Agenda anticapitalista

Bernie Sanders, ¿un nuevo discurso para el viejo imperialismo?

04/03/2016

Sam Robson

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“Lo que comenzó la semana pasada en Iowa, lo que los votantes han confirmado aquí esta noche, es nada menos que el comienzo de una revolución política. Se trata de una revolución política que va a juntar a decenas de millones de nuestra gente. Juntos, hemos enviado el mensaje que llegará a todas partes, desde Wall Street a Washington, desde Maine a California. Y es que el gobierno de nuestro gran país pertenece a todas las personas y no sólo un puñado de ricos que financian las campañas
electorales”.

Así hablo Bernie Sanders en New Hampshire Hace unas Semanas. CNN vio las cosas de una  manera similar; “En menos de un año, Sanders ha convertido una búsqueda desesperada en una  seria amenaza para la capacidad de Clinton de ganar las elecciones del partido Demócrata y ya ha igualado sus posibilidades” Una señal del entusiasmo que despierta Sanders ha sido la participación record en lasurnas. Y el apoyo a Sanders también supera el alza de Barack Obama en 2008.

Presentándose como socialista, como el candidato del “99 por ciento frente al 1 por ciento”, Sanders representa el cambio. Apoya un salario mínimo de 15$ por hora, una mayor regulación de  los bancos y las restricciones a su tamaño, quiere acción urgente sobre el cambio climático y un  alejamiento de los combustibles fósiles. Reivindica la matrícula gratuita para los estudiantes en las  universidades y colegios de titularidad pública, y la reducción el número de personas en prisión.

El apoyo a Sanders refleja una profunda amargura en la sociedad estadounidense, que se ha  manifestado en varias formas en los últimos años. En 2011 hubo huelgas y ocupaciones en  Wisconsin contra el asalto del gobernador del estado a los sindicatos del sector público. El mismo año que el movimiento Occupy, que forma parte de una ola de protestas globales contra las élites. Salarios de las personas currantes estadounidenses han caído, en promedio, un 6,5 por ciento desde 2007.Mientras las 20 personas más ricas de los EE.UU. poseen más riqueza que la mitad inferior de la población estadounidense – en total unas 152 millones de personas.

Las 400 personas más ricas tienen tanto como toda la población afroamericana y un tercio de la comunidad latina juntas. Esto ayuda a explicar por qué más de 400.000 personas en los EE.UU. han ido a escuchar a Sanders en sus mítines, animadas por su llamada a la “revolución política”. Las búsquedas en la web para “socialismo” se disparan después de que aparezca en los debates televisivos. El público se electrificó en un reciente debate cuando atacó a Clinton por cobrar 400.000 dólares en honorarios para hablar en Goldman Sachs, el banco multinacional.

Pero las elecciones en Estados Unidos están siempre saturadas con el dinero y el poder de la gente  rica. Los multimillonarios hermanos Koch se han comprometido a poner más de 800.000.000 dólares  para la elección de un presidente Republicano. El pasado agosto convocaron a cinco candidatos  presidenciales Republicanos y les dijeron que competiesen por la financiación. Clinton espera  amasar nada hasta 3 mil millones de dólares para su campaña, mientras actual presidente Barack  Obama superó los mil millones de dólares en su campaña de 2012. En contraste la campaña de  Sanders se basa en los pocos millones aportados por alrededor de un millón de personas, cada una  dando de media 25 dólares.

Incluso si Sanders fuera capaz de superar esta barrera y ganar, su política no siempre es tan  radical como parece. No se opone a toda guerra imperialista. Él ha dicho: “Como presidente,  defenderé esta nación, su gente, y los intereses estratégicos vitales de Estados Unidos, pero hay que  buscar soluciones diplomáticas antes de recurrir a la acción militar.” Sanders se opuso a la guerra en  Irak en 2003, pero ha respaldado otras intervenciones brutales de los Estados Unidos. Votó a favor  de la resolución que se utilizó para lanzar la invasión de Afganistán. Se compromete a continuar las  misiones con aviones no tripulados, que han demostrado ser tan letales contra civiles como las demás, lo cual ha conmocionado a muchos de sus seguidores. Sanders también votó para apoyar el bombardeo y la  invasión de Gaza por parte de Israel en 2014. Y aunque es cierto que ha restado importancia a esta  política durante la campaña presidencial subrayando que legalizaría a millones de trabajadores  indocumentados en los EE.UU., durante su larga carrera política Sanders con frecuencia ha sugerido  que los salarios de las personas inmigrantes bajan el resto de salarios y que  sólo la gente rica  apoya menos leyes de inmigración.

Pero más allá de Sanders mismo, tenemos que tener en cuenta la naturaleza del Partido Demócrata,  que a menudo es visto como más del lado de la clase trabajadora que los Republicanos. Sin  embargo, siempre ha sido uno de los principales partidos del capitalismo estadounidense y recibe la  mayor parte de su dinero de los grandes negocios. El presidente Demócrata Harry Truman ordenó el  lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra  Mundial. Más tarde lideró los EE.UU. en la Guerra Fría y la Guerra de Corea. El presidente Demócrata John F Kennedy trató de invadir Cuba, invadió la República Dominicana y comenzó la  guerra de Vietnam. Bill Clinton arrasó los programas de asistencia social, sentó las bases para el  encarcelamiento masivo e invadió Somalia. Barack Obama, elegido en una ola de esperanza hace  ocho años, ha continuado y ampliado las guerras en el extranjero y lealmente servido a la clase  dirigente.

A menudo, muchos de los mismos millonarios y multinacionales que financian a los Republicanos,  también financian a los Demócratas. Realmente, el pueblo estadounidense necesita un partido  nuevo, a la izquierda. Cuanto más cuando se tiene en cuenta que los Demócratas han absorbido y  desarmado una y otra vez a movimientos que podrían haberse desarrollado en una alternativa  poderosa en repetidas ocasiones. Los movimientos de los derechos civiles de la gente negra, contra  la guerra en Vietnam y los movimientos de la clase trabajadora de la década de 1960 fueron  canalizados en el Partido Demócrata.

Todo esto significa que incluso si Sanders ganara, cambiando lo que quiere cambiar supondría sufrir  una gran presión en la dirección opuesta. Frente esta realidad, Sanders ha dicho repetidamente que  aceptaría cualquier persona que las primarias Demócratas elijan. Es decir que está dispuesto a  dirigir todo el entusiasmo, la energía y la sed de cambio en un partido que representa el 1 por  ciento. Este es su mayor defecto.

Pero quizá es lo realmente importante no es tanto la campaña electoral en sí, sino que la vieja  política está bajo extrema tensión y millones de personas están buscando una alternativa. En este  contexto, la ilusión sembrada por Bernie Sanders podría servir como un catalizador importante,  uniendo estas millones de personas y abriendo sus ojos a la posibilidad de efectuar un cambio real.
De gran importancia será la capacidad de tal movimiento de a abrirse a otros sectores más allá del  Partido demócrata, de ejercer la independencia necesaria para presionar y criticar además de apoyar,  y de extender su visión más allá de las elecciones en noviembre.

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