Agenda anticapitalista

Daouda Dieye: “Si los manteros somos ‘ilegales’, no podemos hacer nada legal”

21/07/2016

Isaac Salinas

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Hemos tenido ocasión de hablar con Daouda Dieye, uno de los portavoces del Sindicato de  Vendedores Ambulantes de Barcelona. Entrevista realizada por Isaac Salinas.

¿Cómo es la vida de un mantero en Barcelona?
Los senegaleses que llegamos aquí [hay manteros de diferentes nacionalidades, pero  senegalesa es de lejos la mayoritaria] nos ayudamos mutuamente, compartimos todo. La  solidaridad entre nosotros es fundamental para sobrevivir. Es nuestra única alternativa; no  recibimos prestaciones de ningún tipo.
Nosotros no vinimos a España para vender en la calle, sino para mejorar nuestras condiciones  de vida. Pero cuando llegas a Europa sin papeles, te dan deberes pero no derechos: deber de  pagar, de cotizar… pero no te dan derecho a trabajar, a estudiar, a viajar ni nada. Algunos  manteros pagan la seguridad social de autónomos, pero no les sirve de nada porque no tienen ningún sitio para vender y el ayuntamiento no hace nada por ellos.

¿Cómo es vuestro trabajo?

Vender en la calle no es un trabajo digno, no tiene ningún valor. Tampoco tiene futuro; no podemos seguir así hasta los 80 años. El sueño de todos los manteros es tener un trabajo en el que le respeten y no les miren mal, donde la policía no les persiga y les golpee. Imagínate llevar un saco pesado y estar en la calle casi desde las 11h de la mañana hasta las 23h de la noche para ganar 30 o 50 euros. Es muy duro. Además, la gente no te respeta, te ven como un delincuente, como un ladrón; te llaman “ilegal”. Abusan, te dicen “vete a tu país, si aquí estás sufriendo”.

Por eso os organizasteis en el Sindicato de Vendedores Ambulantes.

Exacto. Cuando vives en África, te dicen todos los días en la tele que en Europa se respetan los derechos humanos y que hay libertad. ¡Todo eso es mentira! Y te das cuenta cuando llegas aquí. Nuestra lucha es por los derechos humanos, para que la gente sepa que quienes vendemos en la calle no somos salvajes.
Hay mucha manipulación mediática contra nosotros. En Francia, un tipo coge un tráiler y mata a un montón de personas. Los medios le dan una nacionalidad africana, pero no es africano; es nacido en Europa. Ese hombre seguramente no conocía la cultura africana ni tenía ningún
vínculo con África, más allá del padre y madre. El problema es que si naces en un país donde la gente te rechaza, el odio que sufres te hará odiar a los demás, porque el odio se contagia.

¿Cómo creasteis vuestro propio sindicato?
Los vendedores en la calle no tenían quién les protegiera, con quién hablar de sus problemas. Si te rompen las piernas, no tienes ningún seguro. ¿Quién se hace cargo? ¡Nadie! Si la policía te atropella con un coche, nadie se hace cargo. Si te meten en la cárcel, como a Sidl Móctar, ¿quién paga la multa? Nos organizamos porque estamos jodidos, porque no nos podemos quedar en casa de brazos cruzados.
Los inicios del sindicato fueron difíciles, empezamos con cuatro o cinco. Pero cuando la gente ve intereses comunes en la lucha, entonces da el paso de unirse. Luchamos no para lograr objetivos personales, sino colectivos.
Además, cuando los manteros empezaon a ver que a través del sindicato podían contar con abogados cuando les pillara la poli (abogados no de oficio, sino voluntarios dispuestos a ayudar), la gente se dijo: joder, ¿por qué no voy a participar?

¿Cuánta gente integra el sindicato? ¿Cómo os organizáis?
Hacemos asambleas semanales con 20, 30, 50 personas… depende. Cuando hay mucho trabajo en la calle (por ejemplo, ahora en verano) hay menos asistencia a las reuniones.

En las asambleas discutimos nuestros problemas del día a día, sobre todo con la policía. Hay compañeros tranquilos, pero también otros más nerviosos que responden a las provocaciones de la policía. Hablamos con ellos para que no caigan en la trampa de la policía, como le pasó al compañero Sidl Móctar, que respondió a una agresión policial y lo metieron en prisión. Dirigir un grupo muy grande de personas es muy difícil.

