Agenda anticapitalista

¿Qué ha votado el pueblo griego (si es que ha votado)?

22/09/2015

Manel Barriere

prueba 1
La pregunta del millón este lunes 21 de septiembre. Del millón de respuestas que se suceden en los medios de todo tipo. Hay quien dice que el pueblo griego ha votado a Syriza, hay quien dice que ha votado a las fuerzas anti austeridad, hay quien a los partidos pro memorándum, y hay quien afirma que ha ganado la abstención. No falta quien subraya que el fascismo se consolida en Grecia, aunque muy poco haya crecido Amanecer Dorado, sigue siendo la tercera fuerza. Otra cuestión relevante es el estrepitoso fracaso de Unidad Popular y su apuesta por la ruptura con el Euro. Y yo digo, en una vuelta de “tuerka” un tanto osada, que tal vez todos estos análisis aciertan, pero se quedan a las puertas de una reflexión más profunda sobre la situación que estamos viviendo en este momento en Europa y en el Estado español concretamente.

Y digo esto porque hoy publica la web de El País una encuesta de Metroscopia con fecha 11 de septiembre que le otorga a Podemos un mísero 18%, y que sitúa a Pablo Iglesias como el segundo líder peor valorado, solo superado por Rajoy. Sé que no hay que hacer excesivo caso a las encuestas, que son a menudo tendenciosas y fácilmente manipulables, pero nadie puede negar que en este caso reflejen relativamente bien ciertos aires que se vienen respirando los últimos días. Aires de cambio, pero no el cambio que muchos esperábamos cuando surgió Podemos, hace ya tanto tiempo, sino un giro dramático en las expectativas creadas alrededor de este y otros proyectos.

Resulta curioso que en uno de los recientes debates sobre Grecia en el programa Fort Apache, presentado por Iglesias, los tertulianos que defendían a Tsipras coincidían en que, visto en perspectiva, el referéndum que convocó antes de claudicar ante la Troika fue un error. Puede parecer que estuvieran hablando de una cuestión táctica, pero pienso que la cosa iba más allá. Lo que se ha escenificado en Grecia es un proceso a través del cual un movimiento popular de base y combativo en pie de guerra auspicia el auge de una organización política, Syriza, que gana las elecciones con un programa basado en las demandas de ese movimiento. Una vez en el poder, con el movimiento apaciguado, Syriza convierte esas demandas en papel mojado. NO SE PUEDE, ese es el mensaje de Tsipras.

¿Por qué hay quien dice que el referéndum fue un error? No lo tengo muy claro. Tal vez porque enfureció al Eurogrupo, o porque puso en evidencia la debilidad del gobierno griego al no ser capaz de cumplir el mandato del pueblo. Para mí lo que subyace en esa impugnación es la idea de que, quienes se han aupado al poder en nombre de la nueva política, reivindicando cuestiones clave como soberanía, democracia, y el fin de la austeridad, se deben convertir ahora en gestores de lo posible, un terreno en el que la gente y sus demandas se quedan al margen.

Eso es lo que ha ganado o puede ganar en Grecia. Un nuevo bipartidismo, nuevo porque el contexto es más fragmentado e inestable, en el que el partido A defiende una cosa y el partido B defiende otra cosa pero aplica lo que defiende su adversario. No son lo mismo, claro, pero hacen casi lo mismo. No tienen fuerzas, claro, hay que acumular fuerzas. Porque Syriza sí ha plantado cara, sí está de verdad contra la austeridad. Añadimos pues un elemento a la ecuación: el partido A defiende una cosa y el partido B defiende otra cosa pero aplica lo que defiende su adversario, aunque lucha para no tener que hacerlo mientras lo hace. Una gran diferencia con el viejo bipartidismo. ¿O no?

En ese mismo debate en Fort Apache, Pablo Iglesias afirmaba, refiriéndose a Europa, que la cuestión era ahora convencer a la familia socialdemócrata para que aplicara políticas neo keynesianas. ¿Qué tiene eso que ver con las demandas del 15M, de la PAH, de los 2 millones que salieron a la calle en Madrid convocados por las Marchas de la Dignidad poco antes de las elecciones europeas? ¿Qué tiene que ver con el SÍ SE PUEDE coreado en actos y plazas? En lugar de impugnar referéndums, con los cuales el pueblo expresa su voluntad y da muestras de dignidad y entereza, empecemos a replantear las premisas que dieron lugar a la situación actual, nada halagüeña. La ventana de oportunidad que se suponía nos permitiría construir mayorías sociales para ganar el poder, o no ha existido o se ha cerrado ya. Tampoco es cierto, como ha demostrado el caso griego, que la única forma de cambiar las cosas es ganar las elecciones.

La oportunidad que se abre ahora es la de darle la vuelta a las cosas. Si de un tiempo a esta parte nos parecía que los movimientos y la movilización habían tocado techo, que no tenían fuerza suficiente y se imponía la necesidad de construir proyectos políticos de corte electoral, ahora se hace evidente que la fuerza de estos proyectos reside en los movimientos mismos y no en la cantidad de poder institucional acumulado, sea mucho o poco. La unidad popular no es unidad de siglas, pero tampoco es una lista electoral, por muy abierta, asamblearia y democráticamente que haya sido configurada. La posibilidad de un cambio no viene ni vendrá de líderes mediáticos, juezas simpáticas o académicos osados, vendrá empujada por un movimiento popular de base y combativo en pie de guerra, o simplemente no vendrá.

Formulario de suscripción

Rellena este formulario si quieres suscribirte a alguna de nuestras publicaciones.

Periódico En Lucha y revista La Hiedra - 25€ / año
Periódico En Lucha - 15€ / año
Revista La Hiedra - 12€ / año

×