Agenda anticapitalista

La huelga de la limpieza de Madrid: una victoria contra el neoliberalismo

18/11/2013

Redacción En lucha

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La lucha, es el único camino. Lo han demostrado 6.000 trabajadores y trabajadores de la limpieza viaria y de parques y jardines del Ayuntamiento de Madrid. Por supuesto, se puede hablar de lo que se ha perdido: el ERTE de 45 días al año durante cuatro años supone una pérdida económica de aproximadamente un 12% de salario y congelación del salario.

También es posible que rechazando el acuerdo pudieran haber conseguido más, como ha argumentado una parte de la plantilla en las asambleas que aprobaron el acuerdo. Sin embargo, a pesar de todo esto, hay que decir alto y claro que la huelga ha sido un gran éxito y una victoria por varias razones.

Por un lado en el contexto actual, con la empresa tratando de despedir a 1.134 personas y reducciones de salario de hasta un 43%, forzar a la patronal a retirar todos los despidos es un resultado inédito. Pero la lucha tiene importancia más allá del balance de lo que ha conseguido y lo que no. Es una confirmación de la eficacia de la huelga como arma. Y no cualquier huelga, porque fue una huelga indefinida luchada sin respetar los servicios mínimos. Se suma a otros ejemplos madrileños de los últimos años como la huelga de conductores y conductoras del metro y la de la limpieza del metro, que muestran cómo luchar para ganar. Se debe destacar también la participación de CCOO y UGT además de la CGT y otros sindicatos alternativos. De hecho, el primer sindicato en convocar la huelga indefinida fue UGT, lo cual muestra que sí se puede presionar a los sindicatos mayoritarios para actuar a través de la propia acción de la plantilla.

Pero no sólo es nuestro lado el que mira estas luchas y saca conclusiones. En esta ocasión tanto patronal como gobiernos se estarán preguntando si mereció la pena emprender el camino hacia el pretendido ERE. Según las cifras las empresas perdieron medio millón de euros en los trece días de huelga, además de otro medio millón en reparación de mobiliario y contenedores y 672.000 euros por cada uno de los dos días que han trabajado los esquiroles. Las otras empresas se lo pensarán dos veces si saben que van a enfrentarse a una respuesta parecida.

Todo esto se veía en la cara de la alcaldesa de Madrid Ana Botella. En la rueda de prensa apenas podía contener la frustración al pedir una ley de huelgas que “proteja a la ciudadanía contra los efectos de este tipo de conflictos”. Sacaba pecho aclamando la flexibilidad permitida por la reforma laboral como factor clave en la resolución de la huelga, dejando de lado que es precisamente esta flexibilidad la que permite el ERE como medio de despido masivo sin la necesidad de negociar.

La realidad es que Botella está cada vez más debilitada. En parte por su falta de capacidad de conseguir que se cumplieran los servicios mínimos y además por verse obligada a recurrir a una empresa pública para romper la huelga admitiendo de facto el fracaso de la lógica de la privatización. Frente la negativa de la plantilla de Tragsa a llevar a cabo la tarea de esquirolaje el Ayuntamiento tuvo que contratar a esquiroles a través de la ETT Randstad, algo totalmente ilegal ya que Tragsa esta amenazada por otro ERE y no se puede despedir mientras se contrata a otras personas.

Los trabajadores y trabajadoras de la limpieza han dado un golpe de autoridad encima de la mesa que resonará durante mucho tiempo en medio de un ambiente de recortes y despidos. Su ejemplo de lucha es algo de lo que nos debemos contagiar a la vez que difundimos las lecciones de esta huelga y extendemos el ejemplo.

 

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