En las asambleas hablamos también de otros temas. Cada cual explica cómo piensa que podemos mejorar las ventas y nuestra situación en general. Preguntamos a los compañeros quién quiere seguir vendiendo y quién no. Discutimos propuestas para las reuniones con el ayuntamiento. Etcétera.

Tenemos cinco portavoces, que nos ofrecimos voluntariamente. Pero no decimos nada que no le guste a los compañeros; todo lo decidimos en asamblea. Ahí habla todo el mundo, y votamos. Si sale una propuesta y hay mucha división, esperamos a la semana siguiente para decidir.

¿Qué propuestas han salido de vuestra asamblea?

Cuando no se reconocen tus derechos, es muy difícil hacer propuestas. Al inicio dijimos: aunque sean cuatro horas al día, que nos dejen trabajar sin que la policía nos persiga. De lo contrario, podemos estar diez horas en la calle sin vender apenas, porque los polis están allí.

El ayuntamiento insiste en que vendemos productos falsificados y que hacemos una actividad ilegal. Pero si nosotros mismos somos “ilegales”, no podemos hacer nada legal. Tienen que legalizar a los chicos; luego viene todo lo demás.

Hemos propuesto al ayuntamiento pagar impuestos, cambiar la mercancía para vender marcas no falsificadas… También propusimos hacer un mercadillo los sábados, pero nos respondieron que nosotros no sabríamos organizarlo. Entonces empezamos a ocupar la Rambla todos los sábados de 17h a 20h con nuestro “mercadillo rebelde”, para demostrar que somos negros pero no somos tontos.

Así pues, parece más bien un problema de voluntad política.

Las instituciones preferirían que cometiéramos delitos de violencia, para criminalizarnos más fácilmente. No les gusta que estemos en el puerto trabajando. De nada sirven las propuestas del ayuntamiento; dijeron que impulsarían planes de ocupación para cerca de 50 manteros. Pero si por ejemplo cogen a 10 y solo aseguran trabajo a dos y echan a los ocho restantes, ¿de qué sirve? Mucha propaganda en prensa, como si ya hubieran hecho todo lo que tenían que hacer, pero no han hecho nada. Ladran mucho y muerden poco.

Solo pedimos trabajo y respeto. Hace poco, el ayuntamiento dijo que debíamos ir a los comedores populares; para nosotros es un insulto a nuestra dignidad.

Ya veo que no tienes una opinión muy favorable sobre Barcelona en Comú…

La izquierda blanca, en general, no conoce los problemas de los más pobres. A la izquierda blanca solo le interesan los blancos, los votantes. Nosotros nos hemos organizado para convertirnos en sujeto político, para que no hablen ni decidan en nuestro nombre. Si quieren hablar sobre inmigración, deben darnos voz a nosotros. Yo puedo ser el político de mi gente, porque sé lo que sienten. Los políticos blancos pueden documentarse sobre nuestra lucha, pero no decidir por nosotros.

Pero nosotros no estamos contra Ada Colau ni la atacamos. Hace su trabajo y no es fácil dirigir una ciudad como Barcelona. Hay mucha manipulación, como hace La Vanguardia o la Guàrdia Urbana, para atacar a Barcelona en Comú. O los ciudadanos falsos, esos que dicen “yo no soy racista, pero no quiero ver a los negros en la calle”.

¿Cuál ha sido vuestra experiencia de coordinación con otros colectivos y luchas, como Tras la Manta o Espai de l’Immigrant?

Yo ya participaba en el Espai de l’Immigrant antes del Sindicato de Vendedores Ambulantes, haciendo trabajo voluntario de acompañamiento, charlas de sensibilización para cambiar la imagen del inmigrante, etc. Es un trabajo de empoderamiento, para cambiar la etiqueta del “pobre inmigrante” por la de “luchador” y “trabajador”.

Como no somos ciudadanos españoles, no importa cuánto tiempo llevemos viviendo aquí. A los políticos no les importan los inmigrantes, porque no podemos votar. Si pudiéramos votar, seguro que vendrían a negociar con nosotros. Por eso estamos colaborando con la ciudadanía de aquí, las personas que pueden votar.

