Agenda anticapitalista

Nador – Melilla, Melilla – Nador: una frontera y diferentes precios

03/07/2016

Katia Juncks y Steve Cedar


El artículo está dividido en dos partes debido a su extensión. En esta primera parte se describe Melilla como frontera sur de Europa, el Monte Gurugú donde viven muchas compañeras migrantes y la trata de personas y la prostitución. En la segunda se hablará de los MENAs (menores no acompañados), de las refugiadas sirias y del CETI.

Cinco activistas por los derechos humanos decidimos salir de Barcelona en el mes de abril de 2016 para realizar un viaje de sólo 4 días entre Nador y Melilla. El objetivo era ir a oír la voz de quien sufre todo tipo de restricciones e injusticias en la frontera sur de España.

La frontera Melilla – Nador – Fortaleza de Europa

Al llegar al Reino de Marruecos, de golpe, hemos visto la realidad de la pobreza económica de Nador, que tiene una economía sumergida totalmente dependiente del mercado ilegal con España, precisamente con la Ciudad Autónoma de Melilla.

Miles de contrabandistas marroquíes cruzan diariamente la frontera sur y compran mercancías (vídeos, latas de Coca-Cola, bebidas energéticas, etc.) en Melilla y las llevan a la espalda hasta Nador. Hay que ser fuerte para poder transportar a la espalda mucha carga. Se puede sacar entre 10 y 15 euros al día. Las dos policías de cada lado de la frontera pueden confiscar toda la mercancía, el contrabandista se la juega de lunes a jueves a las Puertas de Beni Enzar, Farhana y Barrio Chino. Los contrabandistas hacen las compras en Melilla por encargo, por las carencias de productos básicos en el país vecino. También están las mujeres que sólo hacen de transportistas, que no compran la mercancía, sólo la pasan de un lado a otro de la frontera. Hemos presenciado una mujer muy grande que pasaba una bolsa inmensa llena de botellas de vidrio, que iba acompañada de una chica muy joven que llevaba sólo una bolsa de plástico. La policía marroquí pide a la chica que enseñe la bolsa y, mientras tanto, la mujer mayor corre casi a cuatro patas y atraviesa la frontera. La muchacha joven era la trampa. Con gritos, la chica joven resiste el ataque del policía, que la coge por el brazo y de manera muy violenta le grita. Finalmente, ella se escapa. Nosotros nos habíamos puesto al lado de la chica, que chillaba, para darle apoyo, y entonces el policía la soltó entre risas. Todo, con una normalidad espantosa. Cerca de la entrada de Beni Enzar se pueden encontrar camiones de mercancías, con palets en muchos de los cuales se exhiben los productos que serán objeto de contrabando, entre los que se pueden ver de marcas blancas de grandes cadenas de supermercados españoles. Teniendo en cuenta que Nador es una puerta de entrada de productos al África subsahariana, se puede intuir el volumen de negocio que hacen los empresarios españoles con el contrabando, y eso sin entrar en las pésimas condiciones laborales de las personas que son explotadas para transportar las mercancías de un lado a otro.

Los vecinos y vecinas de Nador, para ir a Melilla a trabajar (no hay muchas otras opciones), deben pasar por el control de fronteras marroquí y español. Tienen un pase y un pasillo especial para cruzar la frontera, pero igualmente pueden llegar a tardar horas para poder atravesarla.

Ciudad autónoma de Melilla
Uno de los últimos reductos del Imperio español, un puesto de avanzada donde la Legión y la nación son el extremo más obsceno de la identidad populista y racista de la política española: “Arriba España para toda la vida”, gritaba un hombre con una enorme bandera española que caminaba por el paseo marítimo. Nosotros estábamos frente a la estación marítima, a los pies de la muralla de Melilla la Vieja, y mirábamos perplejos la última estatua del General Francisco Franco en la vía pública española, donde en una de las placas decía: “Al comandante de la Legión Don Francisco Franco Bahamonde”.

Un compañero, activista político de izquierdas de Melilla nos explicaba que la ley de memoria histórica, en Melilla, no se cumple, que los representantes del PP, que gobiernan, defienden que la estatua cumple la ley, porque no está dedicada a Franco como dictador sino como comandante de la Legión.

En los balcones de las casas de Melilla ondeaban banderas españolas en un ambiente festivo para mucha gente de Melilla. En la calle se sentían canciones que venían de altavoces de las fiestas de la Legión Española, la de Franco, la de la estatua perpetua, que promovían la Carrera Africana. Melilla forma parte de la zona del Rif, dominada por el Estado español, en la que la transición a la democracia del 76 parece que casi no ha tocado. La nostalgia de la época de Franco se puede presenciar en los monumentos públicos y en cómo la ciudad los cuida. Legionarios y muchos otros cuerpos de seguridad se pasean orgullosos cómo sí fuera el patio de su casa.

Melilla es una ciudad de más de 84.000 habitantes, pero hay aparte de los números oficiales, 20.000 habitantes invisibilizados burocráticamente que no están registrados en el padrón y como resultando no tienen acceso a la asistencia sanitaria pública, derechos sociales, derecho a votar y ser votado, y muchos otros. Simplemente no están censados, no existen para el Gobierno porque son rifeños, autóctonos. No los reconocen como miembros de plena ciudadanía, ni el Gobierno español ni el Reino de Marruecos. Pero también hay historias familiares muy interesantes y complejas como la propia historia de un compañero activista pro derechos humanos, nieto e hijo de madre y padre nacidos en el Rif (Rif para los autóctonos, y Melilla por España), que recibió su DNI español cuando tuvo cumplidos los 18 años, porque su familia no quería el DNI español ni tampoco el pasaporte marroquí, porque son rifeños. Su bisabuelo, que regentaba un restaurante en Melilla la Vieja, en los años 20 había sido miembro de las tropas rifeñas de liberación junto a Abd el-Krim. Quieren ser lo que son: rifeños.

La ciudad autónoma de Melilla recibe subsidios masivos de España. Tiene un presupuesto anual de 240 millones de euros. Gobierna el PP y la política local de Melilla está en manos de la vieja oligarquía que lo controla todo. Muy a menudo estallan casos de corrupción y la sensación es de continuismo político.

La población de Melilla está formada, mayoritariamente, por cuerpos de seguridad y funcionarios, que cobran un plus en nómina para trabajar y vivir fuera de la península, lo que significa que viven cómodamente y por tanto, la situación política local los favorece.

Monte Gurugú
En las montañas de los alrededores de Nador, y con vistas a Melilla, hace tan sólo unos años había hasta 4.000 inmigrantes con procedencias diversas como Camerún, Costa de Marfil, Nigeria, Ghana, Somalia, Senegal, Burkina Faso, Malí, etc. que vivían en el bosque en condiciones muy precarias en tiendas de campaña, dependiendo de las donaciones de organizaciones benéficas y sobreviviendo como podían. La presión internacional de organizaciones de derechos humanos y un deseo de mostrar una imagen más amable con el mundo obligó al Reino de Marruecos a conceder una amnistía a algunos inmigrantes en 2012. Sólo 26.000 personas la han recibido, porque las condiciones que exigía el gobierno eran muy exigentes. Las personas que no cumplen los requisitos, y las cuotas, siguen malviviendo en la ilegalidad dentro de este reino. No hay centros de acogida en Marruecos.

Tras las campañas de desalojo realizadas por la Fuerza de seguridad marroquíes, así como la regularización, muy mediática y de cara a Europa pero nada efectiva, muchas personas siguen malviviendo en las montañas. Aparte del Gurugú, en Bolengo y Caviar, viven personas que siguen siendo víctimas y objetivo de las continuas redadas policiales, con detenciones y transportadas a más de 1.000 kilómetros al sur del Rif, para ser abandonadas en el desierto o en montañas deshabitadas. Esto forma parte de una campaña gubernamental marroquí para ocultar los miles de personas migradas que malvivían y malviven en zonas habitadas y cercanas a la frontera española, y por tanto cercanas a los medios de comunicación y a la opinión pública africana y europea. Sin olvidarnos de que hay acuerdos con España para frenar la entrada de inmigrantes por la Frontera Sur.

En la actualidad todavía hay campamentos en el Monte Gurugú, allí malviven alrededor de 400 personas, 80 de ellas mujeres y la mayoría víctimas del tráfico de personas. El gobierno de Marruecos niega que existan estos campamentos. Y, según determinadas ONG, allí lo que hay ahora mismo es un camping y un hotel! Y parece que incluso quieren hacer de ese lugar un espacio turístico. Ya no hay inmigrantes. Hay ONGs que hacen una crítica muy cuidada al rey, nada peligrosa, y son optimistas con el trabajo hecho y la voluntad real para solucionar los problemas de inmigración en el país. El gobierno de Marruecos quiere mostrar al mundo que está haciendo reformas con la introducción de “nuevas políticas humanitarias” en sus políticas de inmigración, incorporando programas de regularización con requisitos como por ejemplo: 5 años de residencia demostrable y otras condiciones.

Por otra parte, en opinión de activistas críticos y no dependientes económicamente del gobierno, que visitan el Gurugú cada día llevando alimentos, medicamentos y acogiendo personas de los campamentos, los campamentos sí existen, y son lugares terroríficospara las personas que allí malviven y también tienen un riesgo potencial alto, incluso, para las activistas que arriesgan su propia vida para salvar vidas diariamente. Y los requisitos que exige el gobierno para regularizar a las personas son casi imposibles de obtener porque quien lo pide es pobre y, además, hace diferenciaciones entre el mundo árabe y el africano.

Denuncian prácticas de “repatriación voluntaria”, es decir, los inmigrantes sin papeles son acompañados a el avión, y si ésta es “voluntaria” se les paga 400 euros, los llaman “devoluciones en caliente”. Muchas de estas repatriaciones se realizan apaíses en estado de guerra. Deportados sin ningún tipo de recurso jurídico. Sin embargo, continúan cruzando e intentándolo.

Se juega con la desesperación humana. Marruecos todavía no ha aprobado la Ley del Refugiado pero tiene acuerdos con España y ACNUR y no puede dar la tarjeta roja de asilo, sólo puede entregar un certificado.

Las personas que ayudan nunca pueden subir al monte e ir al núcleo de los campamentos. El trabajo se hace en el borde del Gurugú. Es otra frontera dentro de las fronteras. Es un lugar inaccesible para cualquier persona que no sea víctima de este infra-mundo. Sólo unos pocos periodistas han podido subir, y más de uno ha tenido problemas muy graves, o con las mafias que controlan el bosque, o con la propia policía marroquí.

Los jefes de los campamentos son hombres y hay africanos y europeos. Los campamentos son fruto de dos rutas africanas que están organizadas por diferentes mafias, y están divididos según el idioma: inglés y francés. Son verdaderos campos de esclavos y esclavas, donde a cambio de papeles o para sobrevivir, las personas están obligadas a robar oa prostituirse.

La policía marroquí ataca regularmente el monte, es la conocida y temible “fuerza auxiliar”, una policía especial formada en la violencia y el abuso. Queman todo lo que encuentran en los campamentos, golpean los habitantes del monte y como colofón, los meten en un barco o autobuses y los envían hacia el sur de Marruecos, donde los abandonan para reiniciar su viaje de vuelta a la pared ensangrentada y magullada de Europa. La estrategia de la policía es ralentizar el viaje hacia Europa e invisibilizar a estas personas.

Las víctimas ahora desplazadas tardan meses, y algunas personas incluso años, para poder volver a la frontera sur. Activistas conocedoras de historias dramáticas de esta ruta, nos han explicado verdaderos dramas humanos que si no fuera por la confianza que había entre nosotros, no nos las creeríamos. Una madre que ya no podía seguir el viaje a pie hacia Europa, que deja a su bebé en la carretera por falta de alimentos y agua… En la penumbra de la noche una patera que navega lentamente, se escuchó la embarcación de la guardia marítima muy cerca, y el jefe de la patera coge al bebé que llora y lo lanza al agua, porque su llanto los descubre…

El terror, aquí, es un concepto lingüístico que se queda muy corto.

“Trata de personas” y prostitución
Las mujeres que hacen el viaje por voluntad propia son engañadas con falsas promesas de trabajo, otras lo hacen en contra de su voluntad, y son chicas secuestradas en su país de origen, víctimas del tráfico de personas, donde la violación sexual en las mujeres es un acto frecuente, terribles rituales de iniciación y abusos para “prepararlas” para el ejercicio de la prostitución forzosa al que estarán sometidas, y con el control emocional y religioso hecho a través de rituales de vudú, por los que hasta que no se desritualize a las chicas no se encuentran libres emocionalmente y espiritualmente. Viven amarradas a los traficantes por el vudú.

Algunas mujeres son rescatadas en circunstancias dramáticas, la mayoría con el embarazo avanzado, con las mafias pisando los talones de ellas y de quien las rescata. Las activistas asisten los partos en el mismo bosque, en lugares de encuentro concertados previamente. Una vez fuera del monte, les esperan lugares sencillos y muy discretos de acogida y reposo con su bebé. En el lugar de refugio hay un protocolo que se activa y las activistas se hacen cargo de buscar un país de acogida para las víctimas.

Muchas chicas se escapan porque el jefe del campamento tiene el poder de decidir incluso si una mujer tiene que abortar o no, y si él decide que sí, le obliga a hacerlo, aunque no sea la voluntad de la mujer, teniendo en cuenta que la mayoría de embarazos son a causa de abusos sexuales.

Otras mujeres que escapan pero que no tienen la oportunidad, tiempo o medios para ser rescatadas por las activistas, si tienen suerte encuentran un pueblo para poder dar a luz. En general, las mujeres marroquíes de los pueblos las ayudan y cuidan de ellas, y les dan comida y dinero, precisamente cuando estas mismas mujeres marroquíes sufren grandes escaseces. Una activista nos cuenta: “Sólo los pobres entienden a los pobres”, y sólo cuando estas mujeres destruidas física y psicológicamente, llegan al país que tenga la dignidad de acogerles, como Canadá, ellas tienen fuerza para hablar, sólo después de que se hayan escapado de la trata, del vudú, del abuso y la miseria humana que, aquí, tiene nombre: mafia.

Katia Juncks es Concejala por Capgirem Vic, Consejera Comarcal de Osona, CUP y Miembro de UCFR Osona. Steve Cedar es Militante de En Lucha y la CUP de Vic y Miembro de UCFR Osona. Fotos: Steve Cedar

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