Agenda anticapitalista

No a la guerra imperialista, abajo la dictadura de Al Assad. Victoria para la revolución

04/09/2013

Por En Lucha. Las protestas pacíficas que el pueblo sirio comenzó hace más de dos años en la estela de las revoluciones árabes fueron violentamente reprimidas por la dictadura hereditaria de Al Assad, con el resultado de cientos de miles de muertos y exiliados. Ante ello, la resistencia del pueblo ha tomado diferentes formas, ya sea la protesta civil, la acción armada o la organización desde la base en los llamados Comités de Coordinación Locales.

Sin embargo, a pesar de su heroica lucha contra un régimen despótico, los y las revolucionarias sirias se han encontrado con una gran falta de apoyo y comprensión fuera de las fronteras de Siria. Parte de la izquierda ha visto a Al Assad con simpatía por su discurso de tono antiimperialista. Sin embargo, sus intereses están muy vinculados a los de otras potencias. Los intereses geopolíticos de Rusia – con su única base naval de Mediterráneo en las costas sirias-, de Irán –siendo Siria uno de sus pocos aliados en la región- o China, no son los de la gente corriente que sufre penurias. Todos estos actores han apoyado sobre el terreno o diplomáticamente la represión del dictador.

Del mismo modo, los imperialismos americano, europeo o los intereses de aspirantes a potencias o potencias regionales como Arabia Saudí o Qatar nunca han actuado en favor de los intereses de los pueblos oprimidos. De hecho, están financiando a grupos afines a Al-Qaeda, que nada tienen que ofrecer al pueblo sirio.

Lo que es auténticamente dramático es la actitud de gran parte de la izquierda internacional – llámese occidental o la realpolitik de los gobiernos progresistas latinoamericanos- que ha asimilado a la gente que se levantó contra Al Assad con fundamentalistas islámicos, aunque gran parte de la resistencia rechaza sus ataques sectarios.

Tras muchas décadas de acuerdos, de tiras y aflojas con el imperialismo americano y europeo, Estados Unidos pretende atacar Siria por pasar Al Asad las “líneas rojas”. Más allá de la autoría del renombrado ataque con armas químicas, el ataque de Estados Unidos no parece querer cambiar el statu quo, sino hacer un ataque “quirúrgico” (con miles de muertos y destrucción claro) para forzar una dimisión del dictador o una negociación con los sectores oficiales de la oposición con nexos con Occidente.

Ni a Estados Unidos -con sus victorias más que dudosas en Irak y Afganistán-, ni a Israel -que prefiere la estabilidad del régimen actual a un posible gobierno que vele por los intereses del pueblo sirio, que van contra los intereses del régimen sionista- ni a Europa -con sólo Francia como antiguo poder colonial en Siria dispuesta a seguir a Obama-, les interesa que las revoluciones surgidas en el mundo árabe pidiendo democracia y justicia social triunfen.

Desde En lucha llevamos apoyando las revoluciones árabes desde el principio, tanto contra los dictadores “amigos” de Occidente – como Mubarak o Ben Alí- como contra los supuestos enemigos, como el caso de Gadafi o Al Assad.

Nuestra posición es coincidente con los intereses de las clases populares de estos países, más allá de la absurda y dañina política de “bloques”, es decir, apoyar regímenes que se dicen anti imperialistas pero que oprimen a sus pueblos.

Nuestro lado es el de la gente común, que en los Comités de Coordinación Locales en Siria organiza las zonas liberadas, que combate con armas en la mano al ejército de Al Assad o el de la Corriente de Izquierda Revolucionaria de Siria, que piden una salida al conflicto favorable a los intereses del pueblo y denuncia la intervención militar que se prepara.

Al igual que ellos, nos oponemos a la represión de Al Assad y apoyamos incondicionalmente al sector revolucionario. Asimismo y ahora que Obama amenaza con un ataque al país, debemos levantar el No a la guerra que levantamos hace 10 años, pues sabemos que cualquier intervención victoriosa del imperialismo americano en el mundo es un golpe para los procesos emancipatorios existentes y por llegar.

Sin embargo una intervención no lo va a tener fácil. El fracaso que supuso la intervención en Irak impide a EEUU hacer una gran intervención con invasión de tropas. El sentimiento antiguerra, que perdura de las grandes movilizaciones de hace diez años, es ampliamente compartido tanto en EEUU como Europa. Además, los gobiernos de la guerra se encuentran en una posición de debilidad a la hora de recabar apoyos a una ofensiva militar debido a sus antisociales políticas de austeridad.

Somos conscientes de que las revoluciones, con sus avances, con sus retrocesos, con sus contradicciones, son una victoria para las luchas de las de abajo en todo el mundo, pues debilitan la fortaleza y la confianza de los represores. La única forma de expresar solidaridad con estos procesos es oponernos a la nueva guerra que se prepara.

En lucha, 4 de septiembre de 2013

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