Agenda anticapitalista

Cuando Obama aterriza en la Habana

13/03/2016

Mike Gonzalez

Cuba

Hasta hace poco no era imaginable que un presidente de Estados Unidos aterrizara en La Habana, pero ocurrirá el 21 de marzo. Obama y Raúl Castro, cada uno por su lado, declararán la victoria. John Kerry, secretario de Estado, comentó que la actitud norteamericana hacia Cuba sólo había dañado al pueblo y no al régimen. Me resisto a creer que Kerry sufriera una repentina crisis de conciencia. Las naciones no tienen amigos, sólo intereses. ¿Qué intereses llevaron a los dos líderes a romper el hielo de esta manera?

La Cuba de 2016 no es la misma de hace 56 años, cuando la revolución tumbó la dictadura de Batista. Cuando desapareció en 1991 la Unión Soviética, de la que dependía Cuba económicamente, la isla entró en un “período especial” que la llevó al borde del barranco. La supervivencia de Cuba se logró gracias al compromiso y resistencia de su pueblo. Pero tuvo un costo económico y politico que se dejaría ver a partir de 1995, cuando la Ley de Inversión Extranjera abrió la economía cubana al capital global y se permitió la aparición de los ‘cuentapropistas’, pequeños comerciantes que pusieron restaurantes, casas de huéspedes, talleres de reparación etc. Servían la industria turística, fuente de las divisas que se podían usar solamente en las ‘tiendas especiales’ para comprar bienes de consumo a los que no tenían acceso los que sólo tenían pesos cubanos. Al mismo tiempo se permitió que el exilio cubano en Miami mandara dólares a sus familiares.

La clase media que huyó de Cuba con la revolución era en su casi totalidad blanca. Las familias negras, o sea el 65% de la población, vivían del sueldo de 400 pesos o 20 dólares mensuales (más una canasta de productos subvencionados por el estado) que apenas alcanzaba para cubrir las necesidades básicas. De todas formas las tiendas para los cubanos lucían estantes vacíos.

Se abría una brecha social entre estos dos sectores de la población; los ‘cuantapropistas’ – muchos de ellos funcionarios del estado o militares – se convirtieron en una nueva capa capitalista, cuyas ganancias se reinvertían. Los de educación y salud seguían en pie, pero se iban deteriorando mientras que la industria farmaceútica exportaba sus productos. Con el siglo XXI entró un nuevo elemento – la Venezuela de Hugo Chávez, que le garantizaba petróleo y le compraba servicios médicos y de educación.

En 2005 Fidel enfermó y renunció a sus puestos de poder, legándoselos a su hermano mayor Raúl, jefe de las fuerzas armadas cubanas. Para entonces el ejército había pasado a ser la institución más fuerte del país, dominando, además, la economía. En 2006, Raúl anuncia su programa de reformas, y declara en un discurso que “aquí no se busca la igualdad sino la igualdad de oportunidades”. Este homenaje al libre mercado capitalista lo distanciaba definitivamente del socialismo que reparte los recursos sociales para bien de todos.

Las empresas mixtas limitaban la participación extranjera al 49%; sin embargo llegaron capitales europeos, canadienses, chinos e israelíes, entre otros, sobre todo a la industria minera, farmaceútica y turística. En 2013 el Puerto de Mariel se declaró “zona libre” para la inversion; para 2014, el 60% de la economía estaba en manos de empresas y compañías controladas por oficiales o ex-oficiales del ejército. El más poderoso de todos es el yerno de Raúl, a quien se suele nombrar como su probable succesor.

Celia Hart, una revolucionaria de renombre en la política cubana hasta su muerte temprana en 2009, dijo en una entrevista en 2008 que las reformas señalaban que Cuba tomaba la vía china o vietnamita. Sus críticas le merecieron la expulsion del partido comunista cubano. Pero tenía razón. Las reformas recortaban el gasto público, despidiendo al 40% de los trabajadores del estado, entre otras medidas. Mientras tanto, la nueva clase capitalista ya ostentaba su riqueza por las calles de La Habana.

En diciembre de 2015, la revista financiera ‘The Economist’ organizó una reunión en Nueva York bajo el título ‘Cuba está abierta para el comercio’. Asistieron varias transnacionales, entre otras las corporaciones agrícolas norteamericanas desesperadas por tener acceso al mercado cubano. Hasta dos senadores de Miami de origen cubano, declararon su apoyo a la apertura de relaciones, es decir, que se abrieran las relaciones comerciales y financieras con el estado y los capitalistas particulares de Cuba.

¿Qué perspectivas ofrece esta apertura a la mayoría cubana?
Su sector más pobre, desproporcionalmente negro, le sacará muy poco provecho; no forman parte de la nueva clase económica, ni de la dirección política, donde son una pequeña minoría. Y en una industria turística dominada por norteamericanos, las personas negras se suelen limitar a los trabajos de servicio.

¿Y Obama? Su promesa hace siete años de cerrar la cárcel de Guantánamo en un año no se ha cumplido. El surgir del movimiento Black Lives Matter ante la ola de violencia racista en Estados Unidos muestra que la llegada de un presidente negro no ha sido un avance para la comunidad negra. En América Latina, el gobierno golpista de Honduras impuesto abierta y descaradamente por Estados Unidos, mató brutalmente hace días a Bertha Cáceres, dirigente de la resistencia popular en ese país.

El año pasado miles de cubanos abandonaron la isla buscando llegar a Estados Unidos. Quizás creían todavía en el sueño Americano. Es probable que pronto lleguen McDonalds y Walmart a la nueva Cuba. Pero esto sólo ensanchará la brecha entre ricos y pobres dentro y fuera de Cuba, mientras que Raúl y su séquito seguirán en el poder, ya no para construir el socialismo sino para aprender de China y cómo se construye un capitalismo de estado exitoso, y cómo enfrentar las huelgas y protestas que tarde o temprano estallarán ante una población que ha visto difuminarse su sueño americano.

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