Agenda anticapitalista

¿Qué está pasando en Gracia?

30/05/2016

Redacción En Lluita Barcelona


¿Qué pasa en Gracia estos días?
Durante la semana anterior la “vila de Gracia” (el actual distrito fue una población independiente hasta 1897) ha estado presente en todos los medios de comunicación como escenario de disturbios.

Antecedentes
El Banc Expropiat fue ocupado en octubre de 2011, período durante el cual el movimiento 15M se desarroba en los barrios. Desde aquel momento se venían desarrollando un gran número de actividades comunitarias, entre ellas la creación de una red de autogestión de la alimentación que durante esta larga y dura crisis ha servido a muchas vecinas y vecinos para superar la dinámica asistencialista de los bancos de alimentos. El Banc expropiat era en realidad una antigua oficina (cerrada) de Catalunya Caixa, entidad que entre 2010 y 2012 fue rescatada con 12.000 millones de dinero público. Fondos que tal y como reconoció Luis de Guindos en Enero de 2014 no se recuperarán jamás. A finales de Abril de 2014 Manuel Bravo Solano, empresario dedicado a la especulación inmobiliaria compró la oficina por 65.000€ y desde 2015 hasta el 1 de enero de 2016 el Ayuntamiento de Barcelona ha venido pagando (sin conocimiento de la asamblea del Banc Expropiat) un alquiler de 5500€ mensuales, merced a una decisión del anterior alcalde de Convergència i Unió, Xavier Trias. El gabinete de Ada Colau afirma haber informado al colectivo de la situación y que la asamblea pidió que no se siguiera pagando el alquiler; por otro lado el consistorio afirma haber ofrecido otro local para continuar realizando las actividades.

El desalojo viene motivado por la denuncia que puso Catalunya Caixa y que el actual propietario decidió mantener.

Desalojo son disturbios

Desde la ocupación y apertura en diciembre de 1984 del “Antenu alternatiu i lliberari de Sants”, primer centro social ocupado desde el final del franquismo, cada vez que la policía ha ejecutado un desalojo la respuesta popular se ha expresado en las calles, generalmente mediante la acción directa. Es decir, no es la primera ni la última vez que pasa. En el fondo dos eslóganes reflejan, en buena parte, el devenir del movimiento de las ocupaciones: “desalojos son disturbios”, y “un desalojo otra ocupación”. Básicamente se establece un pulso entre el vecindario que defiende el centro social y la institucionalidad (policía, aparato judicial e instituciones)

El estado y los medios afines intentan criminalizar a las que luchan y la gente que resiste se suele debatir entre la acción directa no violenta (que facilita confraternizar con el resto del vecindario) o responder a la brutalidad policial. Que en estos casos siempre se ve amparada por la criminalización de la juventud y la demonización del movimiento ocupa.

La quema de contenedores y demás mobiliario público representa una respuesta a la violencia sistémica ejercida durante el desalojo, pero también en el día a día, con un 20% de la población por debajo del umbral de la pobreza. Podemos discrepar sobre si es la táctica más útil, pero no se debe caer en la trampa de descontextualizarla y sobre todo no se puede confundir al represor con el reprimido.

La propiedad privada y conflicto urbano
El ayuntamiento de Barcelona está pagando cara su idea de gobernar para toda la ciudad y de buscar la equidistancia con el aparato estatal y los movimientos sociales. Después de dejar de pagar el alquiler de acuerdo con “El banc expropiat”, se ha dedicado a pedir proporcionalidad a la policía, rechazar la violencia y reconocer la función social de la propiedad. De ahí que tanto los partidos situados a su derecha como los movimientos sociales, a los que dijo querer dar voz durante la pasada campaña electoral le estén atacado, aunque no sea quien ordena a los “mossos d’esquadra”.

La incapacidad de la democracia liberal para afrontar las contradicciones entre capitalismo y vida sin recurrir al uso del “monopolio de la violencia” es de donde deriva la principal función policial, que es garantizar la orden establecido. No decimos principal porque sea a la que dedican más tiempo, sino porque cuando han de decidir el despliegue de efectivos siempre lo hacen priorizando el control de las luchas.

En el fondo la actuación policial contra el Banco Expropiado de Gràcia no es más que la sacralización de la propiedad privada respecto a la función social de la misma.

Precisamente en este caso el banco que vendió la oficina al especulador había sido rescatado con dinero público y además se ha pagado un alquiler que asciende al precio pagado por el actual propietario, en resumen el local del banco debería ser de titularidad pública y cedido en uso al barrio. No obstante, aunque no fuera así no se puede dejar la existencia de centros sociales al albur del pago de alquileres en el libre mercado. Cabe recordar aquí que en Barcelona la mayoría de centros cívicos existentes se consiguieron mediante luchas vecinales, que conllevaron, ocupaciones, bloqueos de calles y demás movilizaciones.

Así como para el capital la ciudad es una unidad de producción en la que sitúa los medios para la misma y asienta a la población que necesita para sus intereses, las trabajadoras necesitan algo más que habitáculos y carreteras que les lleven a sus puestos de trabajo. De ahí nace el conflicto urbano, una faceta más de la lucha de clases que se da en cada ámbito de la vida, sin ser la ciudad ninguna excepción. Por consiguiente es necesario dejar claro el apoyo incondicional al “Banc expropiat” pero también es importante decir que para ganar es necesario ampliar la lucha, esto significa en buena parte hacer lo que se hizo el domingo, buscar la forma de lucha que permita aglutinar el máximo de fuerza.-

Para finalizar queda sólo dejar claro que al consejero de interior Jordi Jané le queda hacer una cosa antes de dimitir, cesar al director general de la policía Albert Batlle.

Formulario de suscripción

Rellena este formulario si quieres suscribirte a alguna de nuestras publicaciones.

Periódico En Lucha y revista La Hiedra - 25€ / año
Periódico En Lucha - 15€ / año
Revista La Hiedra - 12€ / año

×