Agenda anticapitalista

Nueve apuntes sobre la guerra en Siria

06/12/2015

David Karvala

nowar
1. Otra vez: ¡No a la guerra!
El pasado 28 de noviembre se celebraron protestas en muchas ciudades, tanto del Estado español como del resto de Europa. Decenas de miles de personas firmaron el manifiesto gestado en Madrid, “No en nuestro nombre“, lanzado con firmas del mundo de la cultura y de las instituciones. En Catalunya, unas 3.500 personas participaron en una manifestación convocada por la “Plataforma Mai Més”, una iniciativa ad hoc apoyada por 60 entidades. Todo esto respondía a los terribles atentados del 13 de noviembre en París, y a la crisis que han provocado.

Francia aumentó sus bombardeos en Siria tras los atentados. Gran Bretaña se sumó a la matanza la noche del 2 de diciembre, pocas horas después de que el primer ministro conservador Cameron ganase la votación parlamentaria, con el apoyo de unos 70 diputadas y diputados laboristas. Ahora el gobierno alemán ha decidido apuntarse también a la ofensiva. Todo esto empeora aún más un escenario ya de por sí dramático.

Las manifestaciones del 28N fueron una respuesta positiva ante una situación urgente, pero evidentemente queda mucho por hacer respecto al análisis, y aún más en lo referente a la movilización.

2. ISIS es horrible, pero no es el principal asesino
Parece que la derecha y la izquierda comparten la idea de que el principal problema en Siria, y quizá en el mundo entero, es ISIS. Es verdad que el grupo ha asesinado a unas 3.600 personas desde mediados de 2014, 1.945 de las cuales eran civiles. Pero como explica un revolucionario sirio: “El régimen de Assad y sus aliados (Irán, Rusia y Hezbollah) son responsables de la gran mayoría de las personas asesinadas en Siria —más de 250.000— y de las personas refugiadas y desplazadas internas —unos 10 millones— desde que el levantamiento comenzó en marzo de 2011.” Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los bombardeos llevados a cabo este año por Rusia, EEUU y otros países en Irak y Siria han matado a más de 4.000 civiles. Es decir, que ISIS asesina, pero las fuerzas que lo combaten lo hacen aún más.

ISIS no es el origen de los problemas. El grupo no surgió en base a unos textos sagrados, sino de las dinámicas sectarias creadas por la ocupación estadounidense de Irak; muchos dirigentes de ISIS eran oficiales del ejército de Saddam Hussein. Otro factor clave fue la amnistía aplicada a presos de Al Qaeda por Assad en los inicios de la revolución, que tenía por objetivo dividir a la oposición. Quitar importancia a este contexto y tratar a ISIS como el fruto del simple “fanatismo religioso” o de la “barbarie fundamentalista”, y sugerir que es fascista, como hacen algunos sectores, nos impide buscar soluciones reales, y en la práctica justifica los bombardeos. (Escandalosamente, un diputado laborista, al tildar ISIS/Daesh de fascista, argumentó que el ataque británico se inspiraba en la lucha contra Franco, Hitler y Mussolini.)

Hay que insistir en que ISIS apareció como resultado (no directa o mecánicamente, por supuesto) de las bombas y de la dictadura siria. Más bombas y más apoyo a la dictadura sólo empujarán a más gente hacia salidas falsas como ISIS.

3. Contra las bombas de Occidente… y también las de Rusia
Hace mucho tiempo que Rusia es aliada de la dictadura siria; tiene allí su única base militar del Mediterráneo. La Rusia de Putin ayuda a Assad mediante bombardeos contra la oposición (no principalmente contra ISIS). Algunos sectores de la izquierda apoyan estos ataques (sin preocuparse aparentemente por las víctimas civiles) argumentando que Rusia interviene bajo invitación del “gobierno legítimo”; la misma excusa que tenía EEUU en Vietnam, Colombia…

También se sugiere que Rusia representa una alternativa al imperialismo occidental. La verdad es que Putin hace todo lo posible para colaborar militarmente con Francia, EEUU y Gran Bretaña. Con Israel, ha declarado, Rusia interactuará “en tierra, en aire y no solo allí”.

La única posición coherente de izquierdas, y ética, es oponerse a todos los bombardeos contra la población siria y no apoyar a algunos en función de los intereses imperialistas de una u otra potencia.

4. Apoyemos lo que queda del movimiento popular en Siria hoy, y lo que pueda resurgir de las revoluciones de Oriente Medio y el Norte de África
En 2011, hubo un movimiento de base fuerte, organizado en comités de coordinación local. Las magníficas luchas de las personas refugiadas en Europa son un reflejo de aquellos meses de revolución popular en Siria. Los bombardeos del régimen y los estragos de ISIS y otros grupos reaccionarios han debilitado terriblemente este movimiento. El conflicto se ha convertido, en gran parte, en una lucha armada entre fuerzas reaccionarias que reflejan intereses ajenos.

La solución a la situación terrible de Siria no vendrá de ninguna de las fuerzas apoyadas y armadas desde fuera ni, seguramente, del movimiento popular tal y como está ahora. La posibilidad de un cambio real pasa por un resurgimiento de la revolución popular en la región. Donde hay más esperanzas es en Egipto, donde las luchas continúan a pesar de la dura represión a manos del nuevo dictador Al-Sisi, escandalosamente respaldado por muchos dirigentes europeos, desde Rajoy hasta Tsipras.

5. No basta con gestos desde arriba, tenemos que construir movimientos de base
Las movilizaciones del 28N se organizaron fundamentalmente desde arriba, desde los Ayuntamientos de los “Municipios por el Cambio”. En cierto sentido, este es un resultado positivo de la victoria de nuevas propuestas en las últimas elecciones municipales. En principio, el apoyo de las instituciones debería crear condiciones más favorables para las movilizaciones antiguerra, si lo que hace es respetar y potenciar a los movimientos sociales. Sin embargo, existe un creciente problema en la izquierda, visible en diferentes ámbitos, al dar protagonismo a las instituciones a expensas de los movimientos.

Un factor clave de la derrota de la izquierda en la Transición fue el hecho de poner todas las esperanzas —y el activismo— en las instituciones. No deberíamos repetir ese error.

Hemos visto tanto en América Latina como en Europa que la izquierda puede ganar presencia institucional (lo que no significa “estar en el poder”) pero también puede perderla. El avance de la izquierda en las instituciones debería servir para fortalecer los movimientos sociales, no para marginarlos o hacerlos dependientes como ha ocurrido demasiadas veces ya, tanto aquí como en América Latina.

Si queremos construir movimientos del 99%, debemos entender que ningún partido solo puede representar a todo el mundo. La dirección de Podemos no lo ha conseguido, como tampoco antes lo hicieron los partidos socialdemócratas o comunistas. Un movimiento social amplio sí puede incluir a todas las sensibilidades progresistas presentes en el 99%.

Finalmente, En Lucha no lucha sólo por unas reformas sino por una sociedad totalmente diferente, basada en el poder popular, la democracia de base. Los movimientos de lucha desde abajo son pasos en esa dirección; son escuelas de autoaprendizaje, de poder popular, algo que incluso el Ayuntamiento más progresista nunca podría ser.

En resumen, hacen falta movimientos sociales amplios y de base para impulsar las luchas. Lo que significa esto en la práctica varía según el territorio. En Catalunya, las grandes movilizaciones contra la guerra de 2003 se organizaron desde la Plataforma Aturem la Guerra, un movimiento amplio, unitario y asambleario. Tras varios años de poca actividad se ha reactivado recientemente y lo lógico sería que la lucha contra la guerra en Siria se organizase a partir de esta plataforma, si logra sumar a las nuevas fuerzas surgidas. En Madrid, en cambio, no hubo un movimiento unitario contra la guerra ni tan siquiera en 2003. Se debería construir uno desde cero si se quiere que la gente pueda incidir en vez de sólo reaccionar a las llamadas lanzadas desde arriba.

En cada lugar se tendrá que responder a la situación concreta, pero no hay alternativa a la construcción de movimientos reales e independientes de las instituciones.

6. Necesitamos consensos de mínimos para un movimiento amplio contra la guerra
En 2003, el lema clave fue “No a la guerra”. Dentro del movimiento hubo actitudes diferentes hacia la dictadura de Saddam Hussein. El manifiesto de la Plataforma Aturem la Guerra de entonces incluyó la frase “En Irak hay una dictadura que rechazamos” pero realmente este punto no fue el eje de la movilización. Ahora, la situación de Siria es mucho más compleja, pero el mismo principio es aplicable. En un momento en el que Francia y Gran Bretaña bombardean Siria y en el que es muy probable que pasadas las elecciones del 20D el Estado español intente sumarse a la matanza, debemos unirnos en las movilizaciones contra los bombardeos.

Se trata de aplicar el principio expresado por la iniciativa Alliberament99: “Si sectores del movimiento exigen (…) que no se diga nada contra las otras potencias y dictaduras, nosotros pedimos que tampoco se les dé ningún apoyo ni se justifiquen sus abusos hacia sus poblaciones”. Bajo este principio no se puede justificar a Putin o Assad en nombre del movimiento, como hacen algunos. Sin embargo, el movimiento debe incluir a todos los sectores de la izquierda y de los movimientos sociales dispuestos a luchar contra “nuestros imperialistas”, independientemente de lo que pensemos respecto a lo demás.

Pero, como dice Alliberament99 a continuación: “por nuestra parte, en coherencia con nuestros principios, seguiremos combinando la oposición a las intervenciones imperialistas con el rechazo a todas las dictaduras y la solidaridad total y explícita con las luchas populares [contra estas].”

7. Hay que abrir las fronteras a toda la gente refugiada
La verdad es que las personas refugiadas principalmente escapan de las bombas barril de Assad. Las atrocidades de ISIS son un motivo añadido en las zonas controladas por esta organización. Es escandaloso que en vez de acoger a la gente refugiada la UE haya ofrecido concesiones políticas y 3 mil millones de Euros a Turquía a condición de que cierre la puerta a su avance hacia Europa.

En todo caso, la prioridad es luchar por abrir las fronteras a la gente que escapa de la guerra, y también de la pobreza, la represión u otras situaciones desastrosas. En este sentido, la plataforma Stop Mare Mortum, creada en Catalunya en la primavera de 2015, es un modelo a seguir.

8. Stop Islamofobia
Hace años que la islamofobia está en auge. La fomentan fascistas, gobiernos de derechas y también sectores de la izquierda. Ante los crímenes de ISIS y grupos parecidos, los simpatizantes de Assad y Putin tildan al islam político de mera marioneta del imperialismo occidental, con lo que en la práctica se suman a la islamofobia o en el mejor de los casos responden a ella de manera muy débil. Otros sectores, incluso dentro de la izquierda anticapitalista, se obsesionan tanto con un falso laicismo que son incapaces de hacer frente a la oleada racista contra la gente musulmana.

Hará falta debatir y trabajar mucho para superar las confusiones y para construir movimientos que incluyan a personas y entidades musulmanas al lado del resto, en una lucha compartida contra la islamofobia. Unitat Contra el Feixisme i el Racisme en Catalunya ya está en ello. Se espera que UCFR Madrid, formada recientemente, pueda trabajar en esta misma dirección. En otros territorios, en general, es una tarea pendiente.

9. Manos a la obra
Hay mucho trabajo por hacer. Para poder avanzar mejor necesitamos una izquierda más fuerte, centrada en la lucha y la solidaridad desde abajo. Una izquierda que no olvide que los Estados capitalistas e imperialistas (desde EEUU y Francia hasta Rusia y China) son nuestros enemigos. Éste, al menos, es el planteamiento de En lucha. Queremos derrotar a ISIS, pero no lo haremos de la mano de fuerzas que han cometido muchos más crímenes que ésta y durante mucho más tiempo.

La alternativa pasa por la construcción desde abajo de luchas y movimientos reales. Debemos ponernos manos a la obra.

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