Agenda anticapitalista

Algunas claves para entender el rechazo a FEMEN

28/02/2014

Lucía Muñoz

femen

Uno de los motivos por los que se recela del controvertido movimiento FEMEN es su “aquí mando yo”: Existe una falta de democracia y transparencia interna, que ha sido criticada fuertemente por algunas de sus ex-miembros, como el reciente caso de la “Femen arrepentida”, que prefiere mantenerse en el anonimato, pero que en breve lanzará un libro en el que explicará su turbulenta relación con la organización. FEMEN es un movimiento vertical, en el que el individuo se pierde en pos de la secta. Es decir, que vas para liberar a la mujer y te acaba oprimiendo la propia organización. En páginas como “Exit FEMEN” podemos leer testimonios de activistas que consiguieron salir y contar el pequeño horror dictatorial que suponía pertenecer (casi literalmente) a una célula de FEMEN. Si el feminismo busca la emancipación y la libertad de las mujeres, esclavizarlas anulando su personalidad, parece cualquier cosa menos feminista.

Está muy bien utilizar el cuerpo para reivindicar, no creo que a nadie nos sorprenda ya a estas alturas ver un par de tetas. Pero si se quiere lograr un efecto chocante ha de tratarse de cuerpos variados, en cuanto a edad, tamaño forma, etnia, etc. Estamos acostumbradas a la belleza heteronormativa occidental, un cuerpo 10 no provoca ninguna reacción. Nos quedamos en las meras tetas bonitas porque sí. La desnudez, si además es hermosa a la manera tradicional, ya no provoca shock, es un recurso muy manido. Y cabe la sospecha, de la que se habla mucho, de que los castings para entrar en FEMEN sean rigurosos en este aspecto, ya que es prácticamente imposible ver una FEMEN que no sea un cañón de tía. Ellas se defienden diciendo que hay de todo en el movimiento pero qué casualidad que nunca conseguimos ver bellezas (o fealdades, ¡reivindiquemos la fealdad!) no heteronormativas en sus protestas.

Supongo que siendo anticapitalistas, estaremos de acuerdo en que la emancipación de cualquier grupo oprimido, en este caso las mujeres, debe partir de ellas mismas. Solo nosotras podemos ser el sujeto de nuestra propia lucha y comprender las particularidades de nuestra opresión por vivirlas en primera persona. Las chicas de FEMEN, por el contrario, ansían ser vanguardia, dedicándose a liberar a las pobres musulmanas, con una actitud tremendamente paternalista y colonialista, por no decir racista, y también a otras mujeres que no han pedido ser liberadas, que tienen voz propia que parece que nadie quiere escuchar, como son las trabajadoras sexuales, y a las que estas activistas tan sumamente comprometidas con la libertad de la mujer quieren imponer su moral. Esta actitud salvadora es más una excusa para practicar actitudes islamófobas, etnocentristas y en contra de la libertad de elección de las mujeres. Mientras sostienen que el aborto es sagrado, le niegan a las mujeres la potestad de decidir si quieren ganar dinero con el sexo, o si quieren llevar velo, tratando a sus semejantes como a menores de edad, tontas sin voz ni voto engañadas por el patriarcado como si fueran niñas incapaces de formarse una opinión propia o tomar decisiones por sí mismas.

FEMEN arrasa con todo a su paso, invisibilizando otras luchas feministas: capta la atención de los medios en grado sumo, ofrece todo el espectáculo desideologizado que los mass media necesitan, pareciendo de este modo y ante la opinión general que son las únicas activistas feministas que llevan a cabo acciones potentes en la actualidad. Aunque su puesta en escena y su parafernalia pueda hacer creer que se trata de auténticas radicales, e incluso estando de acuerdo con sus formas (irrumpir en el congreso o lanzarle a monseñor Rouco unas bragas reglosas, cosa que a todas nos llena de gozo contemplar), su discurso resulta bastante vacío y meramente reformista, por eso generan tanto rechazo en el feminismo combativo y de clase (por no hablar directamente de lo bien que se lleva Inna Shevchenko, la líder suprema del movimiento, y otras de sus compañeras, con los nazis ucranianos).

Desgraciadamente FEMEN se ha convertido en el referente del feminismo “fresco y joven”, en las heroínas y la sangre nueva para todo ese feminismo institucional tan cómodo, escasamente combativo y completamente amoldado al sistema. Sus protestas resultan, de eso no cabe duda, visualmente potentes y llamativas, pero no dejan huella más allá del material que proporcionan para hacer chistes sobre la Iglesia en El Jueves. En definitiva, y por desgracia, cuando FEMEN señala que el aborto es sagrado, el tonto mira la teta.

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