Tras la Manta es una red de apoyo con al menos 350 personas, ciudadanos que pueden elegir a la alcaldesa o al presidente de la Generalitat. Ellos tienen más fuerza para negociar.

La gente de Tras la Manta salen a la calle a defendernos en primera fila contra agresiones policiales, nos asisten en reuniones con el ayuntamiento o cuando hacemos asambleas. Eso es lo que necesitamos, y no que nos utilicen para ganar algo. Estamos hartos de eso.

Es muy bueno trabajar con diferentes colectivos. La unión hace la fuerza. Solos no vamos a ninguna parte.

¿Habéis tenido alguna colaboración con algún sindicato existente?

No, que yo recuerde. Quizá se dio mientras yo estaba fuera de Barcelona, pero yo nunca tuve ninguna reunión con otro sindicato.

¿Y con otros colectivos?

Sí, hay un montón de colectivos que colaboran con nosotros. Tras la Manta y Espai de l’Immigrant son los que más, pero no los únicos. Algunos nos contactan para dar charlas, nos invitan a asambleas en Casa de la Solidaritat (Raval), etc. Hay muchos que nos apoyan, de lejos o de cerca.

El 14 de julio tuvimos una charla con una escuela de periodistas. Pero yo siempre digo que los periodistas también abusan: te llaman porque necesitan hacer una entrevista: “¡Tío, vente aquí!”. ¡Como si fuese una mercancía! Del estilo “me voy a buscar un perro a la perrera, lo paseo un rato y si no me gusta lo tiro”. Eso es lo que hacen. El otro día me llamó uno: “Daouda, ¡necesito hablar contigo sobre este fenómeno que hay en la calle!”. ¡Qué coño “fenómeno”! ¡Son los chicos que se están buscando la vida! ¡Llámalo de otra manera! Me responde: “¿Entonces no me das la oportunidad de hacerte una entrevista?”. Y le digo: “¡Pues no! Hay que llamar a las cosas claramente”.

Además, te llaman y te dicen: “Te voy a hacer un favor para que se oiga tu voz”. ¡Joder! ¡Como si fueran nuestros salvadores! Nos buscan cuando el tema estalla mediáticamente. La semana pasada me escribió un periodista por Facebook: “Daouda, necesito una entrevista pero quiero que sea hoy”. ¡Joder! ¿Cómo quieres que sea hoy? ¡Yo tengo mil cosas que hacer! ¡Yo tengo mi vida! Hacen ver que te hacen el gran favor, pero no es así: al revés, yo hago un favor al periodista.

También están los estudiantes de periodismo. Pasa igual que con los trabajadores sociales. Te llaman y te dicen: “Tengo un trabajo y necesito entrevistarte”. Te entrevistan, y luego se olvidan. No escriben en sus redes sociales sobre los abusos que sufrimos los manteros. ¡Que difundan! ¡Que se unan a nuestra lucha! No esperamos que se pongan a tirar piedras a la policía, pero que se pasen cinco minutos por nuestras manifestaciones y vean.

Solo nos buscan cuando nos necesitan, pero no acuden cuando nosotros les necesitamos. Eso hacen los periodistas y los trabajadores sociales; igual que el ayuntamiento. Igual que toda la izquierda blanca, aquí en Europa. Son como un médico forense: solo llegan cuando ya estás muerto, o muy jodido.

¿Cómo crees tú que se podría avanzar para integrar en la misma lucha colectivos de inmigrantes y esa izquierda blanca?

Lo primero es conocerse; sin conocer a alguien, no le puedes ayudar. Y no le puedes dejar hasta que esté muy grave; la enfermedad hay que curarla a tiempo. Es como ver a alguien que vive en la calle, y no haces más que decir “¡ay, pobre!”, y cuando muere le haces una gran ceremonia. ¡Eso no hace falta! Hay que ayudar en el momento que alguien lo necesita.

Además, no deben pasar la pelota unos a otros, como hacen. Algunos periódicos defienden a los manteros para atacar a Ada Colau; el ayuntamiento negocia con nosotros para que los movimientos sociales no le critiquen; algunos ciudadanos se meten con nosotros para que el ayuntamiento haga algo; los comerciantes del puerto nos denuncian para que el ayuntamiento nos eche. Pasan tantas cosas que es difícil de explicar.

En general, ¿qué avances habéis logrado gracias a la lucha y al Sindicato de Vendedores Ambulantes?

¡Un montón! A nivel personal, me ha ayudado mucho en un montón de cosas que a veces no puedo explicar. Me siento más crecido, veo las cosas de otra manera. Gracias al sindicato me siento muy potente, y he cambiado mucho mentalmente.

Cuando estás en política te critican, y tú también debes ser crítico. Cada cual ve las cosas a su manera. Si se hace una mesa de diálogo, por ejemplo, no se trata simplemente de que el ayuntamiento diga sus propuestas y nosotros las nuestras; hay que alcanzar acuerdos, o buscar alternativas.

En la calle, la policía ya sabe que tenemos gente que nos defiende. Ahora tenemos abogados que no son como los oficiales, a quienes no les importan nuestros problemas. Aún así, siguen cometiendo abusos. Yo vi cómo pillaron a un colega que estaba vendiendo en la calle y lo ataron con una cuerda. Le dije a la policía: “¿Por qué le atáis con una cuerda, en lugar de esposas? Si fuera blanco no le haríais eso”. Y me dijo: “¿Me estás enseñando mi trabajo?”. A lo que le respondí: “Pues si hace su trabajo mal, tengo que decirlo. Él no es un esclavo para atarlo así”. Entonces me pidieron los papeles, y al no tenerlos me llevaron al calabozo. En lugar de acusarme de no tener papeles, me acusaron de vender relojes falsos y más cosas. Cuando subimos, me dijo el abogado: “Firma aquí y te vas”. Le dije que no firmaría nada antes de leerlo. Y leí que se me acusaba de estar vendiendo 35 relojes falsos, incluían marcas concretas… ¡y ni siquiera estaba vendiendo! Además, me pegaron estando en el calabozo, por responder muy cabreado a la poli cuando me dijeron “tú hablas muy bien español y por eso nos chuleas, ¿no?”. Al decírselo al abogado, el jefe de policía dijo que “no estamos aquí porque te pegaron”, y el abogado ni siquiera abrió la boca. Entonces yo digo: joder, entonces… ¿dónde coño dicen que aquí hay justicia?

Ahora, en cambio, tenemos abogados de confianza, voluntarios que nos apoyan.

Hemos avanzado mucho gracias a la lucha. Por ejemplo, cuando encerraron a Sidl Móctar ya estábamos organizados y nos fue más fácil de convocar acciones de protesta y difundir en redes sociales sobre esa injusticia.

Si el conflicto de los manteros es de los que más han afectado a Barcelona en Comú en su primer año en el consistorio es porque habéis conseguido que se hable de vosotros y habéis salido en los medios. La mayoría de medios de comunicación no reflejan vuestros intereses, solo os tratan como un problema social a erradicar. Pero de alguna manera habéis ganado fuerza, gracias al apoyo mutuo. En el colectivo de conductores de rickshaw, al que pertenezco, siempre he insistido en que solos no lograríamos nada. Por mucho que tengamos la razón y que tengamos buenas propuestas, las instituciones no te hacen caso a no ser que ganes fuerza social, y eso se logra en las calles. Al final, como no les metas el dedo en el ojo no te hacen caso…

¡Claro! En las reuniones nos pasa lo mismo. Yo quedé dos veces con Gala Pin, actual regidora de Ciutat Vella. A la tercera ya dije que no voy. ¿Sabes por qué? Ella llegó tarde a la reunión, y después de cinco minutos dijo que tenía otra reunión y se tenía que ir. ¡Entonces no le importa lo que estaba haciendo allí! ¡Para eso no hacía falta que se reuniera con nosotros! No hace falta que venga para decirnos que está buscando alternativas.

Hay que bajar al terreno de los hechos y trabajar. El poder cambia a las personas. Otro concejal con el que me reuní me dijo: “Ahora estamos en el poder, pero no olvides que algún día estaremos en la calle”. ¡No tengas miedo de bajar a la calle, si eres un luchador! Si estás arriba y puedes cambiar algo, podrás estar orgulloso, cuando dejes el poder, de haber trabajado con los de abajo. Dejas un ejemplo a seguir a quienes vienen detrás. De nada sirve estar en el poder para no hacer una mierda. Para eso, mejor vuelve a la calle y lucha.

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