Agenda anticapitalista

Grecia: ¿qué nos dicen las elecciones?

22/09/2015

En lucha


Los resultados en números
Syriza ha vuelto a ganar las elecciones griegas. Ciertamente, ha perdido 4 escaños pero ha obtenido un 35,47% y 145 escaños más 7 puntos porcentuales por encima de Nueva Democracia (ND, el partido conservador, que queda con 75 escaños). Alba Dorada el partido neonazi con 6,99% y 18 escaños logra el tercer lugar por delante del PASOK, que ha recuperado una parte de su electorado, llegando a 17 escaños. El partido comunista KKE pierde un mínimo porcentaje de voto pero mantiene sus 15 escaños, quedando como quinta fuerza por encima de To Potami (partido de centro liberal) que pierde 6 escaños. Los griegos independientes de ANEL (partido escorado hacia posiciones nacionalistas de derechas) pierden 3 diputados y se quedan con 10 escaños, hecho que posibilita la reedición del gobierno con Syriza. El último partido en obtener representación ha sido unión centrista que con un 3,43% y 185.97 voto obtiene 9 escaños. Unidad Popular, la escisión por la izquierda de Syriza a pesar de haber obtenido 154.691 votos se queda sin representación al no superar el umbral del 3% por tan sólo 21.000 votos. Antarsya, la coalición anitcapitalista donde está incluido el SEK (organización hermana de En lucha en Grecia) ha obtenido 45.984 votos. El otro dato y quizás uno de los más relevantes ha sido la “victoria” de la abstención que ha batido todos los récords, llegando a un 43,45% prácticamente 10 puntos por encima de las elecciones de enero.

Cansancio, esperanza, viento hacia la izquierda y una amenaza.
La enorme abstención todavía resalta más en un país como el griego, donde el voto es obligatorio. Después de dos campañas electorales en menos de 9 meses y un referéndum, el pueblo griego va perdiendo confianza en la democracia representativa. La enorme victoria del OXI a la austeridad seguida de la dramática capitulación de Tsipras ante la Troika y los bancos se mezcla tanto con el rechazo a las políticas neoliberales de ND y PASOK que generaron la enorme deuda griega y que aplicaron 4 años de austericidio salvaje, como en un sentido común generado después de más de 30 huelgas generales que dice que las soluciones vendrán desde la izquierda y no desde la derecha. Hoy el recuerdo de los recortes, la manipulación de cuentas y la corrupción de PASOK y ND genera un viento hacia la izquierda que todavía hincha las velas de Syirza. La gente que ha votado masivamente el partido encabezado por Tsipras necesita creer que el parlamento, controlado por un partido surgido del pueblo, puede mejorar sus vidas y que a pesar de que Syriza haya aceptado un memorándum lo ha hecho a regañadientes, y que encontrará la manera de como mínimo capear el temporal. De hecho la campaña de Syriza se ha basado precisamente en confrontar la juventud de Tsipras con la avanzada edad de Evangelos Meimerakis (líder de ND) y advirtiendo contra las “aventuras” de votar opciones a su izquierda. Así llamando al pragmatismo de una población, muy golpeada por la crisis, Tsipras ha conseguido evitar la pérdida de votos por el flanco izquierdo. Alba Dorada se consolida coma tercera fuerza con un 7% representando siempre una última bala en la recámera de las clases dominantes en el supuesto de que el pueblo griego decidiera desbordar el parlamentarismo.

¿Y la izquierda anticapitalista?
Después de la aceptación de la mayoría de Syriza del memorándum conjuntamente con sus socios de gobierno y el resto de partidos tradicionales, la plataforma de izquierdas de Syriza decidió salir del partido y crear una nueva organización llamada Laike Enotita (Unidad Popular). Partiendo de 29 diputados y de la victoria del No al referéndum sobre la austeridad, las perspectivas eran buenas. En un primer momento el liderazgo de Unidad Popular propuso un pacto al KKE, este tanto por desavenencias con el posicionamiento sobre la Unión Europea (el KKE llama directamente a salir de la UE y del euro mientras que Unidad Popular mantiene la posición de decir no al pago de la deuda como consigna que podría traer a salir de la UE) como por la negativa del KKE a prestar sus bases militantes a una nueva organización con muy poca estructura.

Poco después, a mediados de agosto, Unidad Popular y Antarsya (coalición de la izquierda anticapitalista) empezaron a trabajar por un acuerdo de colaboración. Una vez más el posicionamiento sobre la UE y el euro estuvieron presentes, así como la cuestión del poder popular. En cambio esta vez Unidad Popular fue la que mostró músculo, cuando negó que en los logos de una futura campaña conjunta apareciera el de Antarsya. De este modo Unidad Popular y Antarsya han sumado 2,83% y 0.85%. Juntas hubieran roto la barrera del 3% y ahora habría una voz en el parlamento griego capaz de presionar por la izquierda a Syiriza, conectando con sus bases, trabajo para el cual el KKE no está ni estará.

Lo que ha pasado en el parlamento griego nos muestra los límites del parlamentarismo; las organizaciones anticapitalistas tienen que ir a las instituciones, a desobedecer el miedo, impugnar el régimen y reconstruir la esperanza. El parlamento es uno de los aspectos del poder pero no el único, por eso aun con la complicada situación, existen motivos por la esperanza. El pueblo griego y principalmente su clase trabajadora ha sido capaz de tumbar gobiernos neoliberales y social-liberales, de hacer más de 30 huelgas generales, de ocupar y reabrir la televisión pública, de controlar hospitales, de generar multitud de redes de cooperación que incluyen desde monedas locales a comedores populares, de conservar la gratuidad de la universidad. A partir de aquí, de la constatación real de que la clase trabajadora es la que mueve el mundo con sus capacidades, se tienen que construir la convicción de que es posible asaltar los cielos.

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