Agenda anticapitalista

Defendamos las tierras públicas: recolectar y cazar en tiempos de crisis

14/02/2014

Jesús M. Castillo

Ocupación de la finca "La Turquilla"

Ocupación de la finca “La Turquilla”

Durante la mayor parte de la historia de nuestra especie (Homo sapiens) hemos vivido en sociedades cazadoras-recolectoras. Como nómadas nos desplazábamos en busca de las plantas y los animales que nos servían de sustento, abrigo, energía, etc. Esta fue la forma de conseguir el sostén durante unos 200.000 años antes de la revolución agrícola-ganadera del Neolítico, hace tan solo unos 10.000 años. Aunque clanes familiares y tribus podían explotar sosteniblemente y defender un territorio concreto de sus vecinos, la tierra no fue propiedad de nadie en aquellas sociedades primitivas. Sin embargo, desde la Revolución Neolítica hasta nuestros días, nuestra historia ha sido, y sigue siendo, una lucha por el control del territorio, ya sea en el medio rural, silvestre o urbano.

Actualmente, cuando el capitalismo neoliberal se extiende por la mayor parte del planeta, sigue habiendo una batalla encarnizada por el dominio del territorio que va desde guerras por el control de zonas ricas en recursos naturales (como agua, hidrocarburos o minerales), a acaparamientos masivos de tierras por estados y empresas transnacionales en países empobrecidos, pasando por procesos de gentrificación y especulación urbanística en grandes metrópolis.

En concreto, en el marco de la crisis económica capitalista actual, los intentos de la clase dominante de aumentar beneficios a cualquier precio se están apoyando, en parte, en la privatización de determinadas tierras públicas, que acompaña a la privatización de servicios públicos como la sanidad y la educación. Por ejemplo, el gobierno irlandés recientemente ha intentado vender la mayor parte de los bosques públicos, el gobierno español ha aprobado la venta de fincas públicas (entre ellas ‘La Almoraima’ en Cádiz, una de las fincas públicas forestales más grandes de Europa), y los gobiernos autonómicos de Castilla La Mancha y Andalucía han planeado la venta de miles de hectáreas públicas. Estas privatizaciones han despertado una fuerte oposición popular que, por ejemplo, en el caso de Irlanda ha frenado la venta de los bosques públicos y en Andalucía ha llevado a la ocupación de una de las fincas públicas en venta, Somonte en Córdoba, por el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as (SAT).

Aunque pueda parecer algo propio del pasado, aún hay gente que sigue consiguiendo su sustento, al menos en parte, con la caza y la recolección. Por ejemplo, con la caza menor y la pesca, y la recolección de espárragos, setas, marisco, moluscos, cebo para pesca, algas, higos-chumbos y otras frutas, etc. en montes y marismas públicas. El mantenimiento de estas actividades es especialmente importante en tiempos de crisis como los que sufrimos, con niveles de desempleo insoportables en muchas ciudades y pueblos.

En este contexto, y diametralmente opuesto a la política de privatización, es clave el fomento de los usos comunales de la tierra, y para ello es imprescindible que las tierras públicas estén deslindadas (con límites bien definidos) y bien conservadas. Y no solo nos referimos a las grandes fincas públicas, también a elementos lineales del paisaje, a corredores públicos. Así, hay que deslindar todas las vías pecuarias (unos 125.000 km, 450.000 hectáreas, en el Estado español) y forestarlas cuando sea necesario. Hay que respetar el Dominio Público Hidráulico que recoge la Ley de Aguas y que suele ser invadido por muchas explotaciones agropecuarias en un intento equivocado de aumentar la producción cultivando en zonas marginales. Además, hay que restaurar los sotos, la vegetación ribereña. Y hay que conservar nuestros montes de utilidad pública (cientos de miles de hectáreas) y nuestras marismas, al mismo tiempo que las explotamos de forma sostenible.

En un horizonte de autoorganización en pro del autoempleo, igual que formamos cooperativas de gente jornalera, y de pequeños agricultores y agricultoras, pensemos en cooperativas de ganadería trashumante y en ‘cooperativas de caza y recolección’ que utilicen los bienes y servicios que nos ofrecen las tierras públicas, al mismo tiempo que apoyen en su conservación.

Jesús M. Castillo es profesor de Ecología en la Universidad de Sevilla y autor de los libros Migraciones Ambientales y Trabajadores y Medio Ambiente.

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