Agenda anticapitalista

#22M: Un tren en marcha

26/03/2014

Oscar Simón

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La manifestación del 22M en Madrid fue un ejemplo de unidad y diversidad / Neus Solà

Nueve columnas, unos 1.000 autobuses, dos trenes y 2.500.000 personas inundamos Madrid. Alguien dirá que no es cierto que fuimos tal número, igual no, pero la marea humana del 22M tuvo un tamaño superlativo de la misma magnitud que manifestaciones históricas como la del 15 de febrero de 2003. Y mucho mayor que convocatorias de la derecha, de las que los medios oficiales han dicho que había 1.000.000 de personas. El poso dejado por el #15M no puede ser menospreciado como un factor fundamental del éxito.

Sí se puede

La masividad de la convocatoria refleja en primer lugar que existen posibilidades de movilizar, allí donde se ha apostado a fondo, ha sido un éxito. Los 700 autobuses de Andalucía son un reflejo. Es decir a pesar de siete años de crisis y recortes existe una porción nada despreciable de la clase trabajadora, en sentido amplio, dispuesta a luchar. Todo ello con el silencio de los medios de comunicación de masas y la pasividad/desmovilización del PSOE y las direcciones de CCOO y UGT.

Razones para el éxito: unidad y radicalidad

La existencia de una situación social durísima no es sinónimo de movilizaciones exitosas. Las proporciones adquiridas por las marchas respecto a las convocatorias posteriores al 15M se deben en mi opinión a dos factores claves.

Unidad. El proceso de las marchas ha tenido un cocinado a fuego lento. El SAT lanzó la propuesta el verano de 2013 y no fue hasta otoño de ese mismo año que la maquinaria de organización se puso en marcha. El manifiesto acordado colectivamente y queriendo reflejar el máximo de sensibilidades ha permitido el encuadramiento de la práctica totalidad de la izquierda sindical y de muchos colectivos y movimientos sociales, así como de la izquierda revolucionaria. Además el enfoque de la cuestión nacional alrededor del derecho de autodeterminación junto a la estructura territorial de participación han facilitado en gran medida el trabajo unitario.

Radicalidad. La estrategia unitaria no se ha basado en rebajar discurso sino en dar la bienvenida a todo aquella persona que quisiera luchar. En estos momentos pedir la dimisión del gobierno, pan, trabajo y vivienda, así como el no pago de la deuda, ligado a la defensa de los servicio públicos y la soberanía de los pueblos para decidir su futuro, son demandas inasumibles para el régimen y que requerirían de la ruptura del statu quo actual para llevarse adelante. Además estas reivindicaciones se encuentran profundamente enraizadas en el sentido común (mejor llamarle buen sentido) de millones de personas

Unas marchas muy obreras

En la movilización del 22M junto a la consigna “Sí se puede”, el grito más coreado fue “viva la lucha de la clase obrera”. El hecho de que la Marcha defendiera reivindicaciones laborales y económicas, la presencia de muchas secciones sindicales y empresas en conflicto, así como de las mareas públicas (el #15M de los servicios públicos) son un reflejo de eso. Pero su vez, las marchas han aglutinado a la clase trabajadora entendida en sentido amplio: desde decenas de miles de jóvenes, pasando por personas migradas, personas jubiladas o mujeres feministas. Las consignas en favor del aborto, por la república, a favor de las personas migradas, los aplausos a las intervenciones desdel escenario que utilizaron el catalán, el gallego o el vasco dejan claro que la lucha de la clase obrera no queda circunscrita a la lucha económica de la misma.

Continuidad: mantener y agrandar la unidad, proponer para vencer

Después del éxito mayúsculo todo el mundo se plantea la continuidad. Para llegar a este punto se ha requerido tiempo y generosidad. Estos dos aspectos van a ser claves. Tiempo para que las organizaciones y colectivos puedan discutir las diferentes propuestas y generosidad para generar un espacio de reivindicación y actuación cómodo para la mayoría. No se puede olvidar que los pilares básicos de la marcha han sido organizaciones del sindicalismo alternativo y las asambleas locales de la PAH. Con el éxito, y de manera muy positiva, las asambleas territoriales y locales van a crecer en diversidad, a la vez que van a requerir mayor generosidad, de manera que estas fuerzas y los nuevos sectores puedan llegar a acuerdos sólidos.

En cuanto a las propuestas, estas deben ser sopesadas teniendo en cuenta dos factores. El riesgo del conservadurismo y el riesgo del vanguardismo. Hemos sido capaces de convocar una de las manifestaciones más masivas de la historia articulada en torno al trabajo local, hecho de abajo arriba. Por lo tanto es necesario seguir siendo audaces y pensar los próximos escenarios de movilización, en los que la construcción de una huelga general social debería aparecer. Pongo el énfasis en construir. Las marchas no se han convocado, se han construido. Para plantearnos la huelga debemos perseverar, evitando el vanguardismo y las convocatorias basadas en el voluntarismo, a la vez que evitamos también el sectarismo, pensando en como articular una mayor unidad capaz de atraer a secciones sindicales de CCOO y UGT a la lucha (algunas de ellas ya participaron en las movilizaciones del 22M de manera independiente).

Sobre la represión

Tanto el dispositivo policial como su actuación cargando contra la cabecera de la manifestación antes de esta acabara, dejan claro que las marchas han golpeado al PP. La manipulación posterior sobre la resistencia ejercida legítimamente por las personas que se manifestaban reafirma el argumento anterior.

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