Agenda anticapitalista

El sexismo no es un producto importado

09/01/2016

Silke Stöckle y Marion Wegscheider

gegen sexismus
Decenas de mujeres fueron agredidas sexualmente en la víspera de Año Nuevo en Alemania, pero en lugar de relacionar los eventos con la violencia sexista presente en el día a día, políticos y medios de comunicación se centran en la nacionalidad de los supuestos agresores. Así lo argumentan Silke Stöckle y Marion Wegscheider en este artículo publicado en el grupo socialista alemán Marx21.

Durante las celebraciones de fin de año en Colonia, Hamburgo y otras ciudades se produjo un gran número de ataques sexuales a mujeres, y al menos una violación. Es preocupante que esto sucediera, y también es indignante que las autoridades no tomaran los informes de las víctimas en serio desde primera instancia.

La violencia sexual contra las mujeres en Alemania es, en general, un enorme problema desde hace tiempo: las mujeres son acosadas sexualmente con frecuencia en grandes festivales, como el Oktoberfest en Munich o el Carnaval de Colonia y otras ciudades. Según un nuevo estudio encargado por el Ministerio Federal de Asuntos de la Familia, una de cada siete mujeres en Alemania experimenta violencia sexual. Una de cada cuatro mujeres -con independencia del nivel de educación o situación socioeconómica- está expuesta a la violencia doméstica. Los agresores son casi siempre hombres, entre los que no existen diferencias significativas de acuerdo a la religión, los antecedentes, el nivel educativo o el estatus social.

En otras palabras, cada día hay razones más que suficientes para despertar la indignación de toda la sociedad en cuanto al sexismo y la violencia sexual en Alemania. Ambos fenómenos están estrechamente relacionados con la imagen dominante sobre la mujer. En consecuencia, con demasiada frecuencia las agresiones sexuales a mujeres no se toman en serio, marginalizándose de entrada –como en Colonia, donde las víctimas han tenido el placer de ser educadas por los políticos locales sobre “reglas de comportamiento en conglomeraciones de masas”, como si hubieran tenido la posibilidad de negociar frente a sus agresores el salir ilesas.

Las mujeres son retratadas continuamente como objetos sexuales en el cine, la publicidad y los medios de comunicación. La opresión de la mujer está anclada estructuralmente en nuestra sociedad, evidenciada por diferencias de remuneración y oportunidades de empleo o por los roles de género dominantes. No hay igualdad, a pesar de que con frecuencia se proclame lo contrario públicamente.

Los políticos y los medios de comunicación avivan el racismo anti-musulmán
En lugar de relacionar los eventos en Colonia y Hamburgo con la violencia machista cotidiana que enfrentan las mujeres en Alemania, los políticos y los medios de comunicación, desde el momento en que ocurrieron los hechos, se centraron sobre todo en los antecedentes de los presuntos responsables y en cuestiones de seguridad pública. Cuando el abuso sexual se reconoce como una manifestación estructural, es sólo en relación a la “cultura” de los supuestos países de origen de los autores. De esta manera, el debate acerca de los asaltos ha sido instrumentalizado desde el primer momento y, acorde con una línea argumental clásicamente racista, la población musulmana o refugiada se ha visto estereotipada en masa.

Medios de comunicación y políticos están avivando un preexistente racismo anti-musulmán y fortaleciendo aún más la campaña de desprestigio contra la población refugiada: el Presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hannelore Kraft, ha declarado que los criminales y delincuentes extranjeros deben ser deportados. Y en el programa matutino de la cadena de televisión Sat1, se instó a “defender nuestros valores, forma de vida y creencias” en contra de “los hombres musulmanes”. Mientras tanto, el relativo silencio acerca de los numerosos transeúntes masculinos entre la multitud dice mucho, como también habla por sí solo el hecho de que los más de cien agentes de policía presentes en el lugar no hicieran nada para intervenir con el fin de proteger a las mujeres víctimas, a pesar de que había incluso un policía infiltrado entre ellos.

Un día de campo para la derecha

La feminista Alice Schwarzer, quien ha simpatizado mucho con los medios conservadores e incluso ha expresado su “comprensión” con las ideas centrales del movimiento racista PEGIDA (patriotas europeos contra la islamización de occidente), está en la misma sintonía cuando habla de una errónea tolerancia hacia los hombres musulmanes, relacionando el tema con el miedo y exigiendo la integración obligatoria de los migrantes.

Para la derecha, el debate público está servido: las bases argumentativas ya se han establecido. Neonazis, ProNRW y la AfD han exigido unánimemente que Alemania deje de acoger refugiados a fin de proteger a “nuestras mujeres”. En las redes sociales, se han anunciado acciones públicas, que incluyen infligir daño corporal contra los hombres “extranjeros”.

Y sin embargo, las mujeres deben protegerse precisamente de estos partidos y grupos, que por su parte propagan o exigen roles y estructuras sociales profundamente misóginos para las mujeres de forma explícita. El AfD, una plataforma de reagrupamiento para los nazis, lucha por defender la familia heterosexual como la única posible, rechaza el matrimonio entre personas del mismo sexo y posiciona a la mujer en el clásico papel de la maternidad. Además, el grupo quiere ver más restricciones sobre el párrafo 218 (dificultando aún más el acceso a la interrupción del embarazo) y organiza campañas contra el feminismo y las cuotas mínimas de las mujeres en la vida pública, mientras que hipócritamente afirma que ya se ha alcanzado la igualdad. Incluso el partido conservador más moderado, el CSU, que esta semana postuló que “El que no puede aceptar el respeto a las mujeres [como una norma social], no puede tener un lugar entre nuestra sociedad aquí en Alemania “, se ha acogido a estas falacias, como se constata, por ejemplo, por la forma en que el CSU votó sobre la cuestión de la violación en el matrimonio en un pasado no muy lejano.

Lucha contra el racismo y el sexismo

El hecho de que los recientes ataques ocurrieran específicamente en Colonia hace inmediatamente evidente la avanzada polarización de la sociedad alemana: la ciudad de la catedral es ampliamente considerada como una metrópoli liberal. Sin embargo, hace sólo un año, esa ciudad fue testigo de una marcha de 4.000 partidarios de HOGESA.

No menos importantes por esta razón, los ataques sexuales de Año Nuevo en Colonia, Hamburgo y otras ciudades se deben tomar con seriedad y los responsables deben ser castigados. Todas debemos -como se hizo el 5 de enero, frente a la catedral de Colonia- tomar colectivamente las calles contra el sexismo y el racismo. Por otra parte, debemos exigir a los medios de comunicación y a los partidos políticos que tomen medidas contra los cada vez más fuertes grupos de derecha, en lugar de apoyarlos con argumentos insostenibles. La próxima gran oportunidad para tomar las calles en contra de la antifeminista AfD será en el Frauenkampftag el 6 de marzo en Berlín.

En cuanto a la izquierda amplia alemana, debe haber absoluta claridad en torno a que la opresión de las mujeres en Alemania se determina estructuralmente, y que en la lucha por los derechos de las mujeres no podemos permitir de ninguna manera que nos divida el racismo: debemos enfrentar tanto el sexismo como el racismo con la misma determinación.

Traducción por Oriol Alfambra

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