Agenda anticapitalista

La política de pactos postelectorales de Podemos

02/03/2015

Jesús M. Castillo

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Se acercan las elecciones andaluzas, las primeras de 2015, un año repleto de citas electorales. Los resultados de estas elecciones mostrarán que el bipartidismo del PPSOE es historia. Desde Podemos vamos a por todas con la ilusión de abrir un nuevo periodo en el panorama político en el que la gente trabajadora decidamos sobre aspectos básicos de nuestras vidas como el empleo, la vivienda, la alimentación o el medioambiente. Sin embargo, aunque el objetivo general es ganar, una tras otra, todas las elecciones y echar a la “casta” de todos los gobiernos, somos conscientes de que no es una tarea fácil y de que es probable que, en más de una ocasión, los resultados electorales arrojen parlamentos multicolores sin mayorías absolutas. Entonces se abrirá el debate sobre posibles pactos postelectorales. La intención de este breve texto es aportar a este debate desde ya, pues los tiempos suelen ser breves para mantener un debate profundo y sosegado a la hora de tomar decisiones tan importantes como un pacto postelectoral.

Nadie duda sobre la imposibilidad de que Podemos pacte un gobierno con el Partido Popular (PP), pues se trata de dos partidos políticos enfrentados en lo más profundo de sus ideologías. Ni las bases del PP, ni las de Podemos, comprenderían ni apoyarían un pacto imposible como éste.

El panorama es mucho más favorable respecto a posibles pactos de gobierno con Izquierda Unida (IU) y otras formaciones de izquierda como Equo. De hecho, ya se están dando pactos preelectorales con algunas de estas formaciones para la conformación de candidaturas conjuntas. Los programas políticos de Podemos y de estas iniciativas de izquierda se asemejan, por lo no parece complicado llegar a gobiernos conjuntos en base a acuerdos programáticos más o menos rupturistas.

El debate más interesante viene cuando se ponen sobre la mesa pactos postelectorales de gobierno con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Desde la dirección de Podemos se explica que los pactos se decidirán, como mandan nuestros estatutos, en votaciones de las bases del partido por Internet y se harán, en todo caso, negociando sobre un programa de gobierno concreto. En esta línea, Pablo Iglesias afirmaba que “en el caso de que tuviera que plantear pactos, nosotros no somos sectarios. Ahora, ¿tengo confianza en que eso [un pacto con el PSOE] pueda ocurrir? No, no tengo ninguna confianza”.

Creo que en la política de pactos de gobierno debemos analizar la historia, la estructura orgánica y el funcionamiento interno de las formaciones políticas con las que se planteen estos pactos. Y si analizamos el PSOE, estoy de acuerdo con Iglesias en que este partido no me inspira ninguna confianza.

Una y otra vez vemos como se incumplen programas electorales y pactos programáticos de gobierno (sin ir más lejos miremos al pacto entre PSOE e IU en la legislatura que acaba en Andalucía). En los papeles cabe todo, pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Quizás, tras duras negociaciones, Podemos podría llegar a un acuerdo programático con el PSOE, pero dada la falta de democracia interna en este partido, la infiltración que en el mismo tiene el poder económico y a la inversa, las astronómicas deudas que tiene con la banca y sus acuerdos de fondo con poderes fácticos a todos los niveles (desde el local al internacional), un acuerdo programático mínimamente rupturista con el PSOE sería papel mojado. EL PSOE juega, en función de la coyuntura política, y de si se encuentra en el gobierno o en la oposición, a mostrar un discurso y unas caras más o menos de izquierda, pero en el fondo su ADN político no cambia: es un partido que se debe por naturaleza a mantener el estatus quo imperante, lo que se refleja ahora en ser el protagonista de una deseada Segunda Transición en la “que cambie todo para que nade cambie”.

Si Podemos contase con mayoría en el gobierno, el PSOE intentaría continuamente boicotear la acción de gobierno desde dentro; sería como tener al enemigo en casa. Un pacto con el PSOE en minoría significaría chantajes e inestabilidad permanentes. Además, Podemos le estaría ofreciendo al PSOE una tabla de salvación para escapar del hundimiento total, su “pasokización”, al permitirle formar parte de un nuevo gobierno progresista de manera que podría vender un supuesto papel de socialdemocracia moderna y responsable.

Por el contrario, si Podemos estuviese en minoría en un gobierno con el PSOE, recibiría el “abrazo del oso”, como le ha pasado previamente, por ejemplo, a IU y al Partido Andalucista. La sombra del PSOE y sus políticas neoliberales dibujarían a Podemos como una opción política totalmente prescindible, pues para apoyar a una muleta del social-liberalismo mejor votar a éste directamente o a otras alternativas que lo enfrentasen seriamente. Formar parte de un gobierno que miente al decir que no recorta ni privatiza cuando lo hace, el doble discurso del PSOE, sería lo peor que podría pasarle a una opción política nacida del Movimiento 15M como Podemos.

En definitiva, entrar en un gobierno conjunto con el PSOE, ya fuera en minoría o en mayoría, sería un error histórico para Podemos. Los que abren las puertas a esta opción la defienden frente a la derecha rancia del PP sin valorar que en materia económica “PSOE y PP la misma mierda es” y que la lucha política es una carrera de fondo, con esprines, pero una carrera de fondo. Las prisas son malas consejeras. Creo que, si no tuviésemos la mayoría suficiente para tomar las instituciones de forma coherente con nuestras ideas, sería mejor esperar a tomar las instituciones en un segundo round electoral. Esta “espera” nos permitiría llegar con una base social más amplia y mejor organizada, la cual podría perderse de entrar en el gobierno a cualquier precio. Además, debemos ser conscientes de que no solo cambiamos nuestra realidad desde las instituciones, sino que el cambio realmente nace en las luchas en las calles y los centros de trabajo. Esta perspectiva debe darnos frialdad y permitirnos elegir los ritmos adecuados en los planos electoral e institucional.

La mejor opción, si se diera el caso de no poder formar un gobierno consistente, sería dejar al PSOE solo en el gobierno (absteniéndose si está en mayoría en el parlamento o, si no tiene mayoría, apoyando su investidura sin entrar en el gobierno frente a un posible gobierno del PP). Así tendría que pactar medidas concretas con Podemos si realmente quiere romper con el austericidio, repartir las riquezas, asegurar los derechos básicos e impulsar la democracia. Sin embargo, en esta situación de gobierno débil, es más que probable que el PSOE acabara pactando con formaciones política de derechas para poder impulsar su programa y cumplir con sus acreedores. Entonces, Podemos aparecería claramente como la única alternativa política creíble para la gente trabajadora.

En todo caso, más allá de los pactos postelectorales, tras las elecciones la clave seguirá estando en ejercer el poder popular desde las calles y los centros de trabajo para defender a gobiernos realmente rupturistas, al mismo tiempo que se les controla democráticamente desde abajo y se marca la agenda política mediante la lucha y la autoorganización popular.

Jesús M. Castillo es activista de En lucha, e integrante del consejo ciudadano de Podemos en Sevilla y del círculo del barrio de la Macarena.

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