Agenda anticapitalista

Deporte, sexismo y homofobia

04/07/2014

Lola Galera

FootballFansAgainstHomophobia

Desde sus comienzos la actividad deportiva se ha constituido como un potente dispositivo normalizador de la masculinidad y, como consecuencia, en una forma de exclusión de todo aquello que queda fuera de “lo masculino”. Por lo tanto, el deporte ha sido un agente potenciador de desigualdades de género y generador de valores homófobos. De esta manera, la actividad deportiva ha sido y sigue siendo un instrumento del poder para producir y reproducir valores sociales de opresión y exclusión.

El campo del deporte incluye tres ámbitos diferenciados: el escolar, el recreativo y el de competición. Los tres convergen en el mantenimiento de una posición hegemónica funcional a los intereses del poder que se plasma en la afirmación de comportamientos aceptables o inaceptables, marginales o modélicos. El concepto de ejercicio físico va acompañado de enunciados en torno al cuerpo que refuerzan las diferencias entre sexos y configuran el entramado teórico y práctico a través del cual se desarrollan las identidades sexuales, vitales, emocionales.

Como en casi todas las dinámicas que se desarrollan fuera del espacio doméstico, las mujeres fueron admitidas tarde y mal en el ámbito del deporte. Era imprescindible garantizar la función de la mujer como entidad reproductiva y cuidadora gratuita, y el deporte contribuyó a estos objetivos. Como explicó el erudito y académico –entre comillas- Gregorio Marañón “la mujer no está fisiológicamente dotada para la práctica deportiva (ni para el trabajo, la acción social o la lucha con el medio) porque sus músculos son menos fuertes y se insertan en huesos más delicados y porque si es como debe ser, fecunda y multípara, ocupará los mejores años de su vida en gestar y criar hijos”.

A pesar de afirmaciones como ésta, la mujer se incorpora progresivamente al mundo del deporte, aunque casi siempre cumpliendo con las demandas asignadas a su género: estilo, armonía, compostura, belleza, decencia, recato… El cuerpo de mujeres y hombres resume cualquier conflicto ideológico: ellas y ellos se expresan a través de un tipo de actividad, de gestos, de modos y de prácticas diferenciadoras.

Por otro lado, sin que se excluya explícitamente de la práctica del deporte, la homosexualidad se construye y se excluye a la vez por la mera implantación del modelo heterosexual como norma y eje de la cultura deportiva. Lo que no encaja dentro de la conceptualización hegemónica femenino-masculino, es rechazado, tanto más cuando nos referimos a un contexto en el que la presencia del cuerpo es ineludible: contacto entre jugadores, vestuarios compartidos, etc.

Es difícil encontrar en los reglamentos deportivos alguna norma que excluya o penalice la homosexualidad. Sin embargo, sabemos que el edificio social se sirve de instrumentos sutiles para estos fines sin poner en peligro la imagen de tolerancia formal de la que el poder hace alarde. La discriminación es un hecho, una rutina que se ha ido inoculando en las mentes y en los cuerpos y que se proyecta en todas las manifestaciones culturales y sociales.

Sin embargo, las mismas plataformas que sirvieron para el mantenimiento de un orden establecido pueden utilizarse para la emancipación. En el propio terreno del deporte se está jugando una batalla por una nueva forma de nombrar los cuerpos y de resignificar la sexualidad desde perspectivas que hagan posible revertir los patrones convencionales.

Precisamente en Estados Unidos, país que potenció y generalizó la práctica del deporte como medio para crear cuerpos y mentes adecuados a sus intereses bélicos y colonizadores, al correr de los años aparecen figuras como la jugadora de tenis Billie Jean King, una de las mejores deportistas de toda la historia y que consiguió ganar a Bobby Riggs, campeón masculino del mundo. Este desafío capturó la atención de todo el país, no sólo de los entusiastas del tenis, y tuvo consecuencias inmediatas en la equiparación de hombres y mujeres a nivel deportivo: aquél año, 1973, el Abierto de los Estados Unidos fue el primer Grand Slam que le dio el mismo premio en dinero a hombres y mujeres. En una rueda de prensa, Billie Jean King declaró: “esto es la culminación de una vida dedicada al deporte. El tenis ha estado siempre reservado a los ricos, los blancos y los hombres, y yo siempre me he comprometido a cambiar esta situación”.

Otro gran desafío, esta vez el marco de la lucha contra la homofobia, lo protagonizó una jugadora de baloncesto femenino de la universidad de Pensilvania llamada Jen Harris. Esta jugadora fue expulsada del equipo por su entrenadora René Pórtland por ser sospechosa de lesbianismo. La entrenadora tenía tres reglas: no drogas, no bebidas, no lesbianas. Jen presentó una demanda por discriminación y la justicia impuso a la entrenadora el pago de una multa de 10.000 dólares.

En el caso de la homosexualidad masculina, el tema es aún más controvertido, las reacciones en contra y el rechazo a los deportistas homosexuales son verdaderamente intolerables. En estos ámbitos no se acepta a los gays ni mucho menos el contacto directo con ellos, considerados como débiles, vulnerables y proclives a buscar cualquier ocasión para el acercamiento sexual. Es esta la razón por la que la mayoría de los deportistas que “salen del armario” lo hacen una vez retirados del deporte activo.

Sin embargo, figuras como Tom Waddell, médico, atleta olímpico y activista LGTB vivió abierta y públicamente su homosexualidad. En 1982 instauró los llamados “Juegos Olímpicos Gays” en la ciudad de San Francisco. Él y sus colaboradores fueron demandados por el Comité Olímpico Internacional y por el Comité Olímpico de Estados Unidos por usar la palabra “olímpico” en la denominación de estos juegos.

En 1986, a pesar que Tom Waddell fue sometido a arresto domiciliario a causa de la demanda antes mencionada, los juegos se volvieron a celebrar con un aumento considerable de participación. Pudieron competir atletas con SIDA en un momento en que la enfermedad era ignorada por la administración Reagan y considerada como una plaga gay por una importante franja de la población.

Tom Waddell murió de SIDA, pero nos dejó el testimonio de su lucha y de sus palabras: “Los Juegos Gays no son separatistas, no son excluyentes, no están orientados a la victoria ni al beneficio económico. Tienen tan solo la intención de captar la atención de la comunidad internacional en pro de la solidaridad para elevar la conciencia y la autoestima y lograr una forma de encuentro cultural e intelectual”. Estas luchas abrieron el camino y en los últimos meses han declarado públicamente su homosexualidad los primeros jugadores de la NBA y la NFL, ligas de baloncesto y beisbol de Estados Unidos.

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