Agenda anticapitalista

Crisis política, elecciones y ruptura

23/05/2016

En lucha


Podemos e IU han llegado a un acuerdo para tener una papeleta conjunta de cara a las elecciones del 26J. El objetivo del acuerdo es doble. El primero y más fácilmente asumible es superar al PSOE en el cómputo global de votos, ya que de producirse tan sólo la suma aritmética de los votos de Podemos, En Común, En Marea, Compromís e IU se superarían los 6 millones de papeletas y así los resultados del PSOE en las elecciones anteriores que se quedaron rozando los 5,5 millones. El segundo objetivo de la confluencia Podemos-IU sería superar al PP, es decir, ir más allá de los 7 millones de votos. Esta segunda meta dependerá mucho de cómo se desarrolle la campaña, campaña que PP que está intentando polarizar con Podemos. El PSOE que seguro será el árbitro del gobierno que se acabe formando y Ciudadanos quedará relegado a mera muleta del PP.

En Catalunya la pugna entre CDC y ERC para ver quien termina por delante del otro se convertirá en el nuevo espacio donde se escenificará la pugna por liderar el proceso independentista. Por otra parte y desgraciadamente la CUP no ha cambiado su posición respecto al 20D y no se presentará a las elecciones.

El pacto Podemos-IU deja fuera del programa común las cuestiones relativas a la forma de Estado o la permanencia en la OTAN, por no mencionar la de la práctica totalidad de mujeres protagonistas más allá de las listas cremallera. Aparte, todo parece indicar que si no se produce algún hecho extraordinario la connivencia del PSOE se convertirá condición necesaria para la formación del nuevo gobierno. Por lo tanto, el partido de Felipe González, los GAL, Filesa, los EREs, las reformas laborales y la reforma de la constitución para sacralizar pago de la deuda, se situará en una posición central. Quizás por este motivo Barcelona En Común ha llegado a un acuerdo con el PSC para gobernar. Esta aceptación del llamado realismo político, que no deja de ser una forma de renunciar a luchar por lo que se cree justo, puede generar a medio plazo una situación similar a la que se definió como «desencanto» a mediados de los años 80, cuando muchas personas que habían luchado contra el franquismo se vieron decepcionadas por los partidos de izquierdas. A corto plazo, en cambio, la opción de gobernar con la que hasta hace poco se tildaba de casta o mafia abre esperanzas de desbancar al PP, pero también puede ofrecer un espacio para las ideas anticapitalistas, dado que no pocas personas saben del carácter limitado de las transformaciones sociales que se pueden alcanzar con un gobierno donde participe el PSOE.

El Estado español está sufriendo una grave crisis económica que el crecimiento del último año no ha podido revertir. A la vez, la incapacidad de los partidos dinásticos para continuar repartiéndose el poder denota una profunda crisis política. El régimen, pero, aún continúa estable. El ejército, el aparato judicial y el policial continúan fuertes y no muestran grandes divisiones. Por lo tanto, hay que agudizar en la medida de lo posible la crisis política y esto, principalmente, significa luchar al máximo para generar un ambiente de agitación social que conecte con las necesidades básicas de millones de personas. Hay que apostar pues por una movilización social que dificulte lo más posible la victoria del PP y arrincone al máximo la gran coalición, PSOE-PP-C’s. Pero también una movilización que cuestione la formación de un gobierno a la Portuguesa con IU, Podemos y el PSOE.

La solución pasa por dejar claro que ahora es el momento de abrir el proceso constituyente que ponga en contradicción los fundamentos del sistema imperante, injusto e irracional. Durante años la izquierda anticapitalista luchó para hacer llegar a la sociedad la idea de otro mundo era posible, y justo cuando se empieza a erosionar el discurso oficial sería un error de proporciones históricas apostar todo a la batalla electoral. He aquí la importancia de las movilizaciones del 15M-GlobalDebout y las Marchas de la Dignidad del 28M.

Tras el 26J la crisis económica continuará aquí y los draconianos programas de austeridad de la UE también. Si no somos capaces de explicar esto y no planteamos alternativas claras, basadas en no pagar la deuda, repartir los trabajos y la riqueza y la nacionalización y puesta bajo control democrático de la gente trabajadora de los sectores estratégicos, tal vez se ganan las elecciones pero seguramente perderemos la lucha que vendrá después.

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