Agenda anticapitalista

El Papa Francisco y las maquinaciones del Padre de las Mentiras

16/03/2013

Por Andrew Tait. No sorprenderá a muchas personas no católicas que Jorge Bergoglio, que fue elegido Papa esta semana con el nombre de “Francis”, probablemente continúe en la misma línea de sexismo y homofobia que su predecesor.

Ha sido aclamado como el primer Papa no nacido en Europa (a pesar de ser hijo de inmigrantes italianos) en 1.200 años, lo que mucha gente católica ve como una señal de esperanza de cambio. Periodistas entusiastas hablan también de su compromiso de “justicia social”, basado en sus hábitos de vida modesta y “la preocupación por los pobres”. Sin embargo, esto es, por desgracia, probablemente un error.

Es más plausible que la descripción de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner sobre la homofobia de Bergoglio como una reminiscencia de la “Edad Media y la Inquisición” caracterice más el reinado de Francisco que cualquier preocupación por las personas pobres. Kirchner hizo estas declaraciones tras la oposición de Bergoglio a la legislación introducida en 2010 por el gobierno argentino para permitir el matrimonio homosexual. En una carta a los monasterios de Buenos Aires, escribió: “no seamos ingenuos, no estamos hablando de una batalla política simple; es una pretensión destructiva en contra del plan de Dios. No estamos hablando de un simple proyecto de ley, sino una maquinación del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.

Pero sí que hay una razón para estar de enhorabuena: Francisco I no es Benedicto XVI. Sería realmente difícil ser peor que Benedicto XVI, un ex miembro de las Juventudes Hitlerianas que utilizó su primer discurso como Papa para sugerir, con un argumento deshonesto, que los musulmanes eran menos susceptibles a la razón y son más propensos a la violencia que los cristianos. Sin embargo, Benedicto XVI y su predecesor, Juan Pablo II, coparon tanto las altas esferas de la Iglesia con conservadores que la reacción tiene asegurado su reinado por muchos años.

Algunos ateos liberales ven todas las religiones como igualmente reaccionarias y estúpidas. En los conflictos religiosos, como el que existe entre EEUU y los talibanes en Afganistán o entre cristianos y musulmanes en Nigeria, tienden a alinearse con el “más progresista”; en otras palabras, con el imperialismo y el cristianismo.

Las personas marxistas tenemos una visión más matizada de la religión. Somos muy críticas con el papel de la religión en el fortalecimiento de un status quo autoritario pero, dado que el marxismo es una filosofía materialista, no creemos que las ilusiones religiosas puedan superarse siempre y cuando existan las condiciones materiales para la religión. Las personas liberales intentan utilizar la lógica como un ariete para romper la superstición, las marxistas tratan de comprender lo que significa la religión para diferentes personas en diferentes situaciones.

La “guerra sucia”

En Argentina, de donde procede el nuevo Papa, la religión ha sido el escenario de un feroz conflicto entre conservadores y radicales, con Francisco firmemente del lado de los conservadores. De hecho, se le acusó en 2005 de conspirar para entregar a dos sacerdotes radicales en la dictadura militar (1975-1983). Bergoglio niega cualquier participación en el secuestro de los sacerdotes, a quienes él, como superior de la Compañía de Jesús de Argentina en 1976, había pedido dejar su trabajo pastoral después de un conflicto dentro de la Compañía sobre cómo responder a la dictadura militar, con algunos sacerdotes abogando por un derrocamiento violento de esta. Los sacerdotes, Orlando Yorio y Francisco Jalics, fueron encontrados con vida cinco meses después, drogados y semi desnudos. Bergoglio también está acusado de ayudar al régimen a ocultar algunas de las personas que eran presas políticas de un grupo de vigilancia internacional, en su casa de vacaciones en una isla en el Río de la Plata.

Muchos sacerdotes, de hecho, participaron en la lucha armada contra la dictadura militar argentina, como parte de los grupos guerrilleros peronistas o marxistas. La Iglesia católica en ese momento estaba en conmoción a raíz de las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II, que fue reforzado por la ola mundial de lucha asociada al año 1968. La actitud de los defensores de la “teología de la liberación” radical se resume en Camilo Torres, un sacerdote colombiano que fue asesinado en un tiroteo con las fuerzas del gobierno en 1966: “no nos preocupemos de si el alma es mortal o inmortal, cuando sabemos que el hambre es mortal”.

No hace falta decir que esta actitud estaba en directa contradicción con el papel secular de la Iglesia en América Latina, donde había sido el siervo ideológico de los regímenes españoles y portugueses durante la conquista y colonización de los nativos americanos y la esclavitud de los africanos. Fue en contraste directo con el papel histórico de la religión en toda sociedad de clases: proporcionar consuelo espiritual para la aflicción material, actuando como una válvula de seguridad para la protesta sin poner en peligro el status quo. La teología de la liberación también fue un movimiento minoritario en el clero católico.

Los conservadores de la Iglesia reaccionaron con consternación. Benedicto fue un liberalizador en la década de 1960, pero se horrorizó con las revueltas estudiantiles y de la clase trabajadora de 1968. En Italia, el grupo de Acción Católica juvenil giró hacia la izquierda, con muchos de sus líderes convirtiéndose en miembros de las organizaciones revolucionarias socialistas que surgieron. El grupo Comunión y Liberación, que se asocia con Bergoglio, a pesar de que su nombre suene de izquierdas fue una reacción a esto: se dedicó fanáticamente a la lucha contra el comunismo en ese período y, más recientemente, prestando apoyo al indeciblemente corrupto Silvio Berlusconi.

Benedicto, en aquella época cardenal Joseph Ratzinger, se convirtió en el jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe (anteriormente conocida como Inquisición) y el agente de la persecución ideológica de los radicales, dedicada a acabar con la teología de la liberación. Otros, como el capellán de la infame policía argentina durante la Junta militar, Christian von Wernich, desempeñaron un papel más activo. En 2007 fue declarado culpable de haber participado en siete asesinatos, 42 secuestros y 31 casos de tortura.
El cardenal argentino de mayor rango dio involuntariamente a la población argentina un nombre irónico para la “guerra sucia” del terrorismo de estado de los años de la dictadura: “la mano izquierda de Dios”. En la Navidad de 1975 justificó el terror: “sin embargo, el remedio puede ser difícil, ya que la mano izquierda de Dios es paternal, pero puede ser pesada”.

De forma trágica, la guerra sucia en Argentina y el resto de América Latina tuvo éxito en la destrucción de una generación de militantes. La desastrosa estrategia guerrillera promovida por el Che Guevara jugó su papel en condenar a una generación heroica de hombres y mujeres socialistas a la tortura y la muerte a manos de dictaduras militares, pero todavía hay que rendir cuentas a estos regímenes criminales y sus colaboradores administrativos. Esto es entonces lo que la Iglesia de Bergoglio representa: la reacción triunfante.

Andrew Tait

———————

¿Estás de acuerdo con nosotr@s? Recibe más información sobre En lucha, anticapitalismo y revolución

Puedes leer también nuestro periódico de este mes En Lucha

Conéctate a las redes sociales www.facebook.com/Enlucha | http://twitter.com/enlucha

Formulario de suscripción

Rellena este formulario si quieres suscribirte a alguna de nuestras publicaciones.

Periódico En Lucha y revista La Hiedra - 25€ / año
Periódico En Lucha - 15€ / año
Revista La Hiedra - 12€ / año

×