantos cientos de metros de la base militar local. Existe información de que los militares sabían con anticipación los movimientos de los estudiantes y de que estaban presentes cuando se llevó a cabo la primera balacera. En vez de intentar prevenir lo que estaba sucediendo hostigaron a los estudiantes e impidieron que los heridos recibieran asistencia médica. Por lo tanto, ciertamente que estuvieron implicados. No sabemos si participaron en la desaparición de los estudiantes. Eso es lo queremos saber.

LP: ¿Quién se está movilizando ahora en contra el Estado?

AMF: Las movilizaciones comenzaron casi inmediatamente entre los estudiantes. Los ataques criminales en Iguala sucedieron en el contexto de una serie de huelgas en el Instituto Politécnico Nacional, una de las escuelas de educación superior más grandes de México. Estas huelgas se generalizaron al final de septiembre hasta llegar a una huelga general que continuó hasta diciembre. Además, los estudiantes de Ayotzinapa estaban recolectando dinero para viajar a la Ciudad de México a conmemorar la masacre de estudiantes del 2 de octubre de 1968. Entonces, había movilización estudiantil llevándose a cabo: en apoyo a las huelgas en el Politécnico y para preparar la conmemoración anual del 2 de octubre. Cuando comenzó a filtrarse la información sobre Ayotzinapa, los estudiantes fueron los primero en movilizarse: inmediatamente se organizaron manifestaciones que demandaban la aparición de los 43 estudiantes. Desde entonces, el movimiento estudiantil ha liderado las movilizaciones. Los estudiantes han estado manifestándose y organizándose en todo el país. Han construido una coordinación entre universidades, la asamblea interuniversitaria, con representantes de alrededor de 80-90 escuelas de todo el país. Han sido el sector crucial en la organización de todas las protestas. Pero crecientemente ha habido participación de nuevos segmentos. En Guerrero, Chiapas, Oaxaca y otros Estados los maestros democráticos del sector público están bien organizados. En 2013 hubo una movilización general de maestros en contra de la reforma de la educación pública del nivel básico, incluyendo un plantón de cuatro meses en el Zócalo de la Ciudad de México. Estos maestros organizados se han incorporado al movimiento. Otro sector que también ha comenzado a incorporarse es el de las organizaciones campesinas. Pero todas estas organizaciones se encuentran debilitadas después de 30 años de neoliberalismo. Una Asamblea Popular Nacional se ha conformado, con reuniones en Ayotzinapa, en la que estos grupos han comenzado a coordinar un plan de acción más amplio.

LP: ¿Y los sindicatos y trabajadores organizados?

AMF: La organización de los trabajadores en México es muy débil. En todos estos años de neoliberalismo han sido el sector que más ha sido atacado porque la restructuración neoliberal ha implicado el cierre de industrias completas. La mayor parte de las industrias que se desarrollaron durante el proceso de substitución de importaciones desaparecieron; miles de trabajadores han sido despedidos y los derechos sindicales han sido ampliamente eliminados. Esto fue reforzado con la privatización de las empresas públicas. Asimismo, desde los cincuenta la mayoría de los sindicatos fueron incorporados dentro de un sistema corporativo, a través del partido oficial, subordinado al gobierno. Como cualquier tipo de activismo democrático dentro de los sindicatos oficiales o fuera de ellos fue reprimido, existen muy pocos sindicatos independientes, la mayoría de ellos muy pequeños. La excepción son algunos sindicatos universitarios que son grandes pero no muy militantes.

LP: Pero algunos sindicatos participaron en la marcha del 20 de noviembre…

AMF: Sí, principalmente sindicatos universitarios, algunos segmentos democráticos y activistas de sindicatos del sector público y los miembros remanentes del sindicato de la compañía pública de electricidad que operaba en el centro del país y que fue cerrada hace cuatro años. Sí hay participación, pero el movimiento es débil. Muchos de los sindicatos que han participado en las manifestaciones son parte del que llamamos un sindicalismo neo-corporativo; no están directamente vinculados y subordinados al gobierno, pero están subordinados a los empleadores. El mejor ejemplo es el sindicato de la compañía telefónica (TELMEX). Cuando la compañía telefónica fue privatizada, el sindicato hizo un buen trato con los nuevos dueños impidiendo los despidos. Después, la compañía has crecido principalmente a través de la subcontratación, que el sindicato acepta. Por tanto, el sindicato ha sido eficiente en términos de la defensa de los salarios, prestaciones y empleo de sus trabajadores afiliados, pero se ha transformado en un sindicato neo-corporativo vinculado a las estrategias de los dueños de la empresa. Así, en muchos manifestaciones el sindicato protesta contra las políticas económicas nacionales pero al mismo tiempo apoya a la compañía y a la familia de Carlos Slim. Éste es un claro ejemplo de este tipo de sindicalismo neo-corporativista.

LP: Vamos ahora a dos preguntas estrechamente interrelacionadas. ¿Cuál es el balance del movimiento, en tu opinión? ¿Y piensas que estamos siendo testigos de una crisis del Estado mexicano?

AMF: Considero que el balance del movimiento es bueno. Hemos estado protestando por más de dos meses y las protestas se están extendiendo. Se observan nuevos sectores incorporándose al movimiento: como señalé antes, maestros, campesinos, algunos trabajadores urbanos y también segmentos de la llamada clase media. La población está crecientemente informada acerca de lo que ha estado sucediendo en el país. Pienso que esto es un gran éxito. Éxitos menores han sido la detención de algunas de las personas implicadas (alrededor de 60) en los crímenes de Ayotzinapa, aunque no son los únicos culpables, así como el retiro del gobernador de Guerrero (quién recibió, sin embargo, una vía de salida). Pero pienso que el avance más importante del movimiento es que ha logrado profundizar el deterioro de la legitimidad, no solo del Estado y el gobierno federal, sino del sistema político en su conjunto.

Esto está muy relacionado con la segunda pregunta. Sí, pienso que el Estado mexicano está en una crisis, en una crisis de legitimidad. La principal contradicción es que las distintas instituciones gubernamentales y políticas no pueden decir la verdad, toda la verdad, porque si se llevara a cabo una investigación real muchas personas serían incriminadas. Funcionarios locales, estatales y federales, los poderes ejecutivo, judicial y legislativo, así como el ejército y dirigentes de los principales partidos políticos (PRI, PAN y PRD) están implicados por acción u omisión en lo que sucedió con los estudiantes de Ayotzinapa, no solo en los eventos inmediatos sino también en sus antecedentes. Las actividades criminales del alcalde de Iguala (narcotráfico y asesinato) eran conocidas por distintas autoridades locales, estatales y federales y por dirigentes de los principales partidos políticos; y nadie hizo nada al respecto. Este es un gran problema para el Estado en su conjunto: demandamos saber toda la verdad, que se investigue a todos los responsables y que todos los culpables sean castigados. Pero si esto fuera llevado a cabo, el sistema perdería abiertamente toda su credibilidad. Esto muestra una crisis del Estado debido al hecho de que ninguna investigación realmente profunda es posible. Esta es una situación difícil. La otra solución es la represión abierta. Aquí, un asunto muy importante es la visibilidad internacional de los crímenes de Ayotzinapa y de las manifestaciones en México. Esta visibilidad internacional ha sido el factor principal que ha impedido que el gobierno federal haya desatado una represión generalizado con asesinatos y arrestos masivos.

LP: Entonces, en tu opinión, ésta es ciertamente una crisis del Estado

AMF: Sí, yo pienso que ésta es una crisis del Estado mexicano. Pero quiero dejar claro que esta crisis no necesariamente significa que el Estado sea débil. Entiendo esta crisis como una crisis en el balance entre violencia y consenso. El balance existente, deteriorado en los últimos años, no está operando en la actualidad. La situación necesariamente va a cambiar. Si continuamos la lucha, pienso que puede cambiar este balance en la dirección de una mayor democratización, un ataque a la impunidad, el avance en el logro de justicia y en contra de la violencia estatal. Va a ser una larga lucha que puede resultar en un movimiento progresista general. Pero el riesgo de un cambio del balance en la dirección de una represión abierta está también presente.

LP: ¿Cuáles son los retos para el movimiento? ¿las cuestiones estratégicas que necesita enfrentar?

AMF: Pienso que el principal asunto es organizativo, no solo de organización formal sino también de la organización intelectual y de la conciencia. En México, como en todo el mundo, el poder de los medios de comunicación es muy fuerte. Pero en un país pobre –en el que las personas reciben información principalmente de la TV y radio privados, en que muchas personas no tienen acceso al Internet– la población, en general, no está muy bien informada acerca de lo que está sucediendo. Tenemos que involucrar a más personas difundiendo información en el nivel local, en el campo, en los barrios; necesitamos discutir la coyuntura de México en perspectiva histórica y sumando a la gente a la lucha. Todos hemos sido afectados por la violencia estatal en México. Pero cuando no se está bien organizado ni bien informado, el miedo se impone, y el miedo sufrido individualmente paraliza a las personas. Por lo tanto, pienso que un asunto muy importante es organizar el descontento intelectualmente, a través de la información y discusión, junto con la organización formal.

LP: ¿Qué entiendes por organización formal? ¿Crees que existe una fuerte presencia de horizontalidad dentro del movimiento (pienso en particular en la herencia del movimiento Zapatista) y observas nuevas formas de organización emergiendo?

AMF: En primer lugar, en México, aunque atacadas por el neoliberalismo, las formas comunales tradicionales de solidaridad son todavía muy fuertes. Especialmente en el campo, pero también en las ciudades tenemos una larga tradición comunitaria que todavía sobrevive. Cuando los trabajadores pierden su empleo saben que encontrarán apoyo en su familia ampliada; esto sucede de manera generalizada. Políticamente, en sus inicios el movimiento Zapatista implicó un cambio real, no solo en México sino en todo el mundo, por su reivindicación de formas horizontales de organización. Esta reivindicación ha sido muy importante como inspiración política para muchos movimientos organizados en México. La huelga en la UNAM hace quince años, lo mismo que el movimiento 132 de hace dos años siempre reivindicaron, no siempre muy exitosamente, la horizontalidad como uno de sus principales aspectos. Entonces sí, estamos observando actualmente el desarrollo de formas horizontales de organización, entre estudiantes evidentemente, pero también los académicos están comenzando a hacerlo. La idea de la horizontalidad para confrontar un Estado autoritario está muy generalizada. Pienso que debemos enfocarnos en el desarrollo de estas formas de organización en todos los sectores, incluso en el movimiento laboral, que es muy débil, en las clases medias, etc. Una referencia que es importante es la experiencia de España, del movimiento M15, que fue muy fuerte en el nivel local con esta idea de horizontalidad. Debemos explorar y analizar todas estas formas. Otra importante asunto es la crisis de los partidos políticos. Las más recientes reformas neoliberales aprobadas en los dos últimos años fueron apoyadas por los tres principal partidos (PRI, PAN, PRD) a través del llamado Pacto por México. Morena, el nuevo partido de izquierda que apenas consiguió su registro legal en julio de 2014 y, por lo tanto, no ha participado aun en ninguna elección, ha jugado un importante papel con su oposición frontal al gobierno federal y su crítica radical a los otros partidos. Organizado en un año, tiene más de 600,000 afiliados en todo el país. Si es capaz de asumir formas horizontales de organización y acción, Morena puede constituirse como una plataforma electoral alternativa para los movimientos sociales. De hecho, muchas personas que están manifestándose actualmente son miembros de Morena. Pienso que una prioridad principal ahora debe ser el desarrollo de formas horizontales de organización, no de la sociedad civil en abstracto, sino de sectores (económicos) concretos, segmentos de la población (trabajadores, estudiantes, mujeres) y regiones. Todos estos deberían articular sus demandas específicas hacia la transformación social y política general de México.

LP: Una última pregunta acerca de los retos del movimiento y su relación con los partidos políticos. Una de las principales posiciones que han emergido de este movimiento es que el Estado es responsable de los crímenes de Ayotzinapa y otros más. La demanda implícita es, por lo tanto, no solo por el cambio de gobierno, sino por un cambio más radical. ¿Qué piensas de esto?

AMF: La gran tarea es iniciar la construcción de un programa alternativo que debe pasar por el cambio de gobierno pero que debe contemplar la necesidad de delinear un conjunto de normas legales y constitucionales orientadas a construir un tipo diferente de Estado. La tarea es muy difícil porque la crítica del Estado es todavía muy intuitiva y por la falta de organizaciones fuertes. La posibilidad de que esta crítica evolucione hacia propuestas políticas no es fácil. La horizontalidad tiene sus ventajas pero para poder confrontar al Estado existente esta horizontalidad también debería desarrollar formas de articulación desde el nivel local hasta el nacional y, evidentemente, vinculaciones con los movimientos internacionales no sólo en términos de solidaridad sino también de acciones conjuntas. Entonces, como dije antes, la lucha va a ser difícil y larga, pero pienso que todas estas cuestiones deben ser abordadas lo más pronto posible. De hecho, están siendo abordadas pero la lucha debe enfocarse en una perspectiva radical más amplia.

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