Agenda anticapitalista

Lo que se juega en Grecia

21/08/2015

Manel Barriere Figueroa

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Los acontecimientos se suceden a ritmo vertiginoso en el país heleno después de la claudicación del gobierno de Syriza ante la Troika. Resultaría extremadamente osado atreverse a hacer predicciones, pero no se pueden obviar cuestiones importantes que están en juego en estos momentos no sólo en el ámbito griego.

La dimisión de Tsipras y la convocatoria de nuevas elecciones para finales de septiembre o principios de octubre, parece ser una salida digna para un gobierno que ha fracasado estrepitosamente en su intento de retar a la UE y sus políticas de austeridad. Esta derrota pone en entredicho la validez de un programa que Syriza ha sido incapaz de aplicar. ¿Se puede derrotar a la austeridad dentro de los márgenes del Euro y la UE? La respuesta parece clara: OXI.

Los comentaristas utilizan estos días de forma generalizada una palabra: REALIDAD. Una realidad que debe asumirse desde la izquierda y los nuevos partidos de cambio como PODEMOS. El Euro y la UE es la realidad, y todo lo que quede fuera de ese corsé no son más que ilusiones populistas.

Pero el uso de la palabra REALIDAD esconde la imagen que muestra el paisaje después de la batalla. El fin de la soberanía popular, sacrificada a los poderes económicos y financieros que dictan hoy en día las reglas del juego. No importa lo que votemos, sólo hay un camino, y eso debería hacernos reflexionar sobre las ilusiones que la gente está poniendo en un ciclo electoral que parecía conducirnos casi en volandas a la conquista del poder institucional. A día de hoy, ni las encuestas certifican esa posibilidad, ni parece realista pensar que de conseguirlo, el poder institucional permitiera acometer grandes cambios en el contexto actual.

Democracia o dictadura, esa es la disyuntiva a la que nos enfrentamos. Syriza se enfrenta sin embargo a otra disyuntiva diferente: la integración, asumir la defensa del memorándum y gestionar su aplicación, convertirse en una izquierda institucional gestora de un sistema que no se puede cambiar, o buscar un nuevo camino para seguir luchando por la democracia y el fin de la austeridad. Volver a convocar elecciones para que el pueblo tome la palabra no aclara mucho las cosas. Sin duda es lo más democrático, pero la pregunta es: ¿con qué programa? ¿Se va a presentar Tsipras de la mano de Lagarde reclamando una quita de la deuda y su reestructuración mientras aplica las mismas políticas que aplicó en su día Nueva Democracia?

La Plataforma de Izquierdas, con sus 25 diputados y diputadas, ya ha anunciado que formará un nuevo partido bajo el nombre de Unidad Popular, con la intención de construir un frente amplio progresista contra la austeridad que apueste por la salida del euro como punto de partida para empezar a aplicar políticas contrarias al memorándum. Esta escisión dará lugar a un nuevo escenario todavía incierto.

Hoy por hoy a nadie le parece posible ganar unas elecciones con un programa de ruptura real con la UE y el Euro, pero eso no significa que no exista una gran cantidad de descontento y desafección que puede ser perfectamente capitalizado por los nazis de Amanecer Dorado si la izquierda les deja el campo libre. En ese sentido, cabe saludar y celebrar la iniciativa de la Plataforma de Izquierdas. Se abre así la posibilidad de tejer alianzas con otras fuerzas de la izquierda radical entre las que destaca Antarsya, que ha defendido siempre la salida del Euro y una estrategia de ruptura que ahora muchos ven como la única opción válida.

Antarsya es una coalición anticapitalista marginada electoralmente por la posición hegemónica de Syriza, pero que representa una fuerza importante en el movimiento obrero y el conjunto de luchas sociales. Hay que pensar que el éxito de esta nueva formación no dependerá exclusivamente de los resultados electorales. No olvidemos que el gobierno de Tsipras no sólo ha traicionado su programa y a sus votantes, también a ese impresionante movimiento de resistencia que durante años salió a la calle contra la austeridad y que fue el caldo de cultivo del crecimiento de Syriza. Sin ese movimiento en pie de guerra, no habrá ruptura posible.

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