Agenda anticapitalista

Cambio o Recambio: Podemos ante el debate de investidura

27/01/2016

Sam Robson

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“Por desgracia, el PSOE se ha revelado como uno de los partidos de la casta” dijo Pablo Iglesias el 26 de Mayo 2014. El día después dejó las cosas igual de claro, afirmando que “el PSOE ha demostrado con sus políticas, que forma parte del problema, que sus diferencias respecto al PP son diferencias de matiz”. Visto el contexto actual en que Podemos se hay colocado de forma tan audaz en el centro de las negociaciones pos-electorales proponiendo un gobierno compartido con el mismo PSOE, merece la pena algo de análisis.

Hay quien opina que es una iniciativa que se debe coger con pinzas, ya que ni la cúpula de Podemos contempla en serio un pacto con el PSOE ni el PSOE va a querer pactar con Podemos. Según este discurso, la propuesta de pacto tan atrevida busca, por un lado, agudizar la división interna dentro del PSOE y así debilitar el partido más ante unas posibles nuevas elecciones. Por otro, el PSOE, al rechazar la oferta, sería el responsable de provocar estas elecciones por su negativa a llegar a un acuerdo “por el cambio”. Y todo esto es posible. Si algo ha demostrado Pablo Iglesias es su dominio de lo teatral, su habilidad para llevar las batallas a su terreno. Es cierto que, aunque la insistencia en el referéndum de auto-determinación de Catalunya se ha dejado un poco a lado, que las condiciones que exige Podemos para llegar a un acuerdo serían difíciles de asumir desde un PSOE totalmente comprometido con el neoliberalismo.

Pero aunque fuera así, desde la óptica de la izquierda transformadora deberíamos cuestionar este tipo de jugadas puramente electoralistas, más propio de los partidos tradicionales, que por supuesto no cuentan para nada con la opinión de las bases de Podemos. Sin preguntar cómo afecta la credibilidad de Podemos, proponer gobernar con el PSOE días después de insistir que haría falta que el partido diera un giro de 180º como requisito para emprender negociaciones con él – cosa que evidentemente no ha hecho. A fin de cuentas, aunque ésta sea una maniobra de las más inteligentes en el terreno del tacticismo electoralista, la gran mayoría de la gente la aceptará como una propuesta seria, y como tal conlleva problemas importantes de fondo.

En el contexto actual y partiendo de la ventaja que nos aporta haber visto la experiencia de Syriza, tenemos claro que sin enfrentarse frontalmente a las exigencias de la Troika, cualquier gobierno se queda sin margen de maniobra, se asfixia. Por mucho que intente hacerlo de forma más sensible o humanitaria, acaba repartiendo la miseria. Si Syriza no estaba dispuesta a dar ese paso, el PSOE mil veces menos; y en eso sí que no hay diferencias entre uno y otro sector. Por tanto, entrar en gobierno con el PSOE supondría implicarse en un gobierno destinado a decepcionar y a fracasar de antemano. La historia nos ha regalado unos cuantos ejemplos similares que nos permiten evitar tropezar con la misma piedra – desde los menos esperados como la tragedia de Rifondazione Comunista en Italia en 2006 hasta los más previsibles como el de Izquierda Unida con el PSOE en Andalucía.

Quizá en el fondo sea una cuestión de qué significa el cambio, palabra usado a menudo por Pablo Iglesias y varias veces durante su discurso en el que propuso este pacto. Ahora, el PSOE y Pedro Sanchez serían parte de este cambio simplemente por representar un cambio de gobierno – es decir, por no ser el PP. Pero en sus orígenes – y de hecho hasta hace muy poco – desde todos los niveles de Podemos denunciábamos ese tipo de cambio como algo puramente cosmético que permitiría mantener la misma política que antes. Ahora, la propuesta de Pablo Iglesias intenta vender ese recambio como si fuera cambio real. Según el discurso del propio Podemos un cambio real supone mucho más que un cambio de personal en Moncloa y el congreso. Se hablaba de una ruptura con el régimen de 78 y procesos constituyentes, y lo que hay en este momento encima de la mesa está muy lejos de eso.

¿Qué hacemos entonces? Viene la pregunta. ¿Dejamos que siga allí el PP? Es una pregunta legítima ya que evidentemente eso tampoco supone un cambio. Lo que se puede hacer perfectamente es, a cambio de unas garantías y compromisos respecto a un programa de emergencia social, permitir la investidura de Pedro Sanchez para echar al tan odiado PP, pero sin entrar en gobierno y así mantener total independencia política.

Pero para responder a la pregunta de forma completa, hay que evitar caer en un pozo electoralista. Tenemos que tener en mente los sentimientos del mismo Pablo Iglesias en su “minuto de oro” – que no olvidemos el 15M, las mareas, la gente que para desahucios… Porque un cambio real, aunque tengamos las mejores personas posibles en la institución, no se consigue sin movimientos desde abajo fuertes e independientes, desde la calle y los lugares de trabajo. Gobierne quien gobierne, las propuestas más transformadoras de Podemos lograrían un verdadero impacto en apoyarse sobre grandes movilizaciones populares capaces de imponerse ante un gobierno frágil. Gobierne quien gobierne, las propuestas capaces de romper los cimientos del sistema solo vendrán de movimientos y espacios de auto-organización popular al margen de las presiones posibilistas de la representatividad institucional.

Sam Robson es militante de En lucha y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Alcorcón

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