Agenda anticapitalista

Los recortes sociales profundizan la opresión de la mujer

03/12/2013

Mireia Rubio

mujeres

Cada vez es más evidente que, con la excusa de la crisis económica, se excluye el ámbito de la igualdad de la agenda política. La discriminación de la mujer en la sociedad actual aumenta cada vez más. Por ejemplo, el presupuesto de Estado consolidado para el próximo año 2014 no solo continúa la política de recorte del gasto social, con mayor impacto en las personas trabajadoras, sino que supone un aumento de la desigualdad entre mujeres y hombres.

La ausencia del enfoque de género en las medidas de “consolidación presupuestaria” (recortes sociales) de estos Presupuestos Generales para 2014 que vienen a reducir aún más el gasto público y aumentar los impuestos, es muy visible. Estos nuevos ataques a la mujer por parte del gobierno del PP se suman a reformas de la seguridad social (pensiones), continuos recortes en servicios públicos (sanidad, educación, dependencia) y congelación de los salarios del funcionariado durante tres años consecutivos que afectan primordialmente a las mujeres, pues merman sus derechos de desarrollo profesional a la vez que potencian su trabajo no reconocido de cuidados. La privatización de la educación y la sanidad y la eliminación de ayudas sociales desincentivan la incorporación de la mujer al mercado laboral, mientras que las mujeres están sobrerrepresentadas en el sector público y las jubiladas reciben, de media, las retribuciones más bajas. Todas estas medidas de ajuste antisocial inciden también en la presencia de las mujeres en los centros de trabajo pues significan menos posibilidades de conciliar el empleo con la vida familiar.

En otros estados europeos, donde los recortes sociales han tenido un carácter limitado, como es en el caso de Finlandia, no han conducido, al menos por ahora, a efectos negativos sobre la situación laboral femenina o en su acceso y uso de los servicios públicos de cuidados, o penalizaciones sistemáticas a consecuencia de recortes en las transferencias sociales.

Sin embargo, si hacemos una lectura general a nivel europeo de los efectos que la actual crisis económica ha tenido sobre el mercado laboral, vemos una nivelación a la baja de la brecha de género en el empleo, desempleo, salarios o grado de pobreza. Aunque la destrucción de empleo masculino ha sido más aguda, esta valoración es poco profunda, ocultando una situación mucho más inquietante reflejada en la involución de la igualdad entre hombres y mujeres en toda Europa, lo que pone de manifiesto que el análisis ha de hacerse preferiblemente en términos cualitativos. Una visión más acorde con la realidad laboral incluye altos niveles de segregación por sectores económicos, pero también ocupacional, o lo que es peor aún, una combinación de las dos.

La segregación laboral muestra una sobrerrepresentación de las mujeres en sectores como la educación, sanidad, administración pública y actividades científicas. La segregación ocupacional señala a una mayor presencia de las mujeres en los puestos intermedios o inferiores, mientras que ocupamos únicamente el 16% de los puestos ejecutivos y el 3% de los cargos directivos de las empresas europeas. Por lo tanto, el acceso y la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones (tanto en el ámbito político, como económico) sigue suponiendo un punto débil enorme de las políticas de igualdad.

Como muestran, los Presupuestos Generales del Estado para 2014, las políticas económicas que se están haciendo dejan, una vez más, de lado las necesidades de las mujeres, y ni siquiera reconocen su aporte a las cuentas a través del trabajo no remunerado.

Debemos seguir apoyando la lucha feminista, ya que sin igualdad de género no se puede avanzar hacia una sociedad realmente justa. Sin duda, aún queda mucho camino por andar y una agenda pendiente de cambios profundos para acercarse a la igualdad real.

Somos conscientes de que l capitalismo no puede sobrevivir sin hundir sus raíces en la opresión de la mujer. Y como decía Trotski: “Una revolución no es digna de llamarse tal si con todo el poder y todos los medios de que dispone no es capaz de ayudar a la mujer —doble o triplemente esclavizada, como lo fue en el pasado— a salir a flote y avanzar por el camino del progreso social e individual”.

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