Agenda anticapitalista

Centenario del genocidio armenio

17/05/2015

Ron Margulies

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La última portada del periódico hermano de En Lucha en Turquía apoya los derechos de la minoría armenia contra al gobierno turco.

Los intentos del presidente turco de desviar la atención del centenario de la masacre de cerca de un millón de armenios han fracasado. Ron Margulies recuerda el genocidio y cómo se está destapando poco a poco.

La victoria turca en Galípoli se celebra todos los años en su aniversario, el 18 de marzo. No porque dejara en ridículo a Winston Churchill, sobre quien los turcos saben y se preocupan muy poco, sino porque lanzó la carrera de Mustafa Kemal Atatürk como gran héroe y “constructor de la nación” de la Turquía moderna.

Este año el uso de la historia para los intereses del nacionalismo y la política actuales dio un giro nuevo y particularmente repugnante. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan anunció a principios de enero que las celebraciones del centenario tendrían lugar el 24 de abril. Extraño, podéis pensar. ¿Se había confundido de fecha? ¿Estaba usando un calendario incorrecto? No, trata de desviar la atención de otro centenario, como un niño que cierra los ojos y piensa que nadie puede verlo.

El 24 de abril de 1915, unas 250 figuras que lideraban la comunidad armenia en Estambul fueron cercadas y asesinadas en lo que se considera el comienzo del genocidio armenio. Terminó con un millón y medio de personas muertas, y una cultura antigua completamente destruida en su tierra de origen.

El genocidio no estuvo motivado por cuestiones de superioridad racial o limpieza étnica, sino por el intento de prevenir la ruptura del Imperio Otomano ante los movimientos nacionalistas emergentes. El imperio ya había perdido todas sus provincias balcánicas, y se estaba despertando el nacionalismo árabe en sus provincias de Oriente Medio.

Los emocionantes días de la Revolución de los Jóvenes Turcos de 1908 con sus eslóganes de “Libertad, Igualdad, Fraternidad” habían pasado. El otomanismo, con su objetivo de unir a todos los grupos étnicos y nacionales del imperio como ciudadanos iguales, hacía tiempo que había muerto, y había sido sustituido por el nacionalismo turco. En 1915 los armenios eran el mayor grupo no turco y no musulmán que existía dentro de las fronteras del imperio, y se les veía como una amenaza, como después ocurriría con los kurdos.

Los armenios vivían por todo el imperio. No hay cifras claras del total de la población armenia ni del número que perecieron. Un cuaderno conservado por Talat Pasha, uno del triunvirato que lideró la Revolución de los Jóvenes Turcos y Ministro del Interior en aquel momento, indica que había un millón doscientos cincuenta mil armenios en 1915, de los cuales quedaron doscientos cincuenta mil un año después. Después del cerco en Estambul, el Gobierno aprobó una Ley de Deportación, otorgándose la autoridad para deportar a personas que considerara una amenaza para la seguridad nacional.

Talat dio órdenes a los gobernadores de las provincias y a los sombríos miembros de la Organización Especial (fundada bajo control militar y formada en gran parte por criminales liberados de prisión específicamente para este fin) de cercar a la población armenia y obligarlos a marchar a la ciudad siria de Deir el-Zor y al desierto de alrededor.

Cientos de miles murieron en las marchas forzadas. Fueron asesinados por sus escoltas y arrojados a fosas comunes. Fueron atacados por bandoleros y gente de la zona. Murieron de hambre y enfermedad. Los que llegaron al inhóspito desierto de Deir-el-Zor, entonces parte de la provincia otomana, fallecieron allí en condiciones inhumanas.

Las casas, lugares de trabajo, tierras y otras riquezas dejadas atrás por los deportados fueron confiscadas por el gobierno y los notables locales. Se aprobaron leyes sobre cómo distribuir estas riquezas. Claramente, no se esperaba que ningún armenio fuera a regresar. De hecho, no fueron “deportados”. Fueron intencionadamente y sistemáticamente condenados a muerte.

Todos los gobiernos turcos desde que el imperio dejó paso a la república en 1923 han negado el genocidio. La negación ha ido desde “Nada ocurrió” hasta “Estas cosas ocurren en la guerra”. Durante muchas décadas el silencio fue absoluto, y parecía que Hitler tenía razón; se dice que cuando le dijeron que podía que hubiera que pagar un precio en el futuro por lo que se le estaba haciendo a los judíos, Hitler contestó: “¿Quién habla todavía hoy sobre el exterminio de los armenios?”

Actualmente, dado que todo el mundo fuera de Turquía sabe y reconoce la verdad, y negarlo completamente parece estúpido, la línea oficial tiende a ser admitir que muchos armenios murieron, pero cuestionar las cifras y decir que murió gente de los dos bandos en las luchas entre armenios y turcos. El tabú de incluso referirse al genocidio ya se ha roto. Ha habido una lucha dentro de Turquía durante algunos años para obtener un reconocimiento oficial y una disculpa por el genocidio armenio.

Comenzó con una petición firmada por más de 30.000 personas pidiendo una disculpa personal y demandando al gobierno que hiciera lo mismo. Después, el 24 de abril de hace cinco años y de cada año desde entonces, un acto en recuerdo de las víctimas del genocidio tiene lugar en la plaza principal de Estambul, con miles de personas. Este año, en el centenario, se celebraron muchos actos en este día, incluyendo una conferencia, visitas de delegaciones internacionales de armenios y una visita a Yerevan, la capital de Armenia. El intento de Erdogan de distraer la atención de todo esto trayendo Galípoli al primer plano no parece haber tenido mucho éxito, ni en Turquía ni en el extranjero.

Ron Margulies es militante de DSIP, partido hermano de En Lucha en Turquía.

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