Agenda anticapitalista

1 de diciembre, día mundial de la lucha contra el SIDA

01/12/2015

Vicky Castillo

SIDA_1_diciembre
Como cada año, desde que se celebrara por primera vez en 1988, se conmemora el día internacional de la lucha contra el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).
No está de más que recordemos algunos de los puntos claves de lo que supone esta pandemia a día de hoy, y de lo que suponen las desigualdades sociales en el desarrollo de esta enfermedad.

Algunos datos
El sida como tal no es una enfermedad, sino que se trata de un síndrome, provocado por un virus, que provoca una destrucción progresiva del sistema inmunitario, lo cual produce la aparición en el paciente de enfermedades conocidas como oportunistas que no se presentarían en personas consideradas sanas. Este virus se transmite a través de la sangre, el semen, la leche materna y el fluido vaginal, por lo que sus vías de transmisión son principalmente: a través de relaciones sexuales, transmisión vertical de madre a hijo, por transfusión de sangre y por compartir agujas contaminadas.

El sida hace su aparición oficialmente a principios de los 80, cuando es dado a conocer por el CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE. UU.) al verse alertados por cinco extraños casos de neumonía. La mayoría de los pacientes diagnosticados al principio de esta enfermedad eran hombres homosexuales sexualmente activos, por lo que esta enfermedad fue conocida en sus inicios como Gay Related Inmuno Deficency o Inmunodeficiencia Relacionada con lo Gay. Fue en 1982 cuando se rebautizó el síndrome como síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

En aquella época el sida era conocido como el club de las cuatro haches, ya la mayoría de los casos se concentraban en homosexuales, hemofílicos, haitianos y prostitutas (hookers en inglés). Esta idea ayudó a reforzar la estigmatización de la enfermedad. Desde entonces, alrededor de 78 millones de personas en el mundo han contraído esta enfermedad, de las cuales, en torno a 39 millones han fallecido por esta causa. El sida es sin duda una de las mayores pandemias de la historia.

Sida y pobreza, una historia de desigualdad
Actualmente existen diversos tratamientos antirretrovirales, que si bien no curan la enfermedad, si retrasan en mucho sus fatales consecuencias. Actualmente se considera que el sida puede tratarse como una enfermedad crónica, ya que estos tratamientos han conseguido tanto alargar la vida de los pacientes, como mejorar su calidad de vida. Sin embargo, esto prácticamente es aplicable a los países desarrollados. Del los 35 millones de personas que en 2013 vivían con el sida, una gran mayoría se concentraba en el África subsahariana, con unos 24,7 millones de casos concentrados allí.

No nos debería extrañar que únicamente reciban tratamiento un 37% de los pacientes a nivel global. En esta parte del mundo sólo un 37% de los enfermos recibe tratamiento adecuado, y en países como Nigeria este porcentaje alcanza el 80% de los enfermos (datos del 2013, fuente: ONUSIDA).

Estos datos, no sólo suponen un drama para las personas que padecen el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, sino que tienen consecuencias catastróficas sobre las economías de los países pobres. En algunos países de África, el 50% de la población joven es portadora del VIH. A finales del 2003 la esperanza de vida en países como Botswana estaba en 40 años, y en Zimbabwe el 15% de los menores de 15 años eran huérfanos.

En palabras de la OMS “es probable que el impacto de la epidemia en la estructura demográfica y la esperanza de vida de la población adulta acarree cambios negativos a gran escala en las pautas de comportamiento económico y social. Además de la pérdida de ingresos y del desvío de éstos a gastos sanitarios, las familias recurren a diversas estrategias de «afrontamiento» que a la larga tienen efectos negativos, como la emigración, el trabajo infantil, la venta de bienes y el gasto de los ahorros. “
Las sociedades africanas pierden población en su edad más productiva y con mayores capacidades, al mismo tiempo que pierden conocimiento y la capacidad de transmitirlos ; “en África meridional y oriental se está viendo afectado el sector educativo, porque el número de profesores que se pierden supera al de los que se forman “ (fuente: Informe sobre la salud en el mundo 2004, OMS).

Causas
El desigual impacto de esta enfermedad en las distintas regiones no sólo se debe a factores culturales, que puede que hagan más fácil la difusión de información necesaria para prevenir el contagio.

También está relacionado con este desigual reparto del acceso a los tratamientos que paliarían la epidemia, especialmente en los países donde más se necesitarían.
Estos tratamientos suponen un precio de entre 10.000 y 15.000 dólares por persona y año, lo que hace inalcanzable el acceso a estos para la mayoría de los enfermos. En realidad este precio está más relacionado con las patentes de las poderosas farmacéuticas que con el coste real de producción, y ha sido gracias a la fabricación de medicamentos genéricos que se ha podido difundir el tratamiento a más pacientes.

En la industria de la salud, lo que realmente importa son los beneficios. El ejemplo más reciente lo tenemos con Martin Shkreli (propietario de la farmacéutica Turing), que este año fue capaz subir hasta un 5000% el precio de un medicamento fundamental para los pacientes de sida, el Daraprim, que llevaba disponible desde 1953.

Este tipo de abusos pone de manifiesto que es necesario un cambio de relaciones económicas, para que industrias no vuelvan a tener secuestrados a países enteros, pendientes de sus beneficios.

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