Agenda anticapitalista

20D: El fin del bipartidismo, una nueva oportunidad para las luchas

21/12/2015

En lucha

podemos20

Los resultados de las elecciones generales han supuesto un duro golpe al bipartidismo, un firme castigo a las políticas de recortes neoliberales y a la corrupción. El PP ha resultado primera fuerza, pero perdiendo más de 3,6 millones votos respecto a las últimas elecciones, y el PSOE segunda, aunque con cerca de 1,5 millones votos menos, y ello pesar del importante incremento en la participación, de alrededor de 800.000. Entre los dos apenas superan el 50%, situación insólita desde la consolidación del régimen del 78 en que nunca habían bajado del 60% de sufragios y venían de lograr un 73% de estos en las pasadas elecciones de 2011.

Ni siquiera la irrupción de Ciudadanos con más de 3,5 millones votos, un 14%, ha bastado para apuntalar el régimen. La fuerte inversión y apoyo mediático recibido por Albert Rivera puede considerarse una operación fracasada al no haber logrado una mayoría suficiente para constituir gobierno con el PP ni siquiera recuperar los votos perdidos por el PP.

Sin duda, el gran triunfador de estas elecciones es Podemos, que en tan solo un año y medio después de su nacimiento entra como tercera fuerza en el Parlamento obteniendo 5,2 millones de votos. Ese hecho se explica por varios motivos, como la movilización de voto en el último momento contra la victoria del PP o la campaña bien trabajada y medida del equipo de Podemos. Sin embargo, hay también motivos políticos que explican su triunfo, como su oposición a la guerra, su política de alianzas territoriales y su apuesta clara por el derecho de autodeterminación de Catalunya que han recogido los anhelos de los pueblos oprimidos y cierto viraje hacia la izquierda en su retorica. Por otro lado, la presión por el voto útil en clave progresista hacia Podemos ha anulado el proyecto de recomposición de IU, Unidad Popular.

En un sentido general las elecciones reflejan un cambio de conciencia hacia la izquierda. El voto global de las izquierdas (incluyendo el PSOE), unos 9,5 millones de votos en 2011, en estos comicios han superado los 12 millones. Y el voto a la izquierda del PSOE se triplica, llegando aproximadamente a 7 millones.

Una crisis política que no se termina
En una situación que venía de un profundo cuestionamiento al statu quo, los ejes de la campaña no se han centrado en torno a cuestiones esenciales para el sistema. Esto ha facilitado que no se hayan visto muy expuestas algunas contradicciones de la propuesta de Podemos, que, entre otras cosas, no cuestiona la pertenencia a la OTAN, el papel de los mercados y monopolios o la injusta distribución de la tierra. La moderación en sus compromisos políticos, unida a la imposición de estructuras internas jerárquicas y poco participativas, aleja bastante a Podemos de la promesa de cambio radical que podía representar a principios de 2014. A esto se le suma la experiencia de Syriza en Grecia, que ha demostrado brutalmente los límites de una estrategia de cambio desde las instituciones; limitaciones ya aceptadas como insuperables por parte del grupo dirigente de Podemos.

Pero el voto de Podemos y UP sí recoge una presión real a favor de políticas redistributivas y en oposición a los recortes de derechos sociales y laborales. También el proceso independentista de Catalunya se mantiene en primer plano como una cuestión no resuelta, ya que el apoyo a la autodeterminación y la independencia suman entre los dos un 82% del voto catalán. La negociación de pactos postelectorales se presenta complicada y es esta presión social la que podría forzar al PSOE a salir por la izquierda de la encrucijada en la que se encuentra, entre apoyar un gobierno de derechas o una izquierda que ya le hace demasiada sombra.

Existe el peligro real de una gran coalición PP, PSOE y Ciudadanos. La suma de Podemos y PSOE necesita de UP y de varios partidos de Catalunya o Euskadi. De ahí que la resolución de la cuestión nacional va a jugar un papel clave. Cualquier pacto de investidura que Podemos intente debe ser fiel al compromiso reflejado en la campaña sobre el derecho de autodeterminación. Las presiones para no hacerlo serán muy altas pero fallar a los millones de personas que han confiado en la palabra de Pablo Iglesias sería nefasto. De formarse un gobierno de izquierdas también deberá afrontar dos graves problemas: el nuevo paquete de austeridad que la UE ha pospuesto para ayudar a Rajoy a ganar las elecciones y la nueva recesión que al parecer viene para mitad de 2016. De nuevo tendremos que luchar para que los gobiernos de izquierdas no acaben rendidos a las presiones neoliberales como les pasó a Syriza en Grecia.

Así, el mantenimiento de la débil recuperación económica está supeditado a un escaso margen de maniobra que limita extraordinariamente el desarrollo de políticas progresivas, aunque hay terreno para la regeneración del sistema y el establecimiento de un nuevo pacto que otorgue un fuerte balón de oxigeno al Régimen. De la presión que ejerzamos desde abajo dependerá que avancemos hacia un escenario más rupturista.

Del optimismo a la acción

Durante esta campaña, la PAH ha demostrado como las calles pueden tener voz por encima de los mismos partidos. Los escraches que han realizado en actos del PSOE, PP y Ciudadanos han puesto en el debate político cuestiones concretas sobre política habitacional a favor de la mayoría, las llamadas 5 medidas de la PAH. Este solo es un ejemplo de que las luchas sociales, las mareas y luchas laborales son la palanca real del cambio.

El giro a la izquierda en las urnas muestra un gran optimismo por cambiar la situación. Las ilusiones puestas en las urnas son demandas concretas de medidas políticas favorables a las clases populares. Debemos ser capaces de traducir ese optimismo y esas demandas de mínimos en auto organización y movilización allí donde vivimos, estudiamos y trabajamos. Se vuelve a abrir la ventana de la esperanza, y es momento de que las calles vuelvan a tomar la iniciativa, marcando el ritmo del Parlamento y abriendo el camino a reformas de mayor calado que pongan en contradicción el mismo sistema.

El cepo de la Unión Europea (UE) del neoliberalismo, la insolidaridad y la guerra imperialista sigue oprimiendo a las clases populares de todos los pueblos europeos. El Régimen del 78, el sistema continuista con la dictadura franquista, sigue siendo un muro para las aspiraciones de los pueblos del Estado español y especialmente de la gente trabajadora. Solo la salida de la UE y el euro y el inicio de procesos constituyentes liderados por la gente trabajadora y no subordinados de los diferentes pueblos del Estado español hacia una Europa y un Mediterráneo diferentes, puede suponer una solución verdadera para la gente de abajo. Sigamos organizándonos en las calles y centros de trabajo para seguir conquistando derechos, y construyamos una izquierda anticapitalista coherente y comprometida con estas luchas, pues es así como crearemos el camino hacia el cambio real.

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