Agenda anticapitalista

¿Es la solución un gobierno de izquierdas?

17/12/2013

Rodrigo Alés

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Las últimas encuestas de diversos medios de comunicación coinciden en dos datos: el hundimiento del bipartidismo (entre PSOE y PP no obtendrían ni el 50 % de los votos en el caso de celebrarse elecciones) y un ascenso notable de IU y UPyD. En el caso del ascenso de IU eso podría abrir la puerta a un gobierno de coalición con el PSOE a nivel estatal, como ya han hecho en diversas administraciones autonómicas y municipales.

Planteamientos como los afirmados por el Partido de la Izquierda Europea (del que forman parte entre otras organizaciones IU y Syriza) de refundar la UE y seguir en el marco de la moneda única, no facilitaría un nuevo estado del “bienestar” europeo. Las razones son varias: la UE es una organización al servicio de los grandes monopolios, cuya refundación es imposible. Cualquier gobierno en su seno tiene que asumir que si no se deja de pagar la deuda que ahoga a los estados del sur de Europa, no habrá salida para la mayoría.

Pero auditar la deuda y determinar cuál es la legítima y la ilegítima, enfrentaría a dicho estado contra acreedores como la gran banca alemana y el BCE, que expulsaría a dicho país de la UE o lo presionaría para que no hiciera dichas medidas. Pactando con un partido con el PSOE, que consagró en la Constitución el pago de la deuda por encima de las políticas sociales, parece una empresa imposible.

La aceptación del techo de déficit por gobiernos como el andaluz, con IU en el mismo, no van en la línea de la insumisión ante los grandes poderos económicos y financieros como sería el no pago de esta deuda ilegítima. Las consecuencias, entre otras cosas, han sido miles de profesores despedidos y aulas más masificadas; la propuesta del subdirector de Canal Sur de reducir salarios a los trabajadores del canal público o el despido de cerca de un millar de administrativos de centros escolares. Eso es lo que significa el pago de la deuda.

Dejar de pagar la deuda ilegítima conlleva a una ruptura con la UE, y por lo tanto, con el euro. Es a través de la moneda única como se expresa la imposición de las políticas de la Troika sobre los países del sur de Europa y las clases populares del continente.

No pagar la deuda, salir de la UE y del euro conduciría inevitablemente a una fuga de capitales y para no colapsar el estado debería encaminarse a la nacionalización de la banca bajo control democrático, entre otras medidas (como las subidas de impuestos a las grandes fortunas, un programa de inversión pública, reparto del trabajo y renta básica, etc.) que conducirían a una transformación radical de la economía para que estuviera al servicio del pueblo. Si medidas como la banca pública, mucho menos radicales, no han sido instauradas por gobiernos autonómicos de izquierdas, ¿Serían capaces de caminar ahora en dicha dirección?

Soñar con una regulación del sistema capitalista en un sentido inverso al de los intereses de los ricos, en cualquier estado de la UE, se antoja imposible sin una insumisión a un ente irreformable y cuyos objetivos desde sus inicios han sido estar al servicio de las clases dirigentes del continente.

Lecciones para aprender

En el mismo continente europeo podemos aprender las posibilidades y limitaciones de un gobierno de izquierdas. Sin ir más lejos, en medio de otra crisis económica, en 1981 la coalición del PSF y el PCF ganaba las elecciones en el Estado francés. Fue un proyecto que ilusionó y que empezó aplicando medidas como la subida de los salarios, la edad de jubilación a los 60 años o vacaciones de cinco semanas. Sin embargo, la clase dirigente internacional con el apoyo de la francesa, boicoteó dichas medidas y se produjo una fuga de capitales, lo que condujo a que poco después en 1983, ese mismo gobierno privatizara brutalmente y echara atrás muchas de sus medidas iniciales. En un contexto de una crisis económica aún más brutal, las medidas a medias y sin ruptura con las clases dirigentes estatales e internacionales, conducirían a resultados parecidos.

Sin embargo, incluso antes de llegar al poder para poder alcanzarlo, la izquierda peligrosamente se puede presentar como responsable ante la clase dirigente. Un ejemplo de ello es Syriza, con su defensa de la UE y el euro, romper huelgas o confiar en el estado para luchar contra los fascistas. Esto es un callejón sin salida para el pueblo griego.

Pero también, incluso con contradicciones, algunos gobiernos de izquierdas pueden ir más allá. Gobiernos como el boliviano, el venezolano o el ecuatoriano, muestran que para favorecer a las personas de abajo hay que ir más allá de los planteamientos del Partido de la Izquierda Europea. Sin romper con el régimen de dichos países y enfrentarse claramente a la clase dirigente (por supuesto apoyado ello en la movilización popular) no hay salida posible para las clases populares. También no avanzar más allá del capitalismo estatal redistributivo, presenta problemas en dichos países, pero lo conseguido esboza lecciones para aprender.

Sería un hecho positivo para toda la izquierda y el movimiento popular, que más allá de pactar con el social liberalismo, en el caso del Estado español, IU avanzará institucionalmente. Ello aumentaría la confianza y significaría un avance de las ideas de izquierdas en la conciencia y en el imaginario colectivo. Pero tenemos que ser claros y avanzar que un gobierno de coalición que no caminara hacia medidas radicales no sería nada positivo.

Sin movimientos de base y luchas sociales la capacidad de presión para romper con el régimen serían nulas. Que dichos procesos vayan más allá también depende de la existencia de un izquierda radical fuerte, que ante la utopía de repartir las migajas del capital, plantee ir más allá.

 

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