Agenda anticapitalista

La mujer trabajadora en Líbano: entre la participación y la discriminación

01/04/2015

Walid Daou

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Muy pocas son las ocasiones en las que se habla del papel de la mujer trabajadora en los libros que tratan sobre el movimiento obrero y sindical en Líbano, a pesar del aumento de la incorporación de la mujer en el mercado laboral y de los grandes sacrificios que ha hecho en la lucha sindical, como el martirio de Warda Butrus, la trabajadora en la fábrica (Rigi) en el año 1946 y Fatma Jauaya, la trabajadora de la fábrica (Gandur) en el año 1972. Así mismo encontramos contradicciones en la literatura en cuanto a la proporción de mujeres en el conjunto de la población obrera. El estudio sobre la situación socioeconómica en Líbano “Situación y perspectivas” indica que el porcentaje llegó en el año 1970 a cerca de 17%, contradiciendo clarísimamente las cifras contenidas en el libro de Taufiq Gaspar. En el año 1973 él estima que la proporción de mujeres que trabajaban en el sector agrícola en el sur de Líbano era del 48%, mientras que el estudio citado la ubica en 21% para 1970. Fuera del sector agrícola las Naciones Unidas sitúan el porcentaje de la participación de la mujer en el trabajo en el 11% para el año 1960, mientras que la Organización Mundial del Trabajo la estima en un 17% para el año 1961 respecto a la contratación en el sector privado (Gaspar, pagina 294, 2005). Gaspar vuelve a asegurar que el porcentaje de las mujeres obreras en el año 1970 es del 14,3%, en base a las estimaciones de la encuesta de la población activa del año 1970, la cual “vemos como encuesta referencial” (Gaspar, pagina 294, 2005). En cualquier caso, lo que no tienen en cuentan los estudios es el trabajo doméstico no pagado, que por lo tanto es gratuito. Por otra parte no se aplica el código laboral a las empleadas domésticas (artículo séptimo). No solo las mujeres realizan estos trabajos, sino que constituyen la gran mayoría del trabajo doméstico.

Yendo hacia atrás, a mediados del siglo XIX (en el cual floreció la industria de la seda que formó el 22% de las exportaciones del Puerto de Beirut entre 1836 y 1857), “en el año 1873 el porcentaje de mujeres trabajadoras dio un gran salto, llegando al 82,5%” (Uahba Elmanchur, 2008). A causa de la expansión de este comercio, Beirut vio crecer una nueva clase de prestadores financieros y comerciantes de seda. Las familias consiguieron independencia económica de los propietarios feudales a través de la cría de las pupas o del trabajo en las plantas de seda y el traslado de la cosecha a las fábricas o al puerto. También las trabajadoras libanesas han sido Influenciadas por las trabajadoras francesas que cobraban aproximadamente cuatro veces sus salarios.

A pesar de la expulsión de las obreras francesas de la planta de Batater Achouf, las trabajadoras aprendieron las habilidades de la lucha de clase y amenazaban al empleador “con trabajar en la fábrica rival si no se les aumentaba el salario” (Uahba, la misma fuente). También aprendieron acerca del “modo italiano” en las huelgas, bajando la calidad de la seda. Como resultado: “en los años noventa del siglo XIX estas luchas obreras dieron sus frutos, elevando los salarios de las trabajadoras libanesas cuatro veces más” (Uahba, la misma fuente).

Este cambio apoyado en la independencia económica que proporcionó el trabajo asalariado en las vidas de las mujeres, junto con el aumento de la incidencia del divorcio -tras una situación muy diferente- “sorprendió a los trabajadores del ámbito social en la diáspora en EEUU, ya que existía una ausencia del concepto de “ama de casa” entre las inmigrantes libanesas y sirias” (Uahba, la misma fuente). Este cambio radical en la situación de la mujer hizo que el clero impulsara una campaña para defender “los valores de la familia” y “las costumbres” Y, en el año 1914, las trabajadoras del tabaco comenzaron una huelga en Beirut “con la que consiguieron 15 meses de salario pagado al año, así como que los festivos religiosos fueron pagados…esto significó una extraordinaria victoria, incluso con respecto a los estándares actuales” (Uahba, la misma fuente).

Elias Albawari habla en su libro de dos tipos de participación de la mujer en la movilización obrera y sindical: el primero es directo y a través de la propia movilización. El segundo se produce a través de comités “especializados para la mujer” sobre todo en el año 1975.

En el año 1945, durante la huelga de las trabajadoras y los trabajadores de la fábrica de algodón nacional que duró cuatro meses seguidos (y resultó ser de las huelgas más largas), sobresalió una demanda especial “para las mujeres” en la lista de reivindicaciones: “pagar todas las compensaciones del despido cuando las trabajadoras decidan casarse”, si bien es cierto que la consecución de esta demanda conducía a sacar a las trabajadoras del mercado laboral y devolverlas al trabajo doméstico no pagado.

Durante la huelga de las trabajadoras y los trabajadores de la fábrica de Rigui en el año 1945 (que duró un mes y en la que se demandaba una elevación general de los salarios) cae la mártir Warda Butrus por las balas de las fuerzas de seguridad. Esta huelga la considera Malek Abi Sab un factor fundamental de la radicalización de las trabajadoras del tabaco contra la autoridad, trabajadoras que no habían sido organizadas sindicalmente ni militaban en ningún partido político. Cree Abi Sab que los sindicatos de trabajadores y empleados comunistas reflejaron algún tipo de dominación y jerarquía masculina, haciendo menos favorable la afiliación de las mujeres. Pero la huelga mostró los nuevos papeles que podía jugar la mujer. Abi Sab describe esta situación como la expresión de una nueva identidad de género creada en el espacio público, que había sido hasta entonces “exclusivamente” para los hombres. Y añade que esta identidad fue construida por el conjunto de la fuerza social. Esta huelga liderada por las trabajadoras fue desafío en toda regla para las autoridades y generó una fractura en los límites entre lo público y lo privado, cambiando la ubicación que había sido asignada a las mujeres en este esquema.

Veinte años después, las trabajadoras y los trabajadores de la fábrica de Rigui volvieron a la huelga en 1965, asegurando la misma línea radical e igualitaria ente el hombre y la mujer. Las demandas más importantes muestran la dimensión y la importancia de la presencia de la mujer trabajadora en el núcleo del movimiento obrero: “pagar los costos del transporte para todos los trabajadores y trabajadoras; equiparar las trabajadoras con los trabajadores en el aumento de los mínimos y darles 45 paquetes de tabaco al mes al igual que a los hombres; distribución de las recompensas con un porcentaje igualitario entre trabajadores y trabajadoras…”, y estas sólo fueron las demandas que la administración de la empresa sí accedió a otorgar.

El 6 de marzo del 1975 se reunió la UNESCO en ocasión del año internacional de la mujer trabajadora, tomando “una serie de decisiones que formaron las líneas más importantes de la lucha del comité durante el año internacional de la mujer” (Albawari, pagina 318, 1987). Entre las decisiones más destacadas se encontraban: cancelar los artículos injustos y degradantes para la mujer, sobre todo respecto al código penal, el registro de la propiedad y el registro comercial, aprobar un código civil para el estatuto personal que igualara a la mujer con el hombre, una educación gratuita y obligatoria, abolir el sexismo en los puestos de trabajo, en los dos sectores público y privado, desarrollar una ley electoral basada en el porcentaje que permitiese a la mujer la participación política, y aplicar la ley del salario mínimo de forma igualitaria entre el hombre y la mujer.

Y de esta época habla Izat Charar Baidun en un artículo titulado “La liberación de la mujer: ¿en el contexto de la liberación de la sociedad o a pesar de ello?”, y comenta que en los años sesenta y setenta del siglo pasado se expandió el argumento de que “la liberación de la mujer se consigue en el contexto de la liberación del conjunto de la sociedad frente a los obstáculos planteadas frente a esta” (Charar Baidun, 230, 2010). Los obstáculos mencionados pueden ser la ocupación extranjera, pero también la clase capitalista. Sin embargo cuando las mujeres se unieron a los partidos de la izquierda y nacionalistas, fueron dominados “los requerimientos de su feminismo, haciendo que el feminismo se debilitara y desapareciese” (Charar Baidun, 231, 2010). Las demandas feministas quedaron subyugadas a las prioridades de estos partidos. Se formaron comités de mujeres, algunos de ellos con un papel patrocinador y otros, como “los comités progresistas” defendieron los derechos de la mujer. El papel de la mujer disminuyó durante la guerra y se convirtió en el de apoyar a los hombres, siendo la mayor parte de su trabajo el hospitalario. Sin embargo esto no deja de lado el papel activo de las mujeres en los movimientos contra la guerra civil, especialmente en 1986 y 1987, y en lo que Kassan Salibi llamó en su libro “La unidad hace la fuerza” “la resistencia civil contra la guerra”. Esta resistencia se produjo de distintas formas, entre ellas: actividades culturales, escolares, deportivas, campamentos de verano, encuentros entre grupos de distintos cultos, concentraciones simbólicas en los cruces que separaban las zonas de amortiguamiento, marchas pacíficas…etc.

Y acaba Izat Charar Baidun su artículo mencionado anteriormente con lo siguiente afirmación: “la liberación de la mujer del sexismo contribuye con toda probabilidad a la liberación de la sociedad”.

Walid do. El foro socialista (Líbano)
Traducido por Ahmed Salec

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