Agenda anticapitalista

El marxismo y la navidad

29/12/2014

Kevin Y. Aguilera

La navidad se ha erigido como estandarte del triunfo hegemónico del capitalismo sobre la sociedad occidental, como símbolo de nuestra cultura y religión. Es un periodo lleno de confraternidad en un ambiente donde la familia y los viejos amigos quedan para repartir regalos, comer polvorones, llenar de ilusión a los niños y, hay que decirlo, engordar el consumismo.

La realidad es muy distinta: este año se ha extendido la brecha de la desigualdad social; en España, concretamente, ha aumentado la desnutrición infantil, se han seguido desahuciando a personas (incluso en épocas navideñas), se ha amenazado la democracia bajo el auspicio de la Ley Mordaza y se han degradado abiertamente los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Desde el prisma internacional, se han evidenciado aún más el hambre y las dificultades in crescendo en los países subdesarrollados, en un mundo donde los niños son las primeras víctimas de guerras iniciadas por el capitalismo sanguinariamente, con motivos expansionistas o falsamente protectores, como son los casos de Siria o Ucrania.

Por otro lado, la realidad occidental azota una vez más de una forma moralmente hipócrita a otra realidad que tenemos en África y de la que nos separan escasos kilómetros – la valla de Ceuta y Melilla –, derrochando dinero en un consumismo exacerbado, explotando a trabajadores y trabajadoras haciéndoles trabajar días festivos y censurando en televisión la crítica situación social mientras muestran anuncios navideños.

La navidad ha sido una herramienta al servicio tanto de la Iglesia como del capitalismo, ambos han sabido sacarle provecho a esta época a lo largo de los siglos.

El marxista navideño

Puede ser que lo único con lo que se identifique un marxista de la navidad sea con el rojo de la vestimenta navideña, pero hemos de destacar que, pese a la confrontación directa que existe con este periodo abiertamente consumista y contrario a los principios defensores de la igualdad y los derechos sociales y humanos, la navidad puede verse como una buena oportunidad de acercamiento a la familia y otros ambientes de cercanía con las personas para recordarles que existe una gran desigualdad tanto económica como social porque el desempleo sigue estando por las nubes y la defensa de los derechos sociales y laborales debe ser más efectiva (España es el segundo país con más desigualdad de la UE), y por tanto la navidad es desigual para las personas según su situación económica (hay muchos niños no van a tener regalos estas navidades y familias que siguen siendo desahuciadas en esta época del año). Con todos los balances que se hacen con motivo del Fin de Año, digamos claramente que el 2.014 ha sido el año donde el capitalismo y el neoliberalismo han evidenciado aún más en el Estado español su mal funcionamiento y su desprecio hacia los derechos sociales y laborales, y las navidades no son una excepción, los trabajadores y trabajadoras siguen siendo explotados en épocas navideñas (en las grandes superficies p.e.).

El papel de la solidaridad

Este año se ha hecho evidente la solidaridad mostrada en nuestro país y el papel de sus actores, tanto directos como indirectos, que han hecho frente a las consecuencias de una crisis económica que está llegando a límites sumamente deplorables.

La solidaridad mostrada por parte de asociaciones y fundaciones puede considerarse acertada porque supone un alivio para todas las familias que afrontan dificultades económicas y que no pueden hacer frente a los gastos que supone la este periodo. Otro de los puntos a favor de la solidaridad es que una gran parte de la población se está llegando a concienciar de la gran brecha de la desigualdad social que existe.

Sin embargo, abordando el tema desde el punto de vista de la lucha de clases, en el camino para construir un mundo mejor, esta forma de entender la solidaridad, más bien como caridad, juega un papel en favor del capitalismo, y es que éste la utiliza como herramienta para apaciguar el descontento de la población y disminuir su impacto restando fuerzas a la conciencia de clase tan sumamente necesaria en estos tiempos de decadencia política y moral. Construyamos la verdadera solidaridad, la solidaridad entre toda la clase trabajadora de distintos pueblos, géneros, orientaciones sexuales, la de la PAH frente a los desahucios, la de los piquetes en las huelgas generales, la de las limpiadoras de los Ministerios de Grecia que, lejos de intentar salvarse ante sus despidos, llevan más de un año apoyando las luchas de la clase trabajadora y tantos ejemplos que hemos tenido en este año que acaba. Porque sólo con esa solidaridad, reflejo de una empatía auténtica entre la clase trabajadora, tendremos motivos reales para celebrar algo.

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