Agenda anticapitalista

Grecia: Entre la espada y la pared, está la calle

26/06/2015

Isaac Salinas

Fuente: http://greecesolidarity.org

Fuente: http://greecesolidarity.org

En enero, Syriza ganó las elecciones en Grecia con un claro mandato popular: poner fin a los “memorándums” de austeridad que habían llevado a una situación económica y social terribles: caída del PIB del 25%, tasa de paro del 27% y disminución de salarios, pensiones y gasto social de hasta el 40%.

No tardó mucho Syriza en alejarse de su mandato. Comenzó las negociaciones con la odiada troika, a quien rebautizó con el eufemístico “instituciones”, buscando una solución favorable para todas las partes. Pero tales negociaciones en seguida se mostraron como una simple mediación tecnocrática de las instituciones de la troika que, con total intransigencia, imponen su agenda a Grecia. Syriza, sin embargo, ha tratado de escenificar la apariencia de una ardua lucha con la troika para así hacer más fácil vender el acuerdo firmado con el Eurogrupo el 20 de febrero (y el que previsiblemente se firmará estos días) como un éxito ante la izquierda y la población griegas, ocultando su propia incapacidad para alterar la relación de fuerzas frente a los acreedores.

Lo cierto es que el gobierno griego pospuso indefinidamente sus promesas electorales, como elevar el salario mínimo de 684€ a su valor anterior de 751€ (que no deja de ser un salario de miseria), y continuó con las privatizaciones. Está traspasando ahora líneas rojas en materia de pensiones e impuestos. Ya no se habla de quita de la deuda, exenciones fiscales o nacionalización de la banca. Y ha presentado una propuesta de recorte de cerca de 8 mil millones en el próximo año y medio, con la que cargarán una vez más las clases populares y no afectarán al capital.

Lecciones
Queda clara la lección: no se puede combatir el austericidio con medidas a medias, que no supongan un desafío frontal a la Troika. El FMI, el BCE y la UE no dejarán de presionar al gobierno griego hasta forzar su total capitulación; buen ejemplo de ello es la fuga de capitales de tres mil millones de euros, organizada la semana pasada por los banqueros griegos.

Tsipras y Syriza están siguiendo la misma receta que los gobiernos de izquierda en América Latina, que fracasaron al tratar de negociar con el FMI y terminaron por reconciliarse con banqueros y multinacionales. Un claro ejemplo de ello fue el gobierno de Lula y más tarde Rousseff en Brasil, que pagaron la deuda, acordaron con el FMI profundizar la miseria, alimentando el saqueo y la corrupción. Hoy día, su apoyo popular ha menguado dramáticamente.

El apoyo a Syriza no se ha visto todavía resentido, y según una encuesta reciente un 47,5% de la población votaría hoy al partido de Tsipras. Esa misma encuesta arroja un dato interesante: de entre el electorado de Syriza, un 84% se muestran a favor de no firmar un nuevo acuerdo con el Eurogrupo y abandonar el euro. Del total de la población griega, un 63% vería con buenos ojos una salida del euro. Dos lecturas importantes se desprenden de estos datos: 1/ el “sentido común” es cambiante, especialmente en un contexto político y económico de alta volatilidad, de modo que pierden sentido estratégico los discursos populistas acomodaticios; y 2/ existe una amplia base social que permite movilizar en torno a una estrategia ofensiva de ruptura con el euro y la UE.

En cualquier caso, Syriza no lo va a tener nada fácil para evitar una situación de ingobernabilidad. La dirección del partido se enfrenta a grandes dificultades para aprobar sus propias propuestas, ante la firme oposición de la izquierda del partido (y fuera de él, como hace la coalición Antarsya) a continuar con la austeridad. Al mismo tiempo, las presiones de la Troika pueden provocar un colapso bancario en Grecia, generando una situación de caos que llevaría a unas nuevas elecciones en las que Syriza podría verse desbancada o bien forzada a aceptar un gobierno de concentración nacional con To Potami y, probablemente, Nueva Democracia y lo que queda de Pasok –es decir, aquellas fuerzas favorables al nuevo memorándum de austeridad. La izquierda antiausteridad de Syriza, obviamente, quedaría fuera. Algo así sería sin duda una grave derrota a las esperanzas de cambio social en Grecia. Quizá no se pueda hablar de “golpe de Estado” (como interpretan algunos seguidores de Syriza), pero sin duda sería un duro golpe de Syriza contra su base social.

Entonces, ¿damos apoyo o no a Syriza? El gobierno griego se halla entre la espada y la pared, dado el chantaje que supone la dependencia de las inyecciones de liquidez del BCE para mantener su economía a flote. Pero su desastroso europeísmo le alejó siempre de una ruptura con las instituciones europeas, que hoy día se antoja como condición sine qua non para romper con la austeridad y encontrar una vía alternativa. Para las clases populares, ningún compromiso firmado bajo la amenaza de colapso bancario y fuga de capitales puede revertir en una mejora de sus condiciones de vida. Lo que hace falta, tanto en Grecia como en el Estado español, es un movimiento de oposición a la austeridad que impida cualquier nuevo acuerdo. Es el momento de la ruptura, que pasa por medidas unilaterales contra la deuda y el euro. El potencial de lucha en Grecia sigue ahí, tras la experiencia de los últimos años. No hay victoria posible simplemente confiando en un gobierno de izquierdas. Si el pueblo griego gana y derrota el plan de ajuste, ganamos todas nosotras. Así que hoy, más que nunca, es necesaria la solidaridad internacional con la lucha social en Grecia.

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