Agenda anticapitalista

El 19M contra el racismo: Un grito contra la UErgüenza

26/03/2016

David Karvala


La jornada internacional contra el racismo del pasado 19 de marzo fue un éxito incuestionable. Las manifestaciones de 20.000 personas en Londres, 16.000 en Viena, 15.000 en Barcelona… superaron todas las expectativas.

Todas las protestas representaron un gran paso adelante. Las mil personas que desfilaron por las calles de Varsovia —incluyendo a diferentes sectores de la izquierda, sindicatos, movimientos sociales, la comunidad musulmana…— suponen un impulso para el movimiento Unidad Contra el Racismo en Polonia; muy importante en un país donde la extrema derecha está en auge. Las protestas celebradas en ocho localidades diferentes de Grecia —desde Atenas hasta la isla de Lesbos— también son muy importantes. La concentración en Puerta del Sol convocada por Unidad Contra el Fascismo y el Racismo Madrid es una gran noticia. Finalmente, hay que saludar la concentración de diversos colectivos de Beirut —incluyendo, como en todos los demás casos, compañeros/as locales de En lucha— en apoyo a los derechos de la gente refugiada de Siria.

Además, el 20 de marzo, se celebraron protestas de solidaridad con la gente refugiada en una veintena de ciudades de Australia: las acciones más grandes contaron con 6.000 personas en Melbourne y 3.000 en Sidney. Las políticas del gobierno australiano son, si cabe, incluso peores que las de la UE, incluyendo la deslocalización generalizada de personas refugiadas a campos de concentración ubicados en islas lejanas, en medio del Océano Pacífico.

Un motivo del tamaño de las protestas fue el vergonzoso acuerdo firmado entre la Unión Europea y Turquía, el día antes. Con sus (ahora ligeramente disfrazadas) expulsiones masivas de personas que buscan asilo, la UE da un nuevo paso en la deslocalización de la frontera y de la represión, a un tercer país.

Otro factor fue el paciente trabajo a lo largo de muchos meses, incluso años, en la construcción de movimientos unitarios contra el racismo y el fascismo. La jornada de solidaridad con la gente refugiada del pasado 27 de febrero fue positiva, pero surgió de las redes sociales y no construyó nada duradero fuera de ellas. El 19M, en cambio, fue un éxito de la coordinación entre movimientos reales, que hacen un trabajo continuo en los barrios y las ciudades de sus respectivos países.

El fortalecimiento y extensión de estos movimientos serán esenciales para hacer frente al auge de racismo y fascismo que recorre Europa. El éxito de estos movimientos dependerá, entre otras cosas, de reconocer un aspecto importantísimo del 19M; que no es cierto que la mayoría social de Europa sea racista, ni mucho menos fascista. La solidaridad, demostrada muchas veces recientemente por la gente de a pie de Europa, es la base para impulsar la lucha contra el racismo.

No es caridad, es política

Otro aspecto es la importancia de reconocer que las personas procedentes de Siria vienen de una revolución y juegan un papel activo: ha sido la continuada resistencia de la gente refugiada —cruzando las fronteras y las vallas, a pesar de la violencia policial y el cinismo de los Estados— la que ha despertado la solidaridad actual. El apoyo a las personas refugiadas no es una cuestión de caridad, por parte de unos “privilegiados” del primer mundo hacia unos “pobrecitos” del tercer mundo. Es solidaridad entre la gente de abajo de diferentes procedencias, pero con intereses compartidos.

Los ataques físicos y atentados incendiarios contra las personas refugiadas que han ocurrido en diferentes países europeos no los protagonizan personas corrientes sino, normalmente, grupos nazis. Además, el crecimiento electoral de la extrema derecha es un factor importante en el giro racista de los partidos institucionales. Por todo esto, la defensa del derecho al asilo debe ir de la mano de la lucha contra el fascismo.

De la misma manera, la islamofobia es un elemento importante del rechazo hacia la gente refugiada, tanto por parte de las autoridades como de los fascistas. Las acusaciones infundadas de que si se concede asilo entrarán “yihadistas” contribuyen a criminalizar a personas que intentan escapar de situaciones terribles. Así que campañas como #StopIslamofobia son más necesarias que nunca.

Retos
Con la multiplicidad de temas y la confusión reinante, hará falta mucho trabajo para conseguir que la solidaridad que existe se traduzca en movilizaciones y movimientos reales. Desde la izquierda anticapitalista tendremos que combinar diferentes cosas.

Por un lado, debemos mantener una crítica muy clara y firme hacia la Europa del capital. Esto supone explicar que el problema de fondo es un sistema social, el capitalismo, que no responde a las necesidades de la mayoría. También implica señalar las contradicciones de los partidos de la “izquierda institucional” que aceptan —incluso fomentan— las políticas racistas. La solución al racismo y al fascismo, en última instancia, pasa por la ruptura con el capitalismo y, más inmediatamente, con la Unión Europea.

Pero por otro lado, debemos seguir construyendo movimientos amplios y unitarios, con la máxima diversidad de personas y organizaciones. Ni el racismo ni el fascismo se pararán mediante declaraciones… o peor, mediante acusaciones y recriminaciones dentro de la izquierda y los movimientos sociales. La solución está en la movilización… y el debate dentro de ésta.

Finalmente, un ejemplo práctico de cómo podríamos incidir. Todas las concertinas de cuchillo que blindan las fronteras de Europa (desde los Balcanes hasta Melilla) las produce la empresa Mora Salazar (que también se conoce como European Security Fencing) en Málaga. Más concretamente, las fabrican personas trabajadoras de Málaga, personas con principios y, se espera, organización sindical. El movimiento sindical ha demostrado su rechazo al trato racista e indignante hacia las personas refugiadas. Se debería empezar a plantear una acción sindical para evitar que los productos de Málaga se utilicen para vulnerar los derechos humanos y la ley internacional.

David Karvala es militante de En Lluita y activista de UCFR Catalunya

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