Agenda anticapitalista

26J: Por un cambio desde la lucha social

11/06/2016

En Lucha

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El próximo 26 de junio se celebrará la “repetición” de las elecciones. Como si fueran un molesto trámite, estos meses se han lanzado no pocos mensajes sobre el fracaso que supone el no tener ya un gobierno. Y lo cierto es que estas nuevas elecciones, consecuencia de los resultados del 20D, reflejan la crisis de un régimen incapaz de unir a “sus” fuerzas políticas en la famosa gran coalición.
A pesar de todo, parece claro que el PSOE se verá esta vez forzado a apoyar esa coalición en cualquiera de sus formas, aun con el desgaste que ello implicaría.

Por su parte, Unidas Podemos, por un lado puede conseguir ilusionar a buena parte del electorado gracias a la tan esperada “unidad de la izquierda”, superar al PSOE e incluso llegar a disputarle al PP ser el partido más votado. Por otro lado, ha continuado renunciando a los aspectos más transformadores, no sólo de su programa, sino de su discurso. El ejemplo más evidente es su acercamiento al PSOE para formar gobierno. Aquellos que hasta hace poco eran parte de la casta, son ahora un partido fiable para impulsar un “gobierno de cambio”. Si tras el 20D, la oferta de gobierno al PSOE parecía para algunos sectores una maniobra electoralista más que una apuesta
real, hoy queda claro que se ha instalado el discurso de que el PSOE será un aliado necesario. Un PSOE que lleva toda su historia reciente comprometido con el neoliberalismo sin fisuras, más que un aliado sería una carga que arrastraría cualquier programa hacia la derecha. Este “recambio” es precisamente lo opuesto a lo que venía defendiendo Podemos en sus inicios.

Queda claro que vivimos un momento en el que domina la apuesta por la vía institucional para conseguir mejoras sociales. Esto se refuerza con las victorias en los Ayuntamientos del cambio y las buenas perspectivas electorales de Unidas Podemos. Sin embargo, las movilizaciones continúan. El ejemplo de Nuit Debout y la huelga general en Francia, las marchas de la dignidad, luchas a nivel local como el Banc Expropiat en Barcelona, etc; muestran que hay sectores que siguen pendientes y apuestan por la lucha desde abajo y en las calles como motor verdadero de un cambio real.

El voto por UP o, en algunas circunscripciones, por otras candidaturas más rupturistas como EH-Bildu, es un apoyo al cambio, sin duda. Pero el apoyo electoral a unas políticas que vayan mínimamente en contra de los intereses del capital es un apoyo muy poco sólido. Ya estamos viendo que aún antes de ser capaces de ganar unas elecciones o entrar en el gobierno, sin la presión de las movilizaciones sociales, el discurso y el programa cada vez renuncian a más elementos sociales, transformadores y antiimperialistas, contrarios a los intereses de los grandes poderes internacionales. Y más claro aun, vemos en Grecia cómo sin una oposición firme y desobediencia a la UE y a la troika, cualquier esperanza se queda en papel mojado y decepción.
Por ello es una lástima que, siendo el proyecto que más claramente representa la ruptura en Catalunya, de nuevo la CUP haya decidido no presentarse a estos comicios.

Por lo tanto, es necesario tanto movilizar y luchar en las calles, como apostar por la construcción de un referente político que participe e impulse estas luchas, a la vez que defiende un programa de ruptura real con el régimen del 78, la austeridad y las políticas antisociales de la UE. Una alternativa que señale el camino de la autodeterminación de los pueblos y los procesos constituyentes desde abajo como la única forma de construir instituciones al servicio de la gente trabajadora. Un proyecto que contraponga la solidaridad entre los pueblos y las personas, la solidaridad incondicional con las personas refugiadas, a la política racista, islamófoba e imperialista de los estados occidentales y de la OTAN. Ni Podemos ni Izquierda Unida, globalmente, han cumplido este papel. Pese a que muchos de sus militantes y votantes participan en luchas como las PAHs, las marchas de la diginidad u otros movimientos sociales, no hay una apuesta de organizar la actividad y recursos de estos partidos para construir luchas.

Sean cuales sean los resultados de las elecciones y el futuro gobierno que se forme, con Podemos e IU en el gobierno o en la oposición, la apuesta desde ya tiene que ser reforzar el activismo y los movimientos sociales. Ya hemos visto a la UE exigir nuevos recortes y a la patronal ahondar todavía más en la reforma laboral. La crisis económica y sus peores efectos continuarán tras el 26J. Son ataques que no podrán ser detenidos sólo desde las instituciones. Las huelgas en Francia nos están mostrando cómo poner contra las cuerdas a un gobierno que continúa legislando contra la clase trabajadora. Hay que construir un discurso y prácticas alternativas no sólo a la austeridad, la corrupción, los recortes, las políticas machistas y la destrucción del territorio, sino también alternativas al “mal menor posible”. Esto pasa por generar confianza y empoderamiento popular mediante las luchas sociales. Sólo así se podrá construir una alternativa real que cuestione la UE y el euro, basada en no pagar la deuda, repartir el trabajo y la riqueza, y poner bajo control democrático sectores estratégicos de la economía. Sólo así podremos empezar a construir una salida a la crisis para la clase trabajadora, y no para el 1%.

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