Agenda anticapitalista

Degradación y privatización: el negocio perfecto

03/12/2013

Jesús M. Castillo

sanidad_manifestacion

La crisis ecológica global se agrava aunque los medios de comunicación burgueses prácticamente no hablen de ella. Así, muchas de las problemáticas socio-ambientales que la integran, como el cambio climático y la deforestación, están alcanzando niveles de no retorno enormemente preocupantes. Sin ir más lejos, recientemente conocíamos que el 90% de la población urbana europea respiramos aire dañino para la salud según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Al mismo tiempo que la crisis ecológica global se profundiza, la huida hacia delante del neoliberalismo en su intento desesperado por salir de la crisis económica está presionando contundentemente en pro de la privatización de servicios públicos como la educación y la sanidad. Los gobiernos del PP, CIU y el PSOE impulsan estas privatizaciones en respuesta a los intereses del capital en su afán de aumentar beneficios aprovechando la crisis económica como excusa y sea cual sea el coste social.

No es nuevo que la degradación ambiental producto de un ciclo inversor abra la puerta a un nuevo ciclo inversor que a su vez provocará más degradación ambiental. Es decir, en un símil médico, que se ofrezca como curación el patógeno que ha provocado inicialmente la enfermedad. Por ejemplo, la degradación de ecosistemas impulsa su restauración, la generación de nuevas enfermedades derivadas de la agro-ganadería industrial abre la puerta a nueva vacunas y medicamentos patentados, el cambio climático favorece todo un mercado de adaptación (construcción de diques, equipos de reconstrucción y rescate, embalses y sistemas de riego…), etc. En parte, estos ciclos de inversión tras el impacto socio-ambiental han venido a llamarse “capitalismo de catástrofes”, impulsado habitualmente por la “doctrina del shock”.

En este contexto, la combinación de la privatización de la sanidad con una degradación ambiental creciente, que conlleva más enfermedades y más graves, se convierte en el negocio perfecto. Por un lado, los capitalistas ganan dinero destruyendo y apropiándose del capital natural con lo que generan nuevas oportunidades de negocio para sí mismos. Al mismo tiempo, hacen enfermar a la población, especialmente a la población trabajadora y con menor poder adquisitivo, con lo que ganan aún más dinero mediante sus empresas sanitarias. No se trata de una conspiración planificada desde arriba, sino de dinámicas que se ponen en marcha y retroalimentan en la búsqueda desesperada de beneficios a cualquier precio.
El ataque a la clase trabajadora y a su salud se profundiza con las enfermedades laborales que van en aumento en plena crisis económica, como el estrés y la ansiedad. A su vez, cambios normativos penalizan gravemente en su salario a los y las empeladas públicas que deben darse de baja y la reforma laboral facilita el despido de trabajadores y trabajadoras enfermas (ahorrándose el pago del salario durante las bajas). A estos cambios normativos en materia laboral se suman otros que rebajan el nivel de exigencia en protección ambiental (como la reforma de la Ley de Costas) y que disminuyen el control y la vigilancia de las administraciones públicas para evitar la degradación ambiental (como la anunciada nueva ley de evaluación de impacto ambiental).

Vemos claramente como la lucha ecologista es lucha de clase, en el fondo, una lucha anticapitalista por nuestra salud y bienestar. Reconocemos que la lucha ecologista debe estar estrechamente ligada a la lucha contra los recortes de la austeridad asesina, tanto en la degradación de las condiciones laborales como en la eliminación de los servicios públicos.

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