Agenda anticapitalista

Los mundiales de fútbol; el patio de recreo del neoliberalismo

27/04/2015

Álvaro Figueroa

FBL-WC-2014-BRAZIL-PROTEST

Pese a que el poder de las transnacionales y las políticas de libre mercado se pueden visibilizar en todo tipo de grandes eventos, no solo futbolísticos (mundiales de fútbol, Champions League, Copa del Rey…) sino también en otros como los Juegos Olímpicos, la intención de este artículo es centrarse en los mundiales de fútbol y, concretamente en el Mundial de Fútbol de Brasil celebrado en 2014 ya que entendemos que se trata de un exponente muy claro de las ideas que aquí se van a desarrollar.Pero, para empezar y forma muy breve, vamos a definir qué entendemos por neoliberalismo.

El neoliberalismo, también llamado neocapitalismo corporativo, busca una eliminación de la intervención estatal (no de toda ella sino de ciertos aspectos como son el Estado Social o la regulación de la banca o del mercado de trabajo) en la economía de cada país para que dicha economía sea gestionada por los “Mercados” puesto que, según esta teoría, la mano libre del “Mercado” (que ya no es nacional sino que no tiene fronteras, ni patria) es la única que puede garantizar la libertad y el equilibrio económico en un mundo globalizado como el nuestro. Esto viene a simplificarse en que unas pocas corporaciones transnacionales controlen la vida de miles de millones de individuos, siendo considerados estos no como personas sino como clientes, como cifras, como generadores de beneficios. Así pues, el lucro estaría por encima de la dignidad, la libertad, la calidad de vida, y los derechos humanos. Desde esta ideología, y tomando las palabras de Chomsky, el beneficio sería lo único que contaría.

En el ámbito concreto del fútbol, lo cierto es que esta corriente económica ha tenido como consecuencia que este deporte deje de serlo para convertirse en un negocio en el cual los deportistas se transforman en activos que se ofrecen en los mercados de valores (no olvidemos que diversos clubes de fútbol como el Manchester United cotizan en bolsa), en tanto al público se le facilita un producto que consumir, ya sea por vía televisiva o a través de otros operadores de la industria del espectáculo.

Pese a que siguen utilizándose de forma intencionada ciertos elementos populares (se ha dejado ver que algunos famosos futbolistas provenían de orígenes muy humildes, buscando propagar una especie de mito del estilo del “American Dream”), desde hace décadas este deporte está controlado y guiado por el poder político y por el comercial.

Algo interesante es que, entre los socios de la FIFA, encontramos a grandes transnacionales bien conocidas tanto por su poder económico como por sus múltiples abusos: Coca-Cola, Adidas, Visa, Mcdonalds o Sony son algunos de estos socios.

Estas grandes corporaciones fueron, además, las principales patrocinadoras del mundial de fútbol celebrado en Brasil el año pasado, donde se dio por sentado que el Estado Brasileño debía ayudar a pagar los costes de dicho evento, le gustara o no a la ciudadanía brasileña.

Además del gasto público que el gobierno de Dilma Rousseff ha tenido que realizar en infraestructura para el Mundial de 2014 (principalmente estadios de fútbol) y que se ha barajado en más de 2300 millones de dólares, Paul Walder defiende que hay que mencionar los 4300 millones destinados a transporte urbano, los 3400 millones gastados en aeropuertos, los 950 millones en seguridad, los 350 millones en puertos y los 200 millones gastados en telecomunicaciones. Una ingente inversión que buena parte de los brasileños ha tildado de innecesaria y que, de forma directa e indirecta, estaría subsidiando al sector privado y a las grandes empresas. Es decir, todo esto supone que se estarían socializando los costes.

Por otro lado, la ONG InspirAction ha revelado que la FIFA exigió al Estado Brasileño exenciones fiscales a las empresas que, de una u otra manera, participasen en el Mundial. Estos beneficios tributarios han supuesto una pérdida de entre 200 y 500 millones de dólares en la recaudación del estado. Es decir, a la socialización de los costes antes mencionada, hay que sumarle la otra parte del binomio neoliberal: la privatización de los beneficios. En resumidas cuentas, el Mundial ha sido organizado por la alta clase política para que las grandes empresas pudieran lucrarse, al mismo tiempo que Brasil diera una imagen al exterior de nación tranquila y próspera a fin de atraer a nuevos inversores.

Así pues, sabiendo que el de Brasil no es el primer mundial de fútbol en el que este ataque a lo público sucede, y que los mundiales de fútbol llevan años reproduciendo este patrón de actuación, podemos decir que dichos eventos son un fenómeno que contribuye a la concentración cada vez mayor de capitales en manos de unas pocas corporaciones y que resultan nocivo para la clase trabajadora dado que (entre otras muchas consecuencias) supone que se usen los recursos públicos (tan necesarios en un país como Brasil) para aplacar la sed de beneficios de las transnacionales. Esta conclusión nos lleva a tener que valorar cómo podemos luchar contra dicha injusticia.

El abordaje del problema del “Gran Fútbol” por parte de los anticapitalistas no es un camino fácil ya que muchas y muchos de nuestras y nuestros compañeras/os de izquierdas, están muy ligados emocional e identitariamente al fútbol y, a menudo, defienden que este tipo de eventos crea trabajo y por tanto riqueza para el país (lo cual, como ya hemos visto, es falso) y argumentan que se puede estar totalmente en contra de los atropellos de las corporaciones transnacionales pero aún así disfrutar viendo el evento futbolístico de turno. En lugar de chocar frontalmente con estas personas, criticando con actitud moralista su pasión por el fútbol, parece más lógico buscar la verdadera raíz del problema; la instrumentalización que los poderes económicos hacen de estos eventos. Si conseguimos que las personas que acuden a ver un partido de fútbol del próximo mundial de fútbol, acudan al día siguiente a una manifestación contra Mcdonalds o Sony visibilizando sus crímenes, habremos conseguido una importante victoria.

La segunda área de trabajo es visibilizar lo más posible las luchas que se están llevando a cabo contra esta forma de saqueo neoliberal, especialmente en el caso de aquellas que se realizan en el país donde se celebra el evento. En Brasil las protestas por un sistema de transporte público más barato y de mayor calidad supusieron la chispa que llevó a la articulación de una lucha contra los abusos que se estaban llevando a cabo con la excusa del mundial, contra el aumento de la prostitución infantil, el endurecimiento de la represión a los manifestantes que se acercaban a los estadios de fútbol… Debemos trasladar nuestra solidaridad a quienes protagonizan estas luchas y servirles de altavoz en nuestra sociedad, transmitiendo a todas las personas que siguen el mundial que ellas también pueden aportar su granito de arena, compartiendo en sus redes sociales estos movimientos de protesta y colaborando con los movimientos de apoyo las protestas de quienes sufren las consecuencias de este tipo de fenómenos mediáticos.

REFERENCIAS
1) Walder, P. (2014). El hincha, dócil cliente del fútbol neoliberal. Revista Punto final. (Se puede encontrar en www.rebelion.org).

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