Agenda anticapitalista

¿Por qué quiero darle una oportunidad a Podemos?

02/02/2014

José Ignacio García Sánchez

Teresa Rodríguez, también es una de las caras visibles de Podemos y responsable de participación / Fernando Sánchez

Teresa Rodríguez, responsable de participación, también es una de las caras visibles de Podemos / Fernando Sánchez

Llevo haciendo activismo político desde aproximadamente 2006. En el movimiento estudiantil contra Bolonia, en el MAE, en la asamblea de estudiantes de Jerez, en la organización En lucha y en el SAT. Y en este tiempo he aprendido muchas cosas, a base de equivocarme mucho y sobre todo gracias a la socialización del conocimiento, a poner en práctica eso de que la inteligencia colectiva supera a la individual. Vamos, aprendiendo de los demás y de mis errores.

Cada vez me he ido convenciendo más de la necesidad de una organización política revolucionaria, así como del imprescindible papel de los movimientos sociales. De que nos hace falta usar las instituciones como altavoces, para abrir grietas, pero que el cambio estará en las calles. Que el capitalismo no es reformable pero que las reformas nos son útiles, y muchas veces son vitales y urgentes. De que el potencial de cambio lo tiene la clase trabajadora, pero que ésta no tiene las mismas características que hace 150 años, sino que cambia y se transforma constantemente. De que los activistas revolucionarios son imprescindibles, pero que solos nosotros no hacemos otra cosa que calmar nuestras consciencias e irnos contentos a casa.

Sobretodo he aprendido que la política es compleja y que requiere mirar mucho lo que pasa en la calle, leer, desprenderse de dogmatismos y fraseología hecha y mojarse, pringarse hasta arriba aunque suponga equivocarnos. Y ahora, en estos momentos, creo que la candidatura Podemos es una oportunidad. Ni más, ni menos que eso. Y no debemos desperdiciarla.

Podemos no es una organización revolucionaria, ni lo pretende ser. Es reformista, pide reformas en el sistema, no cambiarlo (otra cosa es que yo crea firmemente que esas reformas solo son posibles con otro sistema). Pero es, en esencia, reformista, sí. Lo que sucede es que creo que ha conseguido un impacto, un eco en la mayoría de la gente (o de la clase trabajadora, si lo prefieres) que supera mucho la capacidad de influencia que tenemos la izquierda (la de verdad), y eso tenemos que aprovecharlo. ¿Para qué? Para lanzar nuestras ideas rupturistas, que apuestan por una transformación desde abajo del sistema.

La mayoría de la gente no es revolucionaria, por aquello de la hegemonía de un tal Gramsci, sino que tiene las ideas del sistema. Y en los momentos de crisis, se abren grietas en los que la gente pide reformas cada vez más radicales. En ese momento, la izquierda tenemos que llegar a la mayoría, al 99%, y para ello podemos usar espacios amplios, reformistas, que nos permitan ir ganando cada vez más influencia y lanzando a la gente nuestras ideas.

Un medio no un fin

¿Acaso no hemos ido todos a las manifestaciones por la educación, por la sanidad o las huelgas generales? ¿Eran esas movilizaciones “contra el capitalismo” o pedía reformas? Pues claro. Para nosotros las reformas deben ser un medio, no un fin. En los momentos que corren mojarse, pringarse en esto no es una cuestión teórica, es una cuestión de urgencia. Desahucian a nuestra gente, nos obligan a emigrar, no encontramos trabajo, nos explotan cada día más, perdemos derechos. Hacer que el miedo cambie de bando no debemos demorarlo mucho, y eso no lo conseguiremos jamás si los pequeños grupos de activistas, muy convencidos nosotros de lo malo que es el régimen, no conseguimos que nuestros mensajes salgan del gueto de la izquierda radical. Influir en la gente, conseguir ser un movimiento de masas, ser mayoría o movilizar a la clase trabajadora no lo vamos a conseguir si no estamos con la gente, con ellos y no frente a ellos.

Sigo pensando que son indispensables las organizaciones políticas revolucionarias, pero este proyecto es una candidatura amplia, abierta a los movimientos sociales en la que podemos intervenir e ir ganando a gente que de otra forma no se acercaría nunca a nosotros a posiciones realmente rupturistas.

¿Podemos es perfecto? Pues no. Tampoco lo es el SAT, creedme, pero milito y lo construyo porque sigo creyendo que es útil. Las organizaciones, movimientos o cualquier forma de organizarnos, no son un fin, son un medio. Podemos ha puesto sobre el tablero, en un programa, una oposición a todos los recortes vengan de donde vengan y la cuestión de la deuda. Eso le hace colocarse a la izquierda de IU, a la vez que se presenta como un sitio que ilusiona y que la gente estaba esperando. ¿La prueba? 50.000 firmas en 48 horas, y muchas decenas de grupos de base en todo el Estado español. Y eso es autoorganización de la gente. Gente militante de organizaciones, de movimientos sociales y gente que nunca había participado en nada. Esto es lo más interesante, gente haciendo política por primera vez, organizándose y con una perspectiva rupturista. ¿Le vamos a dejar ese espacio a los reformistas, que también los hay? ¿Vamos a perder esa oportunidad? Podemos será lo que nosotros consigamos construir.

Pablo Iglesias y el electorialismo

Otro de las grandes preguntas: No, no me gusta mucho Pablo Iglesias. De hecho difiero en muchísimas cosas con él, y me gustaría que el espacio estuviera mucho menos personalizado en él. Pero, por un lado hay que entender que los lideres son útiles si son controlados democráticamente y, por otro, a los medios de comunicación les encanta. Será un debate interno que tendremos que ganar. Por cierto, nos pasa lo mismo en el SAT, desgraciadamente.

Muchos dicen de Podemos que es excesivamente electoralista. Y estoy muy de acuerdo. Ahora bien, esto es una candidatura, que pretende abrir una grieta en el sistema y dar voz a lo que pasa en la calle, a las mareas, a los que paran desahucios, a los que construyen alternativas, a los que sufrimos la crisis. Las instituciones deben servirnos para ello, y para conseguir reformas que son urgentes, pero siempre teniendo muy claro que la transformación dependerá de la movilización que generemos en la calle. Esto nos lo enseñan día a día las gentes de la CUP. Es un proceso muy diferente, y del que tenemos mucho que aprender. ¿Que puede que haya gente en Posdemos que no piense como yo sobre esto? Estoy seguro. Pero será otro debate que tendremos que ganar.

Y es que esto es un proceso en construcción. Será lo que consigamos que sea, y quizás dentro de dos meses los derroteros sean otros y me baje del barco. No se me caerán los anillos, se trata de arriesgarse, pringarse por construir un mundo mejor. Las revoluciones, los cambios sociales, no se importan. ¿Tiene algo que ver la Catalunya del 36, con la Rusia del 17 o Chaves y Venezuela o la “revolución ciudadana de Ecuador? Tampoco nos vale el mismo lenguaje, ni la misma estética. Muchas veces confundimos el medio con los fines. Tendremos que encontrar nuestro modelo, que conecte con la gente, que haga que una mayoría se organice y que rompa con el régimen del 78. Es nuestra tarea.

Podemos ha conseguido que mucha gente de mi entorno, la gente “normal” que no está en ambientes activistas y no participa activamente en política, pero que se siente de izquierdas y de la misma forma cada vez más huérfanos políticamente, me pregunte, se interese e incluso quieran participar. No podemos mirar a otro lado, seguir con nuestros patrones y nuestras estructuras ya manidas y no dar respuestas a ello. Hay que analizar, desde la perspectiva de la lucha de clases, si queréis llamarlo así, si este espacio que se nos abre es útil para los de abajo. Yo creo que si los construimos desde abajo y a la izquierda sí, y voy a intentarlo.

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