Agenda anticapitalista

Elecciones en Suecia: castigo al gobierno neoliberal, avance de los fascistas

12/10/2014

Asa Hjalmers

Manifestación antifascista en Suecia.

Manifestación antifascista en Suecia.

Los resultados de las últimas elecciones en Suecia han impactado a mucha gente de izquierda. El partido de extrema derecha Demócratas Suecos (DS) consiguió más que duplicar sus votos, hasta el 13%. El partido tiene ahora 49 del total de 349 asientos en el Parlamento.

El Partido Socialdemócrata ha alcanzado el 31% y 113 parlamentarios, mientras que el partido conservador Partido Moderado ha vivido una hemorragia de votos, perdiendo casi un cuarto de su representación.

Los Verdes han conseguido un 6,9%, ligeramente por encima de su resultado en 2010.
El partido fascista SD ha sido capaz de reunir el voto de la rabia generada por más de 20 años de neoliberalismo. La brecha de ingresos crece al ritmo más alto de todos los países de la OCDE, mientras el sector público está siendo privatizado a velocidad récord.

El sector del bienestar se ha convertido en una mina de oro para los inversores de capital de riesgo, quienes pueden comprar centros de salud y escuelas, construidos con dinero público, y conseguir enormes beneficios (con escándalos de corrupción asociados) Esto, junto con la caída en picado de los resultados estudiantiles en los ranking internacionales, ha producido la sensación de que el sistema está fallando.

La coalición gobernante saliente, Alianza, una unión de partidos de centro derecha dominada por el Partido Moderado, no iba a tener un camino fácil en estas elecciones. El Partido Moderado ha sido el mayor perdedor, al caer del 30 al 23,3%, recogiendo gran parte de sus votos el DS. Pero los fascistas crecieron solo porque no había alternativas reales.

La oposición política ha sido muy floja durante las dos legislaturas de Alianza. El líder de los socialdemócratas, Stefan Löfvén, ha jugado un papel esencial en las reformas neoliberales que han tenido lugar desde las dos últimas décadas.

Mientras tanto, el Partido de Izquierda, proveniente del antiguo Partido Comunista Sueco, ha realizado una campaña centrada en la denuncia de los especuladores del estado de bienestar, pero sin unir esto con el problema más amplio de cómo se han reasignado drásticamente el dinero y el poder en la sociedad sueca. El deseo del Partido de Izquierda de formar parte de un futuro gobierno con los socialdemócratas significó que se postulara como un partido “razonable” y “creíble”, sin ser capaz de ofrecer una visión más amplia que la que vendía la extrema derecha. Las votantes respondieron en consecuencia, y el partido ha incrementado sus votos sólo en un 0,1% respecto a 2010.

La campaña electoral mostró cómo todas estas tendencias se relacionaban. En julio, el primer ministro Fredrik Reinfeldt opuso el supuesto coste de la inmigración contra el estado del bienestar, dando a los fascistas una amplia oportunidad para intervenir de forma natural en el debate.

Entonces el líder laborista Löfven invitó a los partidos de Alianza a discutir la formación de una coalición. Todo fue en vano. Esto desmoralizó a muchos votantes del Partido Social Demócrata.

Bastantes votos han cambiado desde el Partido de Izquierda y Los Verdes al emergente partido feminista Iniciativa Feminista. La irrupción de este partido evidencia que hay un espacio para políticas progresistas. Pero esto aun no está focalizado.

¿Y ahora qué? El escenario a corto plazo es sombrío. Lo más probable será una frágil coalición de centro. Mientras tanto, el fascista DS está destinado a crecer y normalizar el racismo en la política sueca.

El DS creció más allá de su feudo en el sur del país y ahora nada en un amplio rango de apoyo por parte de votantes descontentos con la política tradicional, incluyendo zonas industriales del norte donde antes apenas tenían apoyo.

Frente a esto, un inspirador movimiento anti racista ha crecido durante el pasado año. En la mayoría de pueblos donde el DS intentaba dar mítines electorales, la gente protestaba desafiando “Fuera racistas de nuestras calles”. Miles de anti racistas tomaron las calles el día antes de las elecciones.

Las áreas donde la izquierda ha perdido más apoyo es donde más ha creido el DS. Esto muestra que hay votantes que pueden ser arrebatados a la extrema derecha con políticas de clase.

Aquí es donde los sindicatos podrían jugar un papel crucial, construyendo organización en los centros de trabajo contra los recortes y contra el racismo. Uno de los eventos más inspiradores del año pasado fue cuando grupos de bomberos y trabajadores de la sanidad rechazaron que el SD visitara sus centros de trabajo.

Las socialistas y anti racistas necesitamos construir este movimiento contra el racismo. Necesitamos mostrar al DS como los fascistas que son, a la vez que construimos una alternativa creíble al neoliberalismo.

Asa Hjalmers es activista de “Internationella Socialister”, organización hermana de En Lucha en Suecia.

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