Agenda anticapitalista

Marchas de la dignidad: la movilización es clave para la ruptura

22/06/2014

Isaac Salinas

21jsevilla

Cuando se pone el listón muy alto, es difícil mantener el nivel. Tras los grandes éxitos de movilización de las marchas a Madrid el 22 de marzo y la ocupación de oficinas del INEM el 30 de abril, el 21 de junio marcaba la agenda de la lucha por “Pan, Trabajo, Techo y Dignidad”. En esta ocasión, rodear los parlamentos autonómicos ha sido la forma de señalar a los responsables de las políticas de austeridad en las diferentes comunidades autónomas. No en vano, en Catalunya por ejemplo CiU ha aplicado unos recortes brutales intentado taparlos con la bandera de la independencia.

A nivel numérico, el resultado de la convocatoria ha sido desigual. La manifestación de unas 15.000 personas en Sevilla, a la que más de 1.000 personas acudieron desde la “columna de los barrios”, fue la más potente de la jornada. En el polo opuesto, apenas unas 1.000 personas salieron a las calles en Madrid. Y en Barcelona, nos manifestamos unas 3.000. Seguramente, el factor principal que explica la mayor afluencia en Sevilla es el trabajo del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), artífice del 22M. Pero en ningún caso se mostró en las calles la superación del marco autorreferencial de la izquierda sindical que sí vimos el 22M, con un despliegue ciudadano y de las mareas de colores que esta vez no estuvieron tan presentes.

No es sencillo hacer una lectura rigurosa de los resultados de las movilizaciones, dado que se entremezclan muchos factores. En Barcelona, los organizadores hablan del cúmulo de manifestaciones en las últimas semanas –desafortunadamente, la CUP, EUiA, ICV y ERC convocaron por separado una mani al día siguiente por la república catalana, en lugar de confluir con el 21J– y la coincidencia con el puente de Sant Joan. Más allá de esto, hemos de ver que, igual que en Madrid y otros lugares, las asambleas de la Marcha de la Dignidad (que son su espacio orgánico) se están viendo reducidas a un entorno militante y que la difusión por redes sociales y las encarteladas no bastan para conectar con más activistas y activar a más sectores sociales.

La ampliación de estos marcos organizativos es el principal reto para los próximos meses, si queremos seguir construyendo una dignidad colectiva capaz de plantar cara a la indignidad de quienes se quieren “demócratas” mientras apoyan una institución tan antidemocrática como la Monarquía (incluso, si es necesario, cargando contra quienes manifiestan su oposición a la coronación de Felipe VI mediante símbolos republicanos), condecoran a policías antidisturbios por su brutal actuación en el 22M (sí, es ella: Ana Botella) o indultan a un guardia civil colaborador de una violación (quién si no: Gallardón), por citar algunas perlas recientes.

Una mayor amplitud dependerá, en primera instancia, de las propias luchas que alimentan la transversalidad de las Marchas de la Dignidad. Por ello, hemos de empezar por seguir impulsando la lucha por la educación pública, contra la ley de aborto que nos quieren colar aprovechando que llega el verano (y, supuestamente, la desmovilización), etc.

Al mismo tiempo, respecto al 22 de marzo siguen ocupando cada vez más el espacio de la izquierda inciativas políticas de ruptura, especialmente con la irrupción de Podemos y la perspectiva de Guanyem Barcelona para las municipales del 2015. Es demasiado pronto para valorar si Podemos está contribuyendo más a la activación de nuevas capas ciudadanas para la lucha social o si, al contrario, está creando falsas ilusiones reformistas que conducen a la desmovilización.

Lo que parece claro es que, con el horizonte de las autonómicas y municipales para abril de 2015 y las generales para 2016, se abre un ciclo electoral en el que el electoralismo amenaza con imponerse (o al menos eclipsar) a la movilización. Para que no sea así, es imperativo que las activistas de las diferentes candidaturas rupturistas pongan en el centro la participación en los movimientos sociales y, en especial, en el espacio del 22M con tal reforzar y construir nuevas asambleas locales, y así asegurar el éxito de las próximas marchas en otoño y avanzar en la construcción de una huelga general desde abajo para la primavera del 2015.

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