Agenda anticapitalista

El cerebro masculino y femenino: un debate falso

07/01/2014

Dani Trenado

brainc

Uno de los temas más recurrentes y de moda cuando los medios de comunicación generalistas quieren sacar alguna noticia de divulgación es la neurología, generalmente de la forma más sensacionalista posible para poder ganar audiencia.

Más o menos lo mismo sucede cuando quieren abordar el tema de la diferencia entre sexos (o géneros), pero cuando estos dos se juntan tenemos una explosión de noticias. Así podemos encontrar al ABC, El Mundo, El País o al mismísimo embajador del FMI Eduard Punset, publicando artículos sobre cuán diferentes son los cerebros masculinos y femeninos, la maravillosa capacidad masculina para medir las distancias o como las mujeres pueden atender a varias tareas sin inmutarse. Resulta en general curioso lo poco que se alejan estas noticias de los tópicos sexistas más extendidos.

El principal problema es que se trata de un debate falso, no se trata de una cuestión científica sino política. El que los principales medios e intelectuales liberales del sistema distribuyan estas ideas sobre la existencia únicamente de dos géneros y su identificación con su respectivo sexo biológico, legitimando esta relación mediante estudios dirigidos a un determinado resultado, sesgados, mal realizados, publicados en revistas cuya revisión de las investigaciones deja mucho que desear o directamente malinterpretados por el medio que lo saca en sus páginas de ciencia como una verdad indiscutible.

Actualmente disponemos de numerosa bibliografía sobre el tema, especialmente centrada en las diferencias anatómicas y funcionales de varias áreas cerebrales en ambos sexos, pero hasta ahora no se ha podido demostrar hasta qué punto afectan al comportamiento, si dichas diferencias son debidas a un desarrollo ya predeterminado genéticamente o en qué medida están influidas por el ambiente, en este caso por la socialización. Esto es, cualquier estudio sobre hombres concluirá que estos tienen una mejor visión espacial, pero bien puede ser porque casi todas las profesiones que implican un desarrollo de las misma han estado tradicionalmente desarrolladas por hombres. Una interpretación sexista sería afirmar que esto se debe a que los hombres prehistóricos eran cazadores y requerían mayor habilidad en ello, cuando no se establece relación con el tema, más allá del interés en promover determinadas ideas. En este caso, que el lugar de la mujer está en la casa (cueva) y el del hombre en el trabajo (caza), que uno debe encargarse de la producción y la otra de la reproducción.

También hay que señalar que nosotros estamos viendo el tema desde la perspectiva del sexo biológico únicamente, pero si metemos el género el tema se vuelve bastante más complejo. No hay lugar a dudas de que es un tema interesante, que por ello mismo se presta a manipulaciones, y muy goloso para tratar de justificar los roles de género, pero no podemos olvidar que la mayor parte de lo que somos no viene con el nacimiento, no está marcado en nuestros genes, viene con la educación. El problema es que señalar que la educación crea las diferencias nos pone en una disyuntiva incómoda. En tal caso es el capitalismo imperante quien aprovecha dichas diferencias para aumentar la explotación sobre la mujer, mantener ocultas e infravaloradas las tareas de cuidados y separar a los distintos géneros en una lucha feminista por la igualdad.

Para quienes nos consideramos feministas es de especial importancia la lucha por las ideas y contra la hegemonía que se intenta imponer también en las ciencias. Nuestra lucha está clara: sea cuales sean las diferencias entre hombres y mujeres estas no pueden justificar una diferencia en derechos entre unos y otros, no pueden desembocar en el fomento de unos modelos de feminidades y masculinidades que nos oprimen, en una brecha salarial que nadie es capaz de justificar, en la muerte de decenas de mujeres al año en manos de sus parejas, en casos de anorexia, en el miedo a que sea tu pareja quien te agreda sexualmente, en todas esas opresiones que se manifiestan en el día a día y tienen su base cultural en un sistema que continuamente trata de legitimarla.

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