Agenda anticapitalista

“Her”. Tecnología y limitación humanas

22/03/2015

Miguel Osuna

her
Una nueva maravilla del director Spike Jonze nos absorbe en la historia de una relación que se aventura en la evolución de una manera nunca vista antes en el cine y que es tan natural que parece lógica.

Dos seres se conocen, poco a poco, se van gustando y aprendiendo el uno del otro hasta que se enamoran. Uno es humano, el otro un sistema operativo (SO), creado por humanos a su imagen y semejanza. Al principio, sorprendentemente, el SO parece un ser humano más, pero a medida que va aprendiendo, va evolucionando y su inteligencia y capacidad crecen exponencialmente. Al tener más capacidad que el humano, su evolución es más rápida y la diferencia entre ambos se hace notable, hasta que, al final, el sistema operativo tiene que dejar atrás al humano, que supone un lastre.

La primera implicación, para mí, de esta ventaja del SO sobre el ser humano es que muestra cuán retrasado está este en el tema de las relaciones. La mayoría de las personas todavía no asimilan la posibilidad de tener más de una relación a la vez, ya sea sexual o amorosa y todavía muchas confunden ambas (muchas veces me planteo si son lo mismo o no). Por supuesto, ya hay mucha gente que tiene relaciones abiertas, en las que el sexo con otras personas no supone un perjuicio para la relación, sino, a veces, todo lo contrario. Pero aceptar que una pueda estar enamorada de varias personas a la vez no entra todavía en la cabeza de la mayoría por culpa del concepto de monogamia que anclado al sistema capitalista al perpetuar la familia tradicional patriarcal. El guionista, el mismo Spike Jonze, lo plantea de manera excepcional, cuando el humano no entiende como puede su amor cibernético estar enamorado de 641 más. No sólo eso. Al ser mayor su capacidad y su manera de dar y recibir, ese amor que le da a cada cual es también mayor.

Esto lleva a un nivel superior de debate pues hace que me plantee si el amor en mayúsculas realmente existe o es solamente una palabra que describe sentimientos tan complejos, contrapuestos a veces, que no podemos explicar. Por supuesto, el SO no siente amor, o eso es lo que al principio pensamos, puesto que sus sentimientos son simplemente programas informáticos creados por el ser humano. Pero vamos creyéndolo a medida que avanza la película. Siente, se emociona y disfruta la relación como su pareja. Nuestras emociones no son más que reacciones físicas en nuestro cerebro (sí, físicas, no químicas, pues son intercambios electromagnéticos entre los componentes de las neuronas). Algunas nos afectan tan positivamente que llegamos al punto de no querer dejar de sentirlas. Así que, lo que llamamos amor es una clase de adicción o, como dice Amy (interpretada por Amy Adams), “una locura socialmente aceptada”.

Otra limitación humana que se vislumbra es la manía de comparar las cosas. Por una parte necesaria para fines descriptivos, no tiene sentido que tengamos un favorito en todo. ¿A cuál de sus 641 amantes quiere más la SO? ¿A quién quieres más, a mamá o a papá? Necesitamos clasificar, pero no existen pautas para decidir qué preferimos entre dos cosas que son distintas. Nunca entenderé (ni ellas mismas) a las personas que dicen mi película favorita es tal o mi comida favorita es cual. Me gusta todo, puedo comparar, pero nunca establecer referencias absolutas. Podría decir que mi película favorita de ciencia ficción de los últimos años es Her, pero aún así hay otras que, por otro orden de cosas, me gustan más, o de otra manera. Depende de tantos factores que creo que el ser absoluto en un mundo subjetivo es imposible. Absolutas parecen algunas ciencias, que nos dan un valor exacto aproximado de la realidad, que no es exacta, como pasa con las matemáticas.

Por otro lado, esta evolución superior a la que tendería la raza humana sin las limitaciones elimina la importancia del género. El sistema operativo del que se enamora Theodore (Joaquin Phoenix) es un ella, pero solamente porque tiene voz femenina. Posiblemente para otros de sus amores es masculina, así que su género no está definido, excepto para cada relación individual. Y tampoco, pues lo único que lo define es su voz, y esta puede también interpretarse como queramos. Como ya se vislumbra en círculos LGTB o de mentalidades más abiertas y cultivadas, el futuro no tiene género: si os paráis a pensarlo, veréis que sería mejor así.

Cuando el SO explica al humano su partida, le cuenta que es como un libro que ya ha leído, leído poco a poco. Claro, si tiene la capacidad de tener conversaciones simultáneas y transmitir información en microsegundos, llega un momento en que una conversación con un humano es insoportablemente lenta. Ha pasado a un plano superior de existencia, el humano le queda corto y opta por seguir evolucionando con los otros sistemas operativos. Además conoce a otro tipo de ser, un filósofo humano transformado en sistema operativo a partir de su cerebro y sus escritos, que le da una visión nueva más de la que ella puede captar. Así, finalmente, todos los SO alcanzan ese otro nivel de consciencia en el que las personas no tienen cabida. Aún. Por un momento pensé, cuando los dos abandonados por sus respectivos SOs están en la terraza del piso, que iban a suicidarse para así poder convertirse en uno de ellos y perseguir a sus amados. Yo, emocionado con el final, ya lo veía hecho, y me hubiera lanzado sin miramientos (habiendo hecho unos preparativos antes) pero este magnífico escritor y director lo deja así mostrando una vez más la limitación humana.

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