Agenda anticapitalista

El sectarismo en Egipto un año después de la masacre de Maspero

13/10/2012

Por Sameh Naguib. El 9 de octubre de 2011, el ejército egipcio atacó a los manifestantes que protestaban en apoyo de la minoría cristiana copta del país. La masacre de Maspero dejó al menos 27 muertos. Sameh Naguib, de los Revolucionarios Socialistas de Egipto, habló para la conmemoración del aniversario de la masacre de El Cairo en el Centro de Estudios Socialistas. Esta es una traducción editada de su discurso, que se puede ver en árabe aquí.

La revolución egipcia está atravesando un período de transición muy difícil. Esto ha llevado a mucha gente a pensar que la revolución ha terminado. Un pequeño número de líderes corruptos han sido retirados, otras personas han sido elegidas en su lugar, y fin del asunto. Pero esto no es correcto. Estamos sólo al comienzo de la revolución egipcia, que es una de las grandes revoluciones de la historia. En ocasiones se han movilizado más de 20 millones de personas en las calles. Hay muy pocas revoluciones en la historia que hayan involucrado a las masas populares en esa escala.

La revolución llenó a un amplio sector de las masas de confianza para luchar por el derecho a la igualdad, la justicia y la libertad. Este tipo de cambio en la conciencia no se evapora de un día para otro. Eso sólo sucederá si vemos derrotas en la misma escala que la propia revolución. La derrota de la revolución tendrá que involucrar a la contrarrevolución en una escala que no hemos visto hasta ahora en Egipto.

Esto no significa que no pueda suceder. La contrarrevolución está todavía presente, y el estado egipcio sigue siendo el estado de Hosni Mubarak. Todas sus instituciones fueron construidas sobre la discriminación y el sectarismo, junto con la corrupción y la explotación.

Deshacerse del mariscal de campo Tantawi y reemplazarlo con el jefe de la inteligencia militar no ha cambiado al ejército tampoco. Este ejército tiene los mismos intereses económicos bajo su control y el mismo poder en sus manos.

La revolución egipcia es una revolución clásica en la que las masas y los trabajadores están desempeñando un papel central, pero otros grupos están jugando un papel también: los cristianos, los nubios, el pueblo de Sinaí. Todos los sectores oprimidos y oprimidas de la sociedad están en movimiento, ya que la revolución les da una sensación de confianza. Sienten que podemos cambiar el mundo que nos rodea.

Y las experiencias de las personas durante los primeros días de la revolución de repente no van a desaparecer de la memoria. Por eso es un error pensar que no hay posibilidad de renovar la revolución, o de ver una segunda revolución egipcia.

Justicia

Durante los dos últimos meses hemos visto 1.480 huelgas –la ola más grande de huelga desde la que hubo inmediatamente después de la revolución. Grandes sectores de las masas egipcias aún continúan su revolución. Todavía quieren justicia social, todavía quieren una vida digna, y y tienen la confianza para luchar.

Pero todavía tenemos que explicar por qué los sentimientos sectarios están en aumento. Empecemos por señalar que el régimen de Mubarak coincidió con un período de economía neoliberal y políticas sociales. Vimos la privatización y la retirada del Estado de todos los servicios básicos.

Entonces, ¿qué hace la gente corriente cuando necesita tratamiento médico o educación? Los cristianos van a la iglesia y los musulmanes van a la mezquita, que son los únicos lugares donde se encuentran estos servicios.
Estos servicios antes eran proporcionados a todos y todas, pero ahora nos encontramos con mucha división. Se convierte en un asunto de “nosotros” y “ellos”. La gente termina refugiándose en su identidad.

Esto, por supuesto, es extremadamente útil para aquellos en las capas altas de la sociedad. Bajo Mubarak había 490 multimillonarios en Egipto. (¡Estamos hablando de miles de millones de dólares de los EE.UU., por cierto, no en libras egipcias!) Algunos son cristianos y algunos son musulmanes.

Los 490 billonarios eran multimillonarios con Mubarak y lo han seguido siendo con Mohamed Mursi. Mientras tanto, el 45 por ciento de la población egipcia vive por debajo del umbral de pobreza. Estas personas son también cristianas y musulmanas. La pobreza no discrimina en relación con la religión.

Cualquier revolución que hable de justicia social e incluya este tipo de contradicciones de clase no es una revolución que se haya completado. Es una que recién está comenzando.

Tampoco la revolución ha terminado en el nivel de la liberación de los oprimidos, que es un componente vital de la justicia social. No podemos tener una verdadera igualdad si las mujeres no han ganado la igualdad. Lo mismo sucede con los coptos, o los nubios, o la gente del Sinaí que están siendo bombardeados por los aviones en este momento. Todos ellos son una parte fundamental de la revolución.

Los más débiles

Esto explica la masacre de Maspero. La contrarrevolución siempre golpea a los puntos más débiles. No podía dirigirse a la Plaza Tahrir cuando un millón de personas estaban allí. Pero podría llegar a una marcha de diez mil cristianos. El Estado utiliza la incitación sectaria directa, afirmando que los coptos estaban atacando al ejército. Algunos salafistas se fueron y comenzaron a arrastrar y golpear a los cristianos en la protesta.

En todas las revoluciones a lo largo de la historia ocurren este tipo de cosas. Si la minoría son judíos, entonces los judíos son el objetivo. Si la minoría son armenios, entonces son atacados. ¿Por qué? Debido a que hay ciertos sectores de las masas que son menos conscientes, que pueden empezar a pensar que los cristianos son el problema y no el Estado. Eso es lo que explota la contrarrevolución.

Esto significa que estamos en un período de transición, y hay que prepararse para una segunda oleada de la revolución egipcia. La contrarrevolución –las personas que tienen un interés en la restauración del viejo orden– todavía tiene el poder y el dinero y la capacidad de movilizar.

Tenemos que entender que ninguna revolución puede triunfar sin la liberación de todos los oprimidos. Aquellos que dicen “vamos a lograr la justicia social, y entonces podemos pensar en los derechos de la mujer o los derechos de los coptos” están equivocados. Los jóvenes coptos han jugado un papel central en la revolución. La revolución egipcia no se completará sin ellos.

Dividir a las personas según sus creencias religiosas es un arma en manos de la contrarrevolución. Si no podemos unir nuestras filas, van a utilizar esta arma en contra nuestra. Pasará de huelgas y manifestaciones en las plazas de Tahrir a ataques incendiarios contra las iglesias y mezquitas, y enfrentamientos sectarios.

Existe un vínculo importante entre la liberación social y la lucha por la justicia social. Las huelgas hoy en día engloban a musulmanes y cristianos, hombres y mujeres. El primer arma de la patronal es promover el sectarismo o hablar de que las mujeres no deberían estar trabajando. Ellos dirán cualquier cosa para dividir nuestras filas. Nuestro papel como revolucionarios es hacer lo contrario.

Los y las trabajadoras musulmanas deben luchar contra la discriminación que afrontan los cristianos, con el fin de unir a las filas del movimiento revolucionario y el movimiento obrero. Lo mismo es cierto en relación con las mujeres.

Asedio

La contrarrevolución tiene muchas formas. El acoso sexual y los salafistas son dos caras de la misma moneda. Cuando un predicador salafista dice que los maridos tienen derecho a golpear a sus mujeres, esta misoginia naturalmente se traduce en acoso sexual en las calles. Gente como esta no quiere que las mujeres estén en las calles o en los lugares de trabajo, o en el transporte público.

Y oyes otras ideas reaccionarias, como la idea de que los cristianos son todos ricos, o que robaron el país. O que las mujeres han asumido puestos de trabajo de los hombres. Ideas reaccionarias como estas pueden tener un gran impacto en un país que tiene un alto grado de analfabetismo, donde la gente a menudo no tiene acceso a conocer una historia diferente.
Pero no hay que tratar al movimiento islamista como si se tratara de un solo bloque. Una gran parte de los cristianos han llegado a la conclusión de que los islamistas estamos todos unidos en contra de ellos. Esto es completamente falso.

He aquí un ejemplo sencillo: muchos de los ataques recientes han sido dirigidos por personas de la Hermandad Musulmana. Sin embargo, la Hermandad se opone con fuerza a los ataques. Tareq Sheikh, el líder de las huelgas de los trabajadores de autobuses, es un salafista. Sheikh Tareq movilizó 7.000 votos para Mursi en las elecciones, porque creía que la Hermandad representaría a gente como él.

Así que las divisiones de clase están siempre presentes dentro de la Hermandad y entre los salafistas. Ellos no están unidos. Los jóvenes de la Hermandad están empezando a salir en busca de una alternativa. Esa alternativa debe ser la izquierda, y la izquierda debe ser capaz de trabajar con ellos.

El fenómeno mundial de la islamofobia también afecta a la situación de los coptos en Egipto. La islamofobia es una de las ideologías básicas de los regímenes gobernantes en Europa y del imperialismo norteamericano en la actualidad. Se culpa a las minorías musulmanas de todos los problemas de estas sociedades.

La juventud copta debe adoptar una postura firme contra la islamofobia. Sueñan con irse a Europa, pero deben darse cuenta de que hay gente que se fijará en el color de su piel y que pensará que son musulmanes.
La ideología que se está utilizando aquí es la islamofobia, pero el objetivo son las minorías. Por eso tenemos que ser solidarios contra todas las formas de discriminación religiosa.

Sameh Naguib es miembro de los Socialistas Revolucionarios de Egipto.

Artículo extraído de Socialist Worker , periódico del Socialist Workers Party, organización hermana de En lucha en Gran Bretaña

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