Agenda anticapitalista

La Huelga no es delito, pero debemos practicarla.

12/02/2016

Aitor Bayón

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Este mes de febrero se ha dado un nuevo impulso a la campaña “la Huelga no es delito” promovida por CCOO y UGT y secundada por el resto de sindicatos y el sindicalismo alternativo. Esta campaña viene motivada por los cientos de casos de represión que se han dado en el marco de las huelgas sectoriales y en las últimas generales 29S, 29M, 14N. Actualmente hay cientos de personas a la espera de juicio, en juicio, con condenas, absueltas y con multas por el mero hecho de ejercer su derecho a la huelga.

Recordamos que desde 2008 vivimos una crisis económica y social de dimensiones internacionales, y que la mejor herramienta que tiene la Clase Trabajadora para hacer frente a esta situación creada por el capitalismo es la resistencia y la huelga. Ya que mediante ese acto se ataca directamente a lo que les importa, sus beneficios económicos y se demuestra quienes son las personas que generan la riqueza social.

En la legislación del estado español está recogido, en el artículo 315.3 del Código Penal que quienes “coaccionen a otras personas a iniciar o secundar una huelga” pueden ir a la cárcel de un año y nueve meses a tres años, pues bien, aunque en la Constitución se reconoce la huelga como un derecho fundamental, la Clase Capitalista se ha encargado de legislar contra las personas que ejerzan este derecho de forma activa. Como en otras ocasiones vemos que las leyes, aunque hasta hace poco no se hayan utilizado de forma masiva, están ahí para ser empleadas cuando les interese, como es en estos últimos años.

La campaña viene acompañada de un informe de CCOO en el que hablan de más de trescientas personas en situación de represión, y eso que el informe no nombra a todas las que no sean afiliadas a ese sindicato o a UGT, es decir, las pertenecientes a movimientos sociales o al sindicalismo alternativo. La campaña la “Huelga no es delito” se centra en las huelgas generales de 2010 contra la reforma laboral del PSOE en la que entre otros casos se denuncia la detención de los 8 trabajadores de Airbus en Getafe y a los que piden unos 64 años de cárcel por participar en el piquete, recordamos de paso que en Getafe fue donde un policía sacó su arma y disparó siete veces al aire, un hecho muy grave que debía taparse con algo, como puede ser la detención de sindicalistas. Las huelgas generales de 2012 contra la reforma laboral del PP se saldaron también con centenares de personas detenidas y entre otros casos significativos, la detención de Isma y Dani, estudiantes de Barcelona que pasaron treinta y cuatro días en prisión y que tres años después fueron absueltos, o el caso de Alfon, vecino de Vallecas, víctima de un montaje policial, condenado a cuatro años de cárcel, de los que ya lleva más de seis meses. A la campaña y su manifiesto se han sumado la mayoría de sindicatos, también los alternativos y esto sirve para que no solamente se denuncien unos casos, los ligados a la afiliación de los sindicatos mayoritarios, sino todos los caos represivos, pues todos forman parte de la misma represión contra el movimiento obrero y los movimientos sociales.

Quiero señalar también que este mismo mes de febrero se cumplen 4 años de la aprobación de la Reforma Laboral del PP, continuadora de la del PSOE y que ha supuesto uno de los mayores ataques a nuestras condiciones de vida y trabajo, pero es curioso y detestable que también se vayan a cumplir 4 años desde la última huelga general. Cuando las huelgas generales se convocan por los sindicatos mayoritarios para cubrir el expediente, frente a ataques de la patronal y sus gobiernos como son las reformas laborales, pasan dos cosas: por un lado no se toman en serio, ya que las trabajadoras y trabajadores saben perfectamente que ese acto protocolario, un día de huelga, no hará caer la reforma que lo motiva y de esta forma muchas tienen la excusa perfecta para no moverse y otras entienden que será inútil aunque sí hagan huelga, lo que en ultima instancia no ayuda a generar la tensión necesaria para tumbar la reforma laboral. Por otro lado, la falta de tensión, alimentada por esa manera de convocar huelgas generales, además con una separación de varios años entre ellas, y el interés por reforzar la ideología pactista y de moderación tanto desde los sindicatos de concertación como desde la Clase Capitalista, hace que cuando se produce la huelga, a poco que se quiera tener una actitud ofensiva, exista la excusa perfecta para la represión masiva.

Las huelgas generales deben ser herramientas útiles, por tanto deben prepararse bien, con tiempo y sobre todo con objetivos claros. Se deben reforzar cuestiones ideológicas, pues la huelga es también un acto político, no solo el ejercicio de un derecho. Con una huelga general se puede tumbar una reforma laboral, un gobierno e incluso puede herirse de muerte al propio sistema, pero siempre que esa herramienta no esté oxidada o se use mal.

La burocracia sindical desde los Pactos de Toledo, es uno de los pilares fundamentales del régimen del 78 y está suponiendo un verdadero freno a las aspiraciones de cambio que estaban y están presentes desde el inicio de la crisis y sobre todo desde el 15M. La manera de convocar las huelgas generales y la serie de pactos que ha realizado con la patronal y el gobierno estos últimos años, son toda una estrategia para desmovilizar y quitar tensión al proceso de cambio. Pero la izquierda en general y las nuevas formaciones como Podemos en particular, no han hecho un trabajo específico de denuncia a la cúpula, también llamada casta sindical, y de esta estrategia desmovilizadora, en muchos casos, porque tienen lazos con esa burocracia o dan muy poca importancia a la movilización de la Clase Trabajadora con el discurso ciudadanista.

Los centros de trabajo son un elemento fundamental para cualquier cambio político y social y al igual que no llegó a ellos el 15M, tampoco han llegado los partidos del cambio. Y no se llegará hasta ellos hasta que no se articule una crítica a la burocracia y unas alianzas potentes con las bases de esas organizaciones y con el sindicalismo de clase y alternativo. Sin movilizar a la Clase Trabajadora e introducir un clima de debate, confrontación y movilización dentro de los centros de trabajo, los cambios que se puedan dar serán mínimos y estarán constantemente amenazados, de esa forma no tendremos la capacidad de respuesta ante nuevos ataques patronales y lo que es peor, no podremos pasar a la ofensiva.

Fuente foto: www.radioela.org

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