Agenda anticapitalista

La gran revuelta por el derecho al agua en Irlanda

16/12/2014

Mary Smith

right2water
En otoño de 2014 ha tenido lugar una enorme revuelta por parte de la clase trabajadora irlandesa en contra del intento del gobierno de coalición del partido conservador Fine Gael y el Partido Laborista de imponer drásticas subidas en el precio del agua. Estas subidas han sido lo más reciente en una cadena innumerable de medidas de austeridad impuestas por orden de la Troika como parte del inmenso rescate de los bancos irlandeses.

También formaban parte de un plan de privatización del agua en Irlanda, planeado junto con Denis O’Brian, el empresario más rico de Irlanda. O’Brian, que controla la mitad de los medios de comunicación irlandeses, obtuvo un contrato para instalar contadores de agua en todos los domicilios de Irlanda.

El carácter obrero de este movimiento ha sido muy llamativo. El tema de los precios del agua salió a la palestra previamente este año en una importante conferencia convocada por People Before Profit (“Las personas antes que los beneficios”, iniciativa donde participan el SWP, organización hermana de En Lucha en Irlanda), y dos sindicatos importantes, Unite y Mandate, entre otros. En esta conferencia se proclamó el agua como un derecho humano y fue de aquí de donde surgió la gran campaña Right2water (derecho al agua), que ha unido a varios sindicatos, la izquierda, Sinn Fein (el partido nacionalista radical más importante de Irlanda), y muchas otras campañas comunitarias, para convocar las grandes manifestaciones.

Pero realmente ha sido en los barrios obreros de Dublín y otros lugares, como Clondalkin y Edenmore, donde realmente ha surgido una resistencia desde la base en contra de las subidas del agua. La gente en estas áreas llevan sufriendo un martilleo constante durante los últimos seis años y su paciencia estaba ya al límite. A su vez, los contadores de agua eran algo a lo que, a diferencia de muchos de los recortes y la odiada tasa de propiedad (que podían ser descontados de los salarios o las prestaciones de las personas), la gente podía ofrecer resistencia en sus comunidades.

Lo que sucedió fue que la gente, a veces alentada por People Before Profit, organizó reuniones locales en las calles cuando se enteraban de que los de la compañía Irish Water iban a venir. Salían de madrugada y les bloqueaban para que no pudiesen instalar los contadores. Con frecuencia daba resultado, obligándoles a retirarse, pero en algunos casos llevaba a intervenciones muy agresivas por parte de la policía.

Entonces, el 11 de Octubre, hubo una manifestación nacional en Dublín, convocada por Right2Water. Sin riesgo de equivocarse, se puede afirmar que, ni los convocantes ni los manifestantes, y en especial ni el gobierno ni los medios, se esperaban algo como lo que ocurrió. Algunos pensaban que sería una manifestación en contra de la austeridad como cualquier otra. Otros con más conocimiento de la situación se esperaban unas 20.000 personas. En la manifestación participaron 100.000 personas.

Aquí hay que tener en cuenta que la población total de la República de Irlanda es solo de 4.5 millones. 100.000 personas en Dublín es el equivalente a más de un millón en Londres. Y lo que es más, aunque los líderes de sindicatos involucrados en la campaña Right2Water jugaron un papel importante a la hora de enfocar la cuestión, la manifestación en sí tuvo una gran espontaneidad que venía desde las bases. Desde este momento estaba muy claro que estábamos en medio de una revuelta abierta.

Esto se confirmó cuando tres semanas después se convocaron marchas locales en todas las ciudades de Irlanda y por todo Dublín. En total 106 manifestaciones. De nuevo, la asistencia fue inmensa, más o menos unas 200.000 personas en total, grupos de miles de personas marchando por pueblos y barrios locales.

El gobierno, muy sobresaltado, respondió con grandes concesiones sobre el tema y con un ataque brutal hacia el movimiento a través de los medios de comunicación. Por un lado, redujeron notablemente las subidas, pospusieron su puesta en marcha, redujeron de forma drástica la penalización por el no pago, y ofrecieron 100 euros de incentivo por su cumplimiento.

Por otro lado, se agarraron a un incidente en el que unos manifestantes bloquearon de forma pacífica el paso del coche de Joan Burton, líder de los laboristas, para declarar que el movimiento “se estaba volviendo violento” y que estaba siendo tomado por radicales, infiltrado por “elementos siniestros” e incluso, en un momento de locura, que llegaba a parecerse a ISIS.

Su estrategia estaba muy clara, dividir la campaña entre los “moderados” y “razonables”, que eran mayoría, frente a la gente “militante” y de “izquierda radical”, siendo éstos minoría. Fue un enorme fracaso. La clase trabajadora irlandesa no se tragaba ni la propaganda ni las concesiones, y una de las respuestas más claras fue la tercera manifestación masiva de la campaña; las 100.000 personas que se manifestaron en las puertas del Leinster House (el parlamento) a la una del mediodía el miércoles 10 de diciembre.

Una de las razones de todo esto es que, como todo el mundo comprende, se trata de algo más que del agua. La cuestión de la subida del agua se ha convertido en una chispa que ha servido para acumular rabia de la sociedad irlandesa hacia el estado y lo que ve la gente como la traición por parte de sus políticos, especialmente por parte del Partido Laborista. Se están ganando batallas y por primera vez huelen la victoria.

Otra razón es la rápida radicalización y politización, que se ha extendido como una ola por la clase trabajadora. Que hay que tumbar al gobierno ya es un consenso del movimiento. De acuerdo con los últimos sondeos, los partidos de derecha Fianna Fail y Fine Gael, que han dominado la política irlandesa desde los años 30, no podrían formar gobierno ni siquiera con una coalición; los laboristas se enfrentan a una total aniquilación. Esto deja a Sinn Fein como el partido más grande y a los “independientes”, incluyendo a los partidos minoritarios de la izquierda como People Before Profit y la Anti-Austerity Alliance (Alianza contra la Austeridad), al frente.

Esta situación supone para la campaña y la izquierda dos grandes retos. Primero, ¿cómo utilizar nuestra ventaja para realmente vencer y acabar con las subidas en el nuevo año? Y segundo, ¿cómo asegurar que estas grandes revueltas reciben una representación adecuada en las siguientes elecciones? La izquierda irlandesa ahora tiene una gran responsabilidad para cumplir con estas cuestiones tan urgentes.

Mary Smith
, miembro del SWP Ireland.

Traducido por Ella Macdonald

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