Agenda anticapitalista

¿Es el programa de Podemos anticapitalista?

04/02/2015

Jesús M. Castillo

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Desde que naciera Podemos ha habido mucho debate sobre la presencia de activistas anticapitalistas en sus filas y sobre la orientación política de su programa. De hecho, somos muchas las personas que venimos participando en este nuevo partido y queremos superar el sistema capitalista para construir un mundo que ponga por delante de los intereses de unos pocos a las personas y su entorno. Pero, ¿el programa político de Podemos es socialdemócrata, reformista o anticapitalista?

A la hora de formular esta pregunta se podría aducir que no hay necesidad de etiquetar un programa en una corriente política determinada o, incluso, que esta catalogación es muy difícil. Y ciertamente lo es, es complicado determinar si una propuesta política al completo, integrada por multitud de medidas, desafía el funcionamiento del sistema socioeconómico imperante o viene a reformarlo para hacerlo más “justo y humano”. Porque que la dirección estatal de Podemos presente, por ejemplo, el documento de medidas económicas de Torres y Navarro -un documento base para el debate en la construcción del programa a las elecciones generales-, como “socialdemócrata”, no quiere decir que lo sea.

Para contestar a la pregunta que titula este artículo debemos analizar si las medidas programáticas planteadas por Podemos desafían el funcionamiento normal del sistema imperante. Esto dependerá, principalmente, de tres factores:

Por un lado, de la medida en sí, si encierra un planteamiento que choque frontalmente con el funcionamiento del sistema. Por ejemplo, apostar por el control democrático de los medios de producción sería, obviamente, una medida anticapitalista.

Por otra parte, el que una propuesta concreta desafíe el funcionamiento del sistema dependerá del contexto social y político en el que se plantea. Las circunstancias sociopolíticas del momento condicionarán la respuesta de la clase dirigente a dicha propuesta, así como la movilización social que se ponga en marcha para conseguirla. Por ejemplo, la propuesta de acabar con los desahucios, que plantea ahora Podemos, ha estado vigente en Grecia durante décadas. Sin embargo, el gobierno conservador de Samarás ha roto con esta medida recientemente en un contexto de crisis económica profundizada por la austeridad de la Troika, cuando el gobierno griego, ahora de Syriza, está enfrentado a pagar una deuda impagable. En este contexto, prohibir los desahucios, recontratar a miles de empleados y empleadas públicas despedidas o hacer que miles de familias pobres no paguen la factura de la luz choca frontalmente con la estrategia austericida y privatizadora del capitalismo central europeo. Así, algunas de las medidas que plantea ahora Podemos, como derogar las últimas reformas laborales, asegurar el “derecho a techo” por ley, una banca pública, acabar con la privatización de los servicios públicos y con las obras de infraestructuras faraónicas, o apostar por la jornada laboral de 35 horas semanales, podrían haber sido asumidas sin gran oposición por la oligarquía capitalista en el periodo de boom económico tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, estas propuestas ahora chocan con la necesidad acuciante del gran capital europeo de mantenerse competitivo a escala internacional acumulando riquezas a cualquier precio y haciendo negocio con las cosas más básicas de nuestras vidas como la sanidad y la educación. Por lo tanto, propuestas políticas progresistas que en otro momento podrían haber sido vistas como reformas sociales audaces ahora, en un contexto de crisis económica profunda en un sistema capitalista maduro y globalizado, pueden desatar una resistencia feroz por parte de los grandes poderes económicos (léase el 1% más rico y sus secuaces).

Además, la naturaleza anticapitalista de una propuesta política dependerá también de la movilización y, por lo tanto, la autoorganización social, que conlleve en su desarrollo. Una medida que se ponga en marcha por la acción gubernamental sin implicar luchas sociales, que a su vez suelen conllevar un reforzamiento del poder popular, no tendrá un marcado carácter anticapitalista, ya que no estará reforzando las bases sociales que en un futuro serán la alternativa al sistema actual. Sin embargo, si la puesta en marcha de una reforma conlleva fuertes luchas en las calles y los centros de trabajo reforzará la confianza en la lucha colectiva, el aprendizaje combativo y la construcción de redes de autoorganización de la gente trabajadora. Estará sembrando así las semillas de luchas futuras posiblemente mejor organizadas y con objetivos más avanzados socialmente. Estaremos en la senda de la construcción de alternativas ideológicas y prácticas al capitalismo.

Obviamente, el grado de movilización desde abajo dependerá de la resistencia que se oponga desde arriba a los cambios, ya sea desde el poder económico o desde el político. Gobiernos progresistas como el de Syriza en Grecia, o un hipotético gobierno de Podemos en el Estado español o en algunos de sus territorios, serían sensibles a las reivindicaciones de los movimientos sociales a los que se deben y de los que dependen. Así, trasladarían la presión desde debajo de los poderes políticos hacia los poderes económicos. Otra opción sería que estos gobiernos progresistas intentaran acallar las luchas con la promesa de que la acción de gobierno traería las reformas suficientes para responder a las necesidades de la gente trabajadora. La historia nos enseña que el mundo no se cambia realmente desde las instituciones para responder a los intereses de la gente trabajadora. Todos los derechos y libertades que disfrutamos los hemos conseguido luchando, arrancándoselos, con mayor o menor esfuerzo, a gobiernos, ya fueran de derecha o de izquierda. Por esto es clave construir poder popular desde abajo, una autoorganización colectiva independiente del gobierno de turno centrada en nuestros barrios y centros de trabajo.

Por lo tanto, ¿es el programa de Podemos anticapitalista? La respuesta está en las luchas sociales de los próximos años en el Estado español del fallido Régimen del 78 con una enorme crisis territorial y en una crisis económica internacional de dimensiones desconocidas. Las crisis evidencian las contradicciones más que nunca y éstas son motor del cambio. Aprovechemos la “ventana de oportunidad” que se nos presenta ahora en el plano electoral y, sobre todo, en el social. Construyamos, luchando desde abajo, poder popular para que el cambio venga de nuestro lado, del lado del anticapitalismo. Los intereses del 1% más rico y sus secuaces son incompatibles con los de mayoría social y nuestro entorno natural. El cambio que necesitamos tiene que ser un cambio anticapitalista, una ruptura democrática y económica lo suficientemente profunda como para poner a las personas y su medio ambiente por delante de los intereses de unos pocos.

Jesús M. Castillo es activista del colectivo anticapitalista En lucha y miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos en Sevilla.

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