Agenda anticapitalista

Del verde al rojo y del rojo al verde: un nuevo ecologismo combativo en la ola de protestas internacional

23/07/2013

Jesús M. Castillo.

En los últimos años estamos viviendo una ola de protestas sociales y revoluciones políticas a escala internacional que van desde el Movimiento del 15M y la lucha por una vivienda digna en el Estado español a la ola de huelgas en Grecia o las revoluciones en los países árabes, pasando por la revueltas estudiantiles en Chile y Gran Bretaña, el Movimiento Occupy en Estados Unidos, las protestas callejeras masivas en Brasil y Turquía, las movilizaciones contra la precariedad laboral en Sudáfrica o Bangladesh, o la lucha contra los recortes sociales en Irlanda y Portugal.

Al mismo tiempo que esta ola de movilizaciones se extiende con ritmos e impactos desiguales y combinados por el planeta, la crisis ecológica global se agrava por momentos (con el cambio climático como ejemplo paradigmático).

La ola internacional de movilizaciones de los últimos años no puede entenderse sin enmarcarla en un panorama de crisis económica más o menos generalizado que está sacando a la calle a la gente tanto en aquellos países más afectados por la crisis (y su utilización como excusa para llevar a cabo recortes antisociales) como en otros países en los que la economía crece concentrando las riquezas en unas pocas manos y llevando a la frustración a gran parte de sus poblaciones trabajadoras (como en Turquía, Sudáfrica o Brasil).

En algunas de estas movilizaciones internacionales, todas influenciadas por los efectos de la crisis económica, pueden reconocerse elementos de protesta de lo que podríamos denominar un “nuevo ecologismo combativo”. Un ecologismo que se caracteriza por basarse en movilizaciones más o menos masivas en las calles y que no necesariamente parte de grupos ecologistas ni de altos niveles de conocimiento académico sobre las problemáticas ambientales que enfrenta. Este tipo de nuevo ecologismo combativo, si puede denominársele así, contrastaría con el ecologismo de grandes ONGs, como Greenpeace o WWF-Adena, basado fundamentalmente en el ‘lobismo’ y acciones minoritarias en participación orientadas a una gran difusión mediática.

Hay varios ejemplos de este nuevo ecologismo combativo en los últimos años. Algunos parten de reivindicaciones directamente relacionadas con la defensa del medio ambiente y derivan a temas políticos más globales, y otros parten de luchas ajenas al ecologismo y acaban en reivindicaciones ecologistas.
El mejor ejemplo de luchas que van del verde al rojo es la protesta en defensa del parque Gezi en Estambul. Desde la oposición a la destrucción parcial de una zona verde derivó en protestas generalizadas en las calles contra el gobierno neoliberal de Erdogán. En este tipo de movilizaciones podría englobarse también las recientes protestas masivas en Brasil, que comenzaron enfrentando la subida de los precios del transporte público y denunciando la especulación urbanística desarrollada con la excusa de grandes acontecimientos deportivos. Aunque el componente ecologista está en un segundo plano, tras la reivindicación de mejores servicios sociales, es indudable que las reclamaciones tenían y tienen una fuerte vertiente ecologista, se exprese o no conscientemente.

Por otro lado, en la Revolución Egipcia hemos podido ver como desde el rojo puede pasarse al verde en las movilizaciones. Así, la confianza en la lucha colectiva tras echar a Mubarak del gobierno llevó a la población en la costa mediterránea a bloquear la entrada de un puerto hasta forzar al gobierno militar a abandonar la idea de abrir una nueva planta de fertilizantes y anunciar el cierre de las existentes en la zona que la habían contaminado durante décadas. Este ejemplo nos recuerda a las prohibiciones verdes (green bans) de Sydney en los años setenta contra la especulación urbanística, cuando una plantilla con confianza en la lucha colectiva dio el paso desde luchas primordialmente económicas a luchas ecologistas frenando la destrucción de zonas verdes, edificios históricos y barrios populares.

El tiempo dirá si este nuevo ecologismo combativo del siglo XXI sigue desarrollándose, lo cual es previsible dado que la crisis ecológica se agrava por momentos y afecta principalmente a una clase trabajadora que se resiste a acabar pagando una crisis del neoliberalismo, del capitalismo, de la que no podemos vislumbrar el fin. Por nuestra parte, hagamos todo lo posible para que esto sea así. Llevemos las reivindicaciones ecologistas a la primera línea de batalla allí donde estemos, porque necesitamos democracia popular, puestos de trabajo, libertad, etc., pero todo esto nos valdrá de poco si no podemos disfrutar de salud en un entorno aceptable.

Jesús M. Castillo es profesor de Ecología en la Universidad de Sevilla, delegado del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), activista anticapitalista en En lucha